La doble tragedia de Isaac Gálvez

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Recuerdo la mañana del 26 de noviembre de 2006. Quedaban pocos días para que naciera mi hijo, cuatro tan sólo, el invierno caía a plomo aunque el otoño aún se marcara en el calendario. El ciclismo catalán celebraba en Martorelles ese día su fiesta anual. Era una fiesta de mesa y mantel con todos los protagonistas de la temporada. Un buen momento para pasar balance. Recuerdo incluso que ese día conocí en persona a un ciclista cuanto menos peculiar como Ibon Zugasti. Ganador de varias carreras creo que lo entrevisté porque finalizó primero del ranking catalán.

Pero en esa plomiza jornada de noviembre llovían lágrimas, pesares por la desaparición de Isaac Gálvez, quien muy al norte, en el velódromo de Gante, se fue para siempre. Lo hizo vestido en arco iris compitiendo con su persona de confianza en el madison, Joan Llaneras, y de la forma más inverosímil, pues caídas como esas ocurren con frecuencia en los velódromos y no tienen tan fatal resultado.

Isaac Gálvez era un ciclista poco común. Llevaba el triunfo en los genes, ganaba con facilidad, hablaba con facilidad, argumentaba con facilidad. Su apellido suena a estirpe ciclista y se perpetúa en un cartel de tienda de bicicletas en el intrincado callejero de La Geltrú. Vivió rápido y se fue también rápido. Por suerte su gente le recuerda anualmente con una carrera también poco común, el gran premio que recorre los viñedos del Penedés profundos, una carrera de sterrato en el corazón barcelonés. Creedme que no hay mejor homenaje.

Pero la tragedia de Isaac Gálvez lleva implícita otra historia terrible y triste. Hablo de Dimitri de Fauw, el corredor que provocó involuntariamente la caída del catalán. Su historia se cuenta hoy en Libertad Digital y encoge el alma. “¿Cómo voy a superar esto? Emocionalmente soy una ruina” contó el ciclista flamenco poco después de la desaparición de Gálvez. En efecto De Fauw nuca levando cabeza. Profesional con el Quick Step en 2004 no pudo vivir con la publicación de su nombre en todas las menciones al accidente que acabó con Isaac Gálvez.

Terrible ese órgano llamado cerebro que cuando entra en un bucle no es capaz de encontrar la salida. Nadie comentó nada malo del belga, incluso Llaneras achacó el desenlace a la mala suerte, pero De Fauw se vio arrinconado por la pesadilla de ver perder a vida a un compañero en el velódromo de su ciudad, ante su gente. Dejó el ciclismo tres años después y a los pocos días fue hallado muerto. La desgracia de Isaac no vino sola.

Foto tomada de www.pedalmag.com

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