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Tour de Francia 2030: futuro distópico

Opinión ciclista

Tour de Francia 2030: futuro distópico

Tour de Francia 2030: futuro distópico

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Un ejercicio de ciclismo ficción… así será el Tour de Francia 2030

Vámonos al Tour de Francia 2030, estamos en octubre de 2029, en París.

Hoy se presenta una nueva edición del Tour de Francia, la única carrera que ha sobrevivido durante estos últimos años al declive del ciclismo profesional.

Y lo continuará haciendo un año más. Al menos hasta 2030, el año que viene.

Por el camino han ido desapareciendo todas las competiciones de ciclismo al aire libre.

Primero fueron las clásicas.

Luego, las carreras de una semana.

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El efecto dominó se llevó por delante a otras grandes vueltas, como la corsa rosa o la ronda española.

No queda nada de aquello.

Sólo un triste recuerdo.

El Tour aún aguanta, aunque no sé por cuánto tiempo.

Mi obligación es hacerlo desaparecer lo antes posible.

Mi nombre es Naitsirhc Emmohdurp y soy el director del Tour de Francia.

Soy un infiltrado.

Todo empezó hace unos años, cuando el lobby del automóvil se impuso finalmente al uso de la bicicleta en las ciudades. El coche le había ganado la batalla.

Demasiados intereses, demasiado dinero.

Cuando las patronales internacionales de fabricantes de vehículos vieron cómo había crecido el número de usuarios que se desplazaban en bici para ir a trabajar, pegaron un puñetazo encima de la mesa.

DT-Swiss 2019

 

Se había llegado hasta tal punto que veían peligrar sus negocios.

La venta de coches había descendido a mínimos históricos.

Las marcas de automóviles estaban al borde de la ruina.

Entonces fue cuando sucedió todo.

Lejos de parar la producción, la aumentaron y además empezaron a fabricar coches cada vez más grandes y cada vez más sofisticados.

Y, sobre todo, bajaron los precios. Reventaron los mercados poniendo a la venta automóviles de alta gama asequibles a mileuristas.

La reacción fue inmediata.

Se dispararon las ventas alcanzando cotas máximas. Todo el mundo quería un coche de esos que tan sólo costaban 6 mil euros.

Tuvieron que aumentar la producción a medida que también lo hacia la presencia de aquellos monstruos en las carreteras.

Llegó un momento en que las ciudades quedaron al borde del colapso.

Suunto 5 –  Summer img1

 

El coche había borrado por completo la bici de nuestras calles.

Los gobiernos sucumbieron al poder de las multinacionales.

El parque automovilístico había crecido de tal manera que fue necesario crear nuevas y más grandes infraestructuras: más autopistas, con más carriles y más anchos, más túneles y más puentes… devorando carreteras, pistas y senderos.

Las ciudades se convirtieron en un infierno: humos, contaminación y retenciones continuas. Todo el mundo usaba su coche, en detrimento de la bicicleta.

Llegó un momento que era imposible salir ahí afuera, de ese modo, en bici: por seguridad, por salud.

Poco a poco fueron quedando en desuso, arrinconadas.

Ni siquiera a los niños se les regalaban ya bicicletas.

El único modo de dar pedales de forma segura era hacerlo bajo techo, en los gimnasios, conectados a una bonita carretera virtual.

Eso fue el final.

Lo más paradójico fue que la gente que iba a pedalear a estos centros deportivos se desplazaban en su coche particular.

¡Qué sin sentido!

Cruz SQR

 

Muchos, la mayoría, preferían quedar y salir de forma virtual con sus amigos conectados a esas máquinas.

Pronto, algunos, vieron en aquellos simuladores la posibilidad de organizar competiciones.

En muchas carreras al aire libre los ciclistas ya tenían que competir con mascarillas, debido a la alta y densa contaminación que se había alcanzado en muchos puntos del planeta.

Las carreras de toda la vida, poco a poco, se fueron sustituyendo por sus réplicas virtuales.

De esta manera fue como empezaron a desaparecer las históricas jornadas de ciclismo.

Bueno, todas menos una.

El Tour aún resiste, estamos en la previa del Tour de Francia de 2030. 

