Tour de Francia #13, la contracrónica

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La decimotercera etapa del Tour, que llevó a la caravana ciclista multicolor hasta la población histórica de Rodez, en sí no nos ofreció muchas alternativas dado que el recorrido era más bien de configuración con tendencia llana, salvo un par de cotas calificadas de cuarta categoría y una de tercera, que no se hicieron apenas notar. Era presumible, viendo simplemente su perfil, que los concurrentes se limitarían desde que se dio el pistoletazo de salida a dejar pasar los kilómetros como respuesta a las expectativas existentes por parte de las gentes.

Más de lo mismo

No ha variado la escenografía reflejada en días anteriores. Apenas dada la salida a los participantes, que fueron exactamente 175, en la localidad de Muret, surgió – nada nuevo- la escapada de rigor que corrió a cargo de un sexteto compuesto por los franceses Geniez, Gauthier y Périchon, el australiano Haas, el belga De Gendt y el holandés Kelderman. La ventaja de estos intrépidos llegó a la cota máxima de alrededor los cuatro minutos hasta que se neutralizó el intento como siempre en sus postrimerías, con las espadas en alto y con el honor de haber luchado durante ciento y tantos kilómetros en cabeza. De la etapa no hubo mucho más, salvo una caída un tanto espectacular protagonizada por Jean-Christophe Péraud, que pedaleó maltrecho en parte de la etapa.

Hasta que los velocistas aparecieron

La mayoría apostábamos por una llegada masiva del gran pelotón, en donde mostrarían sus dotes los velocistas más efectivos del momento. Aproximadamente, lo que son las cosas, a tan sólo cuatrocientos metros de la línea de meta terminó aquel intento audaz a pesar de la férrea voluntad desplegada por el trío superviviente integrado por Gendt, Gauthier y Keldeman, que no querían así como así el brazo a torcer.

Hubo la disputa final ante la sorpresa de los de allí presentes. Conclusión: el eslovaco Sagan debió rendirse ante el empuje desbocado a toda vela por el flamenco Van Avermaet, un hombre de clásicas, al que le sonrió finalmente la victoria. Peter Sagan, el frustrado luchador en este género de llegadas en presente Tour, está visto que no tiene capacidad suficiente para imponerse. Basta rememorar que ha sido segundo en la 5ª (Amiens), 6ª (Le Havre) y, ahora, en la 13ª etapa (Rodez), siempre a unos pocos palmos del triunfo que no le llega.

Por lo demás, el británico Chris Froome, el líder, pudo conservar con denodado aplomo la representativa camiseta, esta elástica de vivo color amarillo canario que el gran público apostado al borde de las carreteras aplaude con enfervorizado entusiasmo, aunque el paso de los ciclistas sea un tanto fugaz. Como un relámpago en la noche. Ni que decir tiene el señalar que la tabla de la clasificación general se mantuvo casi inamovible.

Van Avermaet, un hombre rápido

Actualmente milita en el equipo Pro-Team BMC Racing. Es corredor profesional desde el año 2007. Tiene 30 años y había nacido en Lokeren. Tiene una altura de un metro con 82 y pesa 75 kilos. Se le apoda popularmente como el “Avi”. Es un ciclista de carreras clásicas, es decir, de un solo día. Posee varios lugares de honor en las mismas, pero no victorias como él bien quisiera.

Cabe recordar la París-Tours, que se adjudicó en la temporada del 2011. Conserva un buen recuerdo de la Vuelta a España 2008, al vencer la Clasificación de la Regularidad, además de vencer en la 9ª etapa, Viella-Sabiñánigo. Este año, no está de más recalcarlo, fue el ganador absoluto de la Vuelta a Bélgica en contra de todo pronóstico.

Una curiosidad a divulgar

La etapa comentada partía de la localidad de Muret, una localidad que se alza en el departamento Haute-Ganonne, en la parte sur de nuestro vecino país. Casualmente recordábamos una estancia de paso en la aludida población, en donde nació una celebridad histórica que brevemente queremos hacer alusión y que nos llamó en aquel entonces poderosamente a la atención. El personaje al que hacemos referencia se llamaba Clément Ader (1841-1925), nacido precisamente en Muret.

Fue un despierto ingeniero al que se le debe el invento del micrófono y uno de los pioneros que perfeccionó en gran manera el uso del teléfono. Pero a todo esto hemos de afirmar que su verdadera fama, su gran pasión, fue la aviación, que dedicó mucho tiempo y dinero propio.

Fue el primer constructor de una máquina voladora en el año 1886, denominado Éole, un artilugio más o menos suntuoso que tenía la apariencia a primera vista de parecerse a un murciélago. Dotó el equipo mediante un motor de vapor de su invención. Fue una eminencia gris que dio en su tiempo mucha gloria a Francia, y que reconoció su honorable prestación realizada. Fueron hombres como tantos otros que se identificaron con las grandezas del progreso. Clément Ader falleció en la ciudad de Toulouse, en donde acapara una dilatada fama en la formación de ingenieros aeroespaciales.

Hay intromisiones en nuestros escritos que vale la pena introducir en justa medida y siquiera como curiosidad. Son ecos del pasado que vale la pena no olvidar, que merecen ser respetados y admirados.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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