Tour de Foie (X): Lo que nosotros llamamos fricada, en otros sitios es amor por el ciclismo

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Thomas Voeckler coronó con un estrecho margen el precioso y desperdiciado Col de la Colombiere. Unas cuantas curvas más abajo dejó a su izquierda una enorme tricolor. Antes, pueblos engalanados, globos amarillos, flores, panaderos, cursa, nenes, madres,… chillando en la cuneta. Durante la subida no hay metro sin grito asomando a tu nuca. La gente de arropa, te impide ver la profundidad de la falla… 
El Tour es otro mundo en todos los sentidos. Un profesional lo aduje en términos de competencia y dureza. Una competición que exprime hasta el mínimo halo. Que no deja respiro, te sitúa en el disparadero si no estás al nivel esperado y luego te sabes machacado por tus rivales cuando pestañeas. Te hace perder los papeles. Miren si no las salidas de tiesto a las primeras de cambio de Bradley Wiggins. Qué no dirá en unos días cuando el cansancio le haga mella.

Pero el Tour es otra historia por lo que le rodea. No sólo por el resorte mediático, que obviamente también. Hablamos de lo que vemos en las carreteras y aledaños. Comentaba no sé cuándo Perico en sus tardes al sol que muchos corredores agradecían el silencio de su habitación tras el alborozo que les secundaba durante la ruta. Un momento de relax auditivo, pues el Tour tiene un estrecho pasillo de gente que cerca el paso de la caravana ciclista durante los 100, 200 o 250 kilómetros que dure la etapa. Eso no pasa en lugar alguno.
De forma paralela, y de eso pocos corredores no se percatan, la Francia profunda y social se moviliza para dar la bienvenida al Tour con las mejores de sus imágenes. Mosaicos enormes, grandes pancartas, espacios lacustres con bicicletas, personajes de todo pelaje montando engendros que simulan el ingenio ciclista,… todo está permitido para que, con la complicidad de la televisión, Francia exprese su amor por el Tour, como uno de sus símbolos de siempre, y se venda como sólo saben hacerlo ellos.
Cooperativas, asociaciones, individuales, fans,… todo tipo de personajes y entes se reúnen en torno a la ruta para dejar huella en quien mira la carrera. Ello en España lo tacharíamos de friquismo, yo, personalmente, le llamaría interés y cultura deportiva, centenariamente asentada, y amor por un deporte que no les sonríe desde hace más de dos décadas y que en tiempos muy, muy recientes les dan disgustos, como la detención de Rémy Di Gregorio.
Sólo cabe acercarse a una librería francesa y ver la producción ciclística que arroja. Sólo cabe ver noticiarios y sus headlines, sus rotativos abriendo con Flandes, Roubaix o Tour,… es otro mundo, como el Tour, Francia, en esto, es otro mundo, algo que quisiéramos aquí algún día, aunque resulte penosamente costoso pensar que se podría lograr a tal punto.
No desistamos, que quizá hasta nos llevemos una sorpresa. 
Foto tomada de Facebook
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

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5 COMENTARIOS

  1. Totalmente de acuerdo… me da una gran envidia (sana) de ver la gran gantidad de gente que acude a ver todas las etapas del Tour de Francia. Aqui en España si queremos que haya público las etapas importantes tienen que estar en fin de semana.El Tour, aunque me pese, es otro mundo en todo los sentidos.

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