Nacex te envía la bicicleta donde le digas 

No puede ser de otra manera.

La mayor carrera del mundo, el mejor escaparate internacional para los grandes ciclistas, no podía desaparecer así como así.

El esfuerzo, el sacrificio y el gran trabajo de unos pocos aún hacen que el Tour “al aire libre” se siga celebrando año tras año.

Eso sí, cada vez con menos fuerza.

Los jóvenes corredores prefieren competir “bajo techo”.

Al Tour aún van los veteranos de toda la vida que no quieren perder la esencia de este deporte y la historia escrita a golpe de pedal en las piernas de estos valientes corredores.

También participan los que buscan la gloria, la épica, locos aventureros que se lanzan a la carretera como auténticos caza-tesoros, que no se rinden a seguir formando parte del Olimpo de los dioses del pedal.

SQR – GORE
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Pero el Tour, para las multinacionales del automóvil, aún sigue siendo un peligro para sus intereses.

Temen que en cualquier momento la tortilla se pueda girar y que, gracias al misticismo y el romanticismo del Tour, haya un repunte entre sus fieles seguidores que pueda provocar un giro en la historia.

Esto es, que vuelvan las bicis a las calles.

Piensan que hay que aplastar el Tour.

Pero… ¿cómo?

Hundirlo pero que parezca un accidente, un hecho irreversible, abocado a seguir el sino de sus grandes vueltas hermanas.

Para eso me contrataron.

Sí, a mí.

Hace  unos años se pusieron en contacto conmigo para este cometido.

No me pude negar.

Llegaron a amenazar incluso a mi familia.

 

Y aquí estoy, en la presentación de un nuevo Tour.

Un nuevo recorrido que, año tras año, he ido intentando empeorar para que los “mejores” desistan volver.

Así, de entrada, hace ya unos años que empecé en mi nuevo trabajo.

Fue en el año 2019.

Aquello fue el inicio, el origen.

Presenté un Tour de Francia con un recorrido que fue un insulto a la esencia de la historia del ciclismo.

Pensé que cuantos menos corredores especialistas vinieran mejor.

Mejor para mis intereses. Peor para los que se atrevieran a competir.

Empecé a diseñar etapas poco llanas y apenas planifiqué un par de ellas. Con esto casi me aseguraba que los esprinters se iban a quedar en casa.

También me cargué de un plumazo la épica contrarreloj larga y llana. Y, de paso, la de por equipos también.

De esta forma, los especialistas contra el crono tampoco iban a venir.

Recorté el kilometraje de las etapas. Casi las dejé para corredores juveniles. No más de 150 kilómetros de recorrido.

Ya no iba a ser un deporte de fondo y cuanto menos tiempo estuvieran los ciclistas en la carretera mejor.

Diseñé un Tour para olvidar: sin cimas míticas, ni Tourmalet, ni Alpe d’Huez, ni Mont Ventoux… nada.

Nada que pudiera recordar al aficionado la historia de los gigantes de la carretera.

Me olvidé hasta del infierno del Norte: nada de pavés ni adoquines, ni nada por el estilo.

Tampoco finales en alto en Pirineos, ni encadenados alpinos y sí muchas cuestas de cabras, a ver si así se aburrían hasta los escaladores.

En ese sentido, aprendí mucho de mis viejas reuniones con mis amigos organizadores de La Vuelta.

Este año vuelvo a la carga, con la presentación de la edición del 2030.

Y creo que me he superado.

Para el año que viene me he cargado todos los maillots originales del Tour y los he cambiado por los que me han ofrecido una marca de coches.

Así, ni amarillo, ni blanco con topos rojos, ni verde.

Ahora el de líder será de color rojo. Con un poco de suerte no se distinguirá del resto de corredores.

Y esto creará confusión.

Habrá polémica.

También me he cargado la última etapa tranquila con final en París.

A cambio, he colocado una cronoescalada a la Tour de Madeloc.

Nada, una tachuela con rampas de hasta el 24%.

Estoy deseando saber qué opinan prensa y aficionados.

Si con esto no me cargo el Tour, dimito.

Foto: Movistarteam

Endura LDB Summer 2019
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