Tour de Francia #6, la contracrónica

0
4
vistas

La resolución de la sexta etapa, con llegada a la ciudad de Le Havre, situada en la zona del noroeste de Francia, hemos de afirmar que nos sorprendió en verdad tras el golpe certero protagonizado en última instancia por el corredor checo Zdenek Stybar (29 años), especialista consumado en la dura disciplina de ciclocross, en donde ha logrado conquistar el título irisado de campeón del mundo en los años 2010, 2011, y 2014; además de adjudicarse la Copa del Mundo en el 2010. Son galardones que en cierta manera se apartan de la modalidad imperante y estricta que nos ofrece la carretera.

El alemán Martin el más perjudicado de la jornada

Stybar, el vencedor de la etapa, es un corredor que alberga madera como vulgarmente se suele decir, con serias opciones para brillar bajo horizontes más amplios y más popularmente conocidos. Consiguió cruzar la línea de meta con dos segundos de ventaja sobre velocistas bien conocidos, tales como Sagan, Coquard, Degenkolb y Van Avermaet, por este orden, pasmados quedaron ellos por el vigor impuesto por el corredor checo. La etapa no tuvo muchas particularidades. La podemos calificar de monótona, salvo esta caída que sufrió el líder Tony Martin, a 700 metros de la llegada.

Acabamos de saber que Martin no tomará la salida en el Tour por sufrir una grave fractura de clavícula. La coincidencia que se ha dado es que el ciclista germano se ha visto obligado a abandonar la ronda gala siendo líder de la misma manera que le fue el suizo Fabián Cancellara, que ostentando la camiseta de oro, debió decir adiós muy a pesar suyo a la competición de marras. Es la misma historia, una historia que se ha dado en esos dos bravos corredores de indudable prestigio.

Por lo demás, la prueba prosigue a su ritmo más o menos programado. Los protagonistas, léase favoritos, hacen lo posible por esconder su juego a la espera de los temidos collados pirenaicos, los jueces de paz, que alzarán su voz la próxima semana, una voz que valdrá la pena escuchar.

Una escapada audaz de unos valiente

Una vez dado el pistoletazo de salida entraron en fuga tres corredores de los poco conocidos. De ahí que el gran pelotón les hiciera poco caso, ensimismado esos días en pedalear bajo la clave de la reserva a la espera de las fechas más trascedentes que se avecinan: Ese grupo que le daba a los pedales en perfecta formación militar. El trío en cuestión estaba formado por el francés Queméneur, el belga Van Bilsen y el eritreo escudado bajo el nombre de Teklehaimanot ¡qué complicado y qué novedad! Llegaron a tener una dilatada ventaja de casi doce minutos, ventaja que a continuación fue disminuyendo de manera paulatina.

A poco de la meta fueron alcanzados sistemáticamente, salvo el corredor flamenco Van Bilsen, que quiso alardear la cuestión un poco más. Fue engullido por el grupo de la misma manera. Todo daba a entender que lo único importante de la jornada radicaba en el “esprint” final que se situaba en una colina a la vista de la ampulosa población de Le Havre. Se debían superar una longitud de 850 metros con unas rampas del orden del 7%.

Le Havre, una ciudad sufriente del pasado

La capital de Le Havre (175.000 habitantes) posee un amplio poder económico: la construcción mecánica, la industria petroquímica, el transporte vital marítimo y la logística.

La aludida ciudad pertenece al departamento del Sena Marítimo, a orillas del estuario del Sena y no lejos del Canal de la Mancha, que ha acaparado siempre el interés y la curiosidad de las gentes. Fue bombardeada con insistencia en el curso de la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente reconstruida entre los años 1945 y 1964, razón por la cual fue nombrada Patrimonio mundial de la Humanidad por la celeridad llevada a cabo en su fase de rehabilitación, una rehabilitación que fue de modélica ejecución.

Cabe hacer hincapié que esta población sufrió nada menos 132 bombardeos. Existía un grupo de resistencia bien dotado que apostaba contra el poder impuesto por el nazismo en territorio francés. Este conglomerado se preocupó afanosamente de transmitir lo que bien sabía, léase espionaje activo, a los estamentos británicos con un sigilo muy especial. Todo estaba encaminado a dar facilidades ante el inminente ataque que se fraguaba en silencio, que no fue otra cosa que el célebre desembarco de Normandía, la clave de uno de los mayores éxitos militares habidos en la historia militar.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

Publicidad

Deja un comentario