Tour inside

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Sábado. A las 6 en pie. Teníamos que desplazarnos hasta Castres, ville départ de la 8ª etapa del Tour. Esta preciosa “commune fançaise”, de la región de Midy-Pyrénées, ya cuenta con una larga tradición dentro de la historia de la Grande Boucle.

Con nuestras acreditaciones vamos superando los numerosos y estrictos controles de acceso para llegar al parque de exposición del Tour, ubicado en los preciosos jardines de l’Évêché. Un lugar idílico roto por el frenético, pero espectacular e impactante, circo del Tour. De entrada, el paseo de los campeones, con todos los ganadores de la ronda francesa. Hay un vacío importante, un salto en el tiempo, que no se puede justificar de ninguna manera pero que ahí queda.

Cada uno de nosotros recorre el recinto a su aire, empapándose del ambiente y el aroma a auténtico Tour: bicis y personajes estrambóticos, estridente música de fondo, tiendas publicitarias repartiendo regalos, numerosos puestos con bebidas y fruta fresca que se agradecen. Breves repasos de la historia de esta gran carrera y darse cuenta de que el Tour es un enorme dispositivo que funciona a la perfección, tomando medidas para cualquier pequeño problema que se les presente.

Contemplamos la formación de la caravana publicitaria, los grupos deportivos, con especial visita al equipo AG2R, toda la logística que envuelve este gran evento, periodistas y canales de televisión de todo el mundo, sin olvidar el enorme gentío que ha venido a aclamar a los corredores. Todo esto lo vivimos en primera persona y yo estaba allí, formando parte del Centenario de la Grandee Boucle, abriendo bien los ojos: estaba dentro del Tour de Francia.

Subimos en una de las furgonetas publicitarias del equipo AG2R. Nos espera Margarite, una simpática francesa que nos condujo por todo el recorrido de la etapa, explicándonos anécdotas y de conversación muy agradable. Su misión, simplemente dar publicidad a la marca a todo el público que de buena mañana, horas antes del paso de los ciclistas, abarrotan cunetas y pueblos como si estuvieran en plena fiesta mayor. Digno de admirar como son capaces de aguantar tanto tiempo, bajo la sombra o al sol, para ver pasar al pelotón en apenas un escaso minuto. Aderezado con todo tipo de artilugios y disfraces de animación, gritando al paso de cada vehículo de la caravana. Un auténtico espectáculo.

A mitad de camino, Margarite nos invita a almorzar en una autocaravana donde nos acomodan en una mesa repleta de embutidos y fruta de la zona como aperitivo. De plato fuerte, uno típico de la zona como es Le Cassoulet, regado con vinos blanco y tinto de la región. Un café doble y seguimos, que aún queda mucha etapa.

De nuevo afrontamos las rampas del Pahlieres, esta vez motorizados, recordando la ascensión del día anterior. Imborrable. Dentro del vehículo disfrutamos de nuevo de las vistas y del espectáculo del pasillo humano que dificulta mucho el paso de la caravana. Descenso y ascensión a Ax-3-Domaines, donde la caravana es literal. Hay un buen atasco, pero entretenidos porque hasta charlamos y chocamos las manos del enorme gentío de todas las nacionalidades que lucen orgullosos sus banderas de procedencia, abarrotando las cunetas de esta gran cuesta. Griterío, música, gente bebiendo, bailando, cicloturistas, familias enteras con sus mesas y sillas debajo de una sombrilla, chicos y chicas medio desnudos, disfraces originales y otros más horteras. C’est le Tour.

Llegamos a meta y accedemos a la zona restringida al personal acreditado. Entre cervezas y algunas copas de champagne francés, vemos el final de etapa desde la gran pantalla instalada en el recinto, esperando la llegada de los corredores. No tarda en llegar Froome y contemplamos en vivo como levanta las manos y asesta un golpe que muchos consideramos ya decisivo.

Finalizada la etapa, Margarite nos acompaña a los autocares que nos llevarán de vuelta a Castres. Son las seis y media de la tarde. Entre la bajada del puerto, que nos costó más de una hora, y el intenso tráfico de las carreteras que rodeaban toda la zona de afectación de la carrera, llegamos al hotel pasadas las once de las noche. Pero nadie se quejó. Todos fuimos comprensivos con el mayor espectáculo ciclista del mundo. Cansados pero contentos, nos fuimos despidiendo y retirando a nuestras habitaciones, no sin antes agradecer el exquisito trato recibido por los amigos de FOCUS: danken Jan!

Por Jordi Escrihuela

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