¿Por qué Tours no es el “patito feo”?

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Tours contra los tópicos. Hay una tendencia, legítima como todas, pero que no compartimos sobre ciertas carreras. Hace pocos días que Mikel Landa dijo que las grandes en las que Cipollini se llevaba varias etapas tenían una buena dosis de aburrimiento y tedio.

Aunque a veces es cierto que ocurre eso, también vemos que en el ciclismo que carece de dificultades evidentes acabamos viendo grandes espectáculos. No siempre ocurre, esto, como muchas cosas, no es una ciencia exacta, pero, oye, cuando una carrera de esas que no lo esperas te da un buen momento, como que lo agradeces más.

En este mal anillado cuaderno siempre hemos llevado mal que una carrera más que centenaria, preciosa, por un territorio espectacular, como la París-Tours no haya estado en el mejor nivel. Tours es sinónimo de sprinters, es de hecho la única gran carrera de este tipo que ha ganado un español, el irrepetible Oscar Freire, pero ojo, que también la ha llegado a ganar Richard Virenque, lo más opuesto en concepto que pudo existir frente a esta carrera.

¿Qué quiere decir eso?

Pues que la carrera tiene su qué, ese nudo que a muchos se les atraganta y que al final da el mejor resultado a la vista. Hace falta algo más que correr a cuchillo, hay que leer los repechos, el itinerario, el incipiente otoño que deja humedad en los giros,… todo cuenta.

Y en esa tesitura tenemos una nueva edición de una carrera que es un “monumento in pectore”, incluso después de que Nibali haya dado una exhibición en Lombardía, carrera preciosa pero que recordamos fue un coñazo más de una vez.

Mirad el triunfo de Fernando Gaviria el año pasado, esa versión de ciclista colombiano del siglo XXI que sabe de los escarabajos por oídas, porque convive en otro nivel, en otra esfera, la de los velocistas que compiten por ese otro calendario que cada vez se les ha hecho más pequeño, sólo hay que ver las grandes vueltas y la cantidad de sprints que vemos.

Gaviria al frente de un Quick Step bestial, que incorpora otro ganador como Matteo Trentin, un matador de los que no perdonan cuando huelen el triunfo, pero que no vacila en ayudar cuando el compañero le requiere.

Al equipo azul no le faltarán los rivales, pero están un escalón por encima, justo ahora que se le avecina una desbandada. Cav, Greipel, Bouhanni,… quieren romper el monopolio, de cerca. Naessen y Van Avermaet, de lejos. Merece la pena verlo.

Imagen tomada del FB de Paris-Tours

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