Tour de Francia: cuando casi todo está inventado

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La jornada que más ha llamado la atención en el Tour 2018 ha sido la “mini” etapa de los Pirineos que acabará más arriba de Saint Lary. Una jornada sprint, como algunos la llaman, algo similar a lo que se hizo en el Giro 2009, cuando se hizo un trayecto sólo de subida hacia el Blockhaus. Ese día recuerdo que ganó “ricitos de oro” Franco Pellizotti y que Carlos Sastre lo pasó mal, como buen ciclista de fondo que es.

Aquella fue una etapa mono puerto, esta vez en el Tour estará el Col de Portet y un par de ascensiones más. Os podéis imaginar en tal compresión de kilómetros cuántos metros de llano puede tener el día. Será jornada de rodillos en la salida.

Sea como fuere y aunque muchos sitúen el diseño de esta etapa en la innovación que parece confluir en nuestros días tanto en el diseño de recorridos como en a búsqueda de nuevos terrenos y lugares, hay que decir que no es la primera vez que el Tour aborda una jornada similar.

Hay que irse 32 años atrás, al año 85. El día después de que Perico surgiera de entre la niebla de Luz Ardiden para lograr uno de sus más icónicos triunfos, el Tour se iba a Luz Saint Sauveur para abordar una etapa singular con final en el Col de l´ Aubisque.

Eran sólo 52 kilómetros, que se corrían por la mañana, porque por la tarde había otra etapa con final en Pau.

La cambiantes sensaciones sobre el estado de forma del líder, entonces Bernard Hinault, propiciaron movimientos de lejos, ya en el puerto anterior, el Col du Soulor. Arrancó Stephen Roche, y con él Lucho Herrera.

Aquella era una jornada verde, por el calor y sol que iluminaba los preciosos anfiteatros del Aubisque, pero también por el sabor irlandés que tomaba el día.

Roche se iba solo incluso antes del Soulor, e iniciaba en solitario el Aubisque, donde el ganador del día anterior, Perico, intentaba tomarle tiempo a un líder timorato y escondido en medio de un grupo del que tiraba, oh sorpresa, Lucho Herrera, en palabras de algunos medios “el mejor gregario de Hinault”.

Pero el día era irlandés, Stephen Roche, “La Redoute” en el pecho, gana solo, con más de un minuto, sobre Sean Kelly. Doblete del lobby del trébol en el corazón de los Pirineos. No hubo tiempo para más. Hinault aguantaba y con él, Álvaro Pino, que en el sector de la tarde protagonizaría con Regis Simon la fuga hacia Pau, una fuga que cayó en manos del francés.

Ahora el Tour recupera esa fórmula de “etapa sprint” por la montaña con un kilometraje que hace veinticinco años era propio de una crono, similar a aquella antológica de Induráin en Luxemburgo. Y es que aunque nos parezca todo lo contrario, estamos en un punto en el que todo parece inventado.

Imagen tomada de hemeroteca de El Mundo Deportivo

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