#TourProfile La suerte dispar de “les enfants de la Patrie”

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Pinot- Bardet. Bardet-Pinot. La generación dorada que hace dos Tours asomó en su mejor carrera, la más querida para los franceses y grande para el universo, sigue su camino con suerte diferente. En este Tour, más que en cualquier otro, quedó patente que los dos mejores ciclistas franceses representan dos estilos, dos maneras de frontal este deporte y lo cierto es que Bardet, el estudiante de la Auvernia, ha tomado distancia a su favor.

Romain Bardet es un ciclista por el que siempre hemos mostrado admiración. A sus espaldas hay un peso enorme, un peso por el que pasaron Jalabert, Virenque, Bernard, Mottet, Moreau y otros franceses que desistieron en ganar el Tour por una u otra razón. Bardet cada año crece, cada Tour está más cerca. Esta vez ni siquiera era opositor al maillot blanco, pero sigue teniendo margen. Nadie lo ve poniendo en apuros a Froome, ahora, pero nadie le veía segundo del Tour hace tres años.

Cuando Bardet empezó a rondar los puestos de privilegio hace dos años se produjo el comienzo, el año pasado, descartado para la general, brindó una etapa sensacional en esa subida de curvas encadenadas que supuso una de las imágenes de la carrera. Este Tour Bardet dio la sensación de ser el único nombre grande, al margen de Froome, que corría con un plan establecido. Aunque muchos no lo pusieran en las apuestas venía de ser segundo en Dauphiné.

Y ese plan pasaba por Saint Gervais y un descenso antológico, que se regó de heroísmo con la pertinaz lluvia que ha acompañado a los ciclistas en gran parte de las etapas de montaña de esta edición. Lanzó un compañero por delante y mientras en el pelotón las caídas se servían por doquier, Bardet hizo gala de puntería extrema: un ataque para una etapa más el plus del podio. Chapeau.

En el otro lado un corredor que no sabemos cómo abordarlo. Thibaut Pinot era el vivo ejemplo del progreso en muchas cosas, bueno, era y es. Había dejado en la historia sus miedos en el descenso, había logrado ganar cronos de alto nivel, como Romandía -con Tony Martin y Tom Dumolin en liza-, y había plasmado sus mejoras en un podio hace dos años y una etapa en Alpe d´ Huez el pasado. Sin embargo, Pinot fue una azucarillo a las primeras de cambio. Aquí ya no hablamos de una jornada como la del pavés hace un año que elimina de forma indiscreta. Hablamos de quedarse en un puerto cuando quedan muchas unidades en el pelotón.

Pinot dejó el Tour por enfermedad, pero la sensación que transmite es que este ciclista de alocado semblante no acepta la presión que conlleva optar a lo que opta. En alguna entrevista ya habíamos leído del fastidio que le produce ser reconocido por la calle y de las servidumbres de la fama. Ahora esto. Pinot tiene motor, lo ha demostrado, y ambición para mejorar, pero no acaba de dar con la tecla, no cuando llega el momento de demostrarlo. ¿Será capaz algún día?

Imagen tomada de FB de AG2R

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