#TourProfile El antes y después de Bauke Mollema

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Había cierto retintn el sábado por la tarde cuando en el boulevard donostiarra Bauke Mollema se proclamaba ganador de la Klasikoa. Había retintín respecto a quien firma en este mal anillado cuaderno. Nunca nos ha gustado Mollema ¿nunca? bueno hasta este ultimo Tour de Francia.

Siempre he oído hablar muy bien de Mollema en lo personal, de hecho un servidor ha tenido ocasión de conocerle y es buen tipo, en lo “ciclístico” es otra cosa. Surgió de la escuela del Rabobank, con el tiempo Team Blanco y Belkin. Pareció uno de tantos de esa hornada de cachorros neerlandeses que acomodados y entre algodones nunca acaban de explotar el talento que muestran de jóvenes. Tenemos ejemplos, desde los tiempos inmemoriales de Breukink a los más recientes de Gesink o Teo Bos.

Mollema parecía llevar el mismo camino, pero incluso con recalcitrante obsesión por los puestos. En el pelotón puebla todo tipo de especie, los hay arrojados como Kwiatkowski que corrieron el Tour como si fuera una clásica diaria y otros que amarran y amarran un séptimo puedo como si les fuera la vida, un año sí, al otro también, haciéndose acreedores de una notable regularidad aunque sin brillo alguno.

Mollema sin embargo en este Tour dio el salto, cambió el chip. Mantuvo el nivel en los Pirineos y se echó a los leones en el Ventoux, antes del desastre que aconteció con el público y las motos. Mollema se soldó a la rueda de Froome y Porte, cuando el resto hacía aguas. Mérito tuvo, y mucho. Luego hizo una buena crono y se puso firme para ser segundo.

Por eso su caída camino de Saint Gervais nos pareció el vivo ejemplo de lo injusto y terrible que puede ser este deporte que todo te lo da y todo te lo quita en cuestión de segundos. Mollema cayó en picado y desapareció del top ten, dolorido yo creo más en el alma que en lo físico. Pudo ser el siguiente holandés en el podio de París tras Rooks y Breukink, fijaros qué lejos suenan esos apellidos.

Por eso también nos alegró que ganara en San Sebastián, porque en el diente de sierra que es el ciclismo oportunidades para desquitarse siempre hay y Mollema ha visto que su sentido táctico vestido de valentía puede darle más alegrías que la racanería que se ha gastado desde que es ciclista. Esperemos éste sea ese punto de inflexion, ese antes y después de Bauke Mollema.

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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