Tour de Francia #18, la contracrónica

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El de que la caravana ciclista multicolor afrontara la segunda partida de los Alpes, la 18ª etapa con término en la población de Saint-Jean-de- Maurienne, constituía todo un aliciente dada la singular contextura en su trazado ante el contraste ofrecido por el Puerto del Glandón, de 1.924 metros de altitud y con una marcada ascensión tocante a los 22 kilómetros, un eslabón que de por sí imponía respeto, y, por otra parte, el tener que salvar después la inédita cuesta denominada Lacets de Montvernier, con sus innumerables y cerradas curvas, que se situaba a tan sólo una decena de kilómetros de la meta. Estas dos moles alpinas, hay que recalcarlo, nos brindaron un formidable espectáculo ciclista, prescindiendo de los inicios de etapa, con tres montañas de tercera categoría y dos de segunda, que de muy poco sirvieron.

Hay que elogiar al galo Bardet

Bajo este escenario rutilante no podemos por menos que rendir homenaje a este joven corredor que cuenta con tan sólo 24 años llamado Romain Bardet, nacido en la localidad de Brioude, que se ubica en el departamento del Alto Loira, en la zona central del país, salpicada con constantes subidas y bajadas en su área interna. No nos extraña el de que este atleta del pedal que citamos fuera oriundo de aquellas tierras en donde se forjó deportivamente hablando. Es la deducción lógica que obtenemos. Se desprende tras la lectura de su historial. Por encima de todo resulta ser un buen escalador que ha moldeado sus piernas con tanto subir y tanto bajar, repetimos.

Romain Bardet fue el protagonista del día. Tuvo la férrea voluntad de entrar en fuga solitaria entre las dos montañas a las que hemos hecho alusión. Desafió abiertamente a sus perseguidores, unos pocos, que deseaban a toda costa hacerse con el triunfo de etapa. Nunca está de más el exponer que mide un metro 85 de estatura, mientras que su peso no sobrepasa los 67 kilos. He aquí un escalador nato.

Queremos insistir, además, tal cómo nos sorprendió la manera de cómo descendía los collados de rigor. Lo palpamos muy de cerca. Vimos su magnífico y depurado estilo, apurando y arriesgando al máximo sus habilidades sobre la endeble bicicleta. Daba gusto el poderle contemplar y admirar cara a un triunfo que tenía al alcance de la mano. En fin, una lección para los que aman el bien correr dándole a los pedales. No todos, los ciclistas, pueden vanagloriarse de estas técnicas innatas que se llevan muy adentro. Su estilo y seguridad quedaron patentes a flor de piel. Fue una exhibición digna para ser contada.

¿Se impondrá Froome con esta frialdad de la que hace gala?

Nos quedan todavía dos etapas de evidente dureza. No creemos, en vistas a lo contemplado, que el británico Chris Froome, sólido líder de esta máxima prueba del calendario mundial, pueda dejarse sorprender por su adversario más directo, el colombiano Quintana, que lo viene intentando sin éxito casi todos los días. De la misma manera que lo suelen hacer también Alberto Contador, nuestro carta más cotizada, y el italiano Vincenzo Nibali, herido por no haber estado a la altura de lo que él bien deseaba. La conclusión ha sido que no ha podido reeditar su victoria absoluta conseguida el pasado año en el Tour, algo que las gentes no deben olvidar.

El corredor británico Christopher Froome, este ciclista nacido Nairobi, capital de Kenya, hijo de padres ingleses afincados en aquellas tierras para alcanzar un mejor sustento económico, aparte de sus cualidades físicas y de su categoría intrínseca a la hora de balancear tácticas, que aplica acertadamente, tiene casi todos los números para ganar el título absoluto sin discusión. Cabe consignar, además, la eficaz ayuda que va recibiendo por parte de sus fieles compañeros de la escuadra Team Sky, una fortaleza a todas luces inexpugnable.

Los puestos de honor de la general se mantienen igual

Cabía destacar la fuga inicial compuesta por veintinueve hombres, todos ellos sin peligro en aras a la clasificación general. Su ventaja llegó a ser lindando a los 5 minutos. El pelotón se desentendió con cierta evidencia, aunque sin perder el control del todo. El verdadero interés de la etapa radicaba en saber que sucedería atrás, en donde se encontraban los ciclistas con más posibilidades en la conquista de los lugares de honor. Tanto fue así que los ocho primeros puestos de la aludida tabla se mantuvieron bajo las mismas diferencias de tiempo y naturalmente sin cambios específicos esperados en la vigilia.

Así se escribió la historia de la etapa en cuestión.

Por Gerardo Fuster

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