La historias para no dormir de Tyler Hamilton

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Hace unos días en la presentación de la nueva “mini editorial” Cultura Ciclista, pude ojear un libro que hablaba de los días en que la trastienda del vilipendiado US Postal sacaba humo. “Inside the US Postal bus” se titulaba. Días de actividad y frenesí escondidos en una densa cortina de mentiras cuyo fragor huyó al estampido de un golpe de viento con la misma causalidad que se derrumba un castillo de naipes.

El libro en cuestión se complementó con un artículo que Cycle Sport dedica a la obra de Tyler Hamilton, otro de los ciclistas que se arrepintió de ser malo y decidió contarlo todo. La descripción de los hechos que realiza de sus años en el seno del equipo que capitaneó Lance Armstrong sitúa en el disparadero a muchos. Demasiadas personas, y demasiado importantes como para que las cosas se diga que están como estaban por mucho que sospecháramos que esto era cierto. Eso, o que la prescripción que la revista anglosajona hace del libro debe ser material de denuncia por parte los damnificados en la obra.

Obviamente el staff médico venido de España, en Luis García del Moral, el brazo ejecutor de los planes de MIchele Ferrari, y Pedro Celaya, su propinador del primer “huevo rojo” de testosterona, suponen clave de bóveda en la  arquitectura de la historia. Pero algunos más quedan muy mal parados. El Tour y la UCI por ejemplo, en esa época de Leblanc y Verbrughen, quienes por ejemplo miraron para el otro lado cuando se ve que la máquina pitó cuando sobre Armstrong en el Tour 99. “No se podía permitir otro escándalo tras el affaire Festina” vinieron a decir

De cotidianidad se definirían otras historias que nos cuentan como la latita que George Hincapie guardaba con sus aperos para el suministro de EPO en el fondo de su nevera. El EPO, ese acrónimo del cual un servidor empezó a oír cuando el PDM salió en estampida en el Tour de 1991, que los americanos llamaban Poe, para disimularlo con el nombre de Edgar Allan Poe. Y ese motorista llamado Philippe que rulaba con termos por toda Francia en un Tour paralelo para ser recompensado en París con un Rolex. Generoso presente.

Aquí como ven todos han hablando menos el actor situado en la zona cero de esta comedieta. Lance Armstrong sigue en silencio. Sabemos de su carisma, raza y carácter. Si emprende la revancha no sabemos hasta qué punto su derrota podrá resultarle dulce. A algunos no les debe llegar la corbata al cuello. Hamilton al menos ha purgado y pasado página. Eso ya lo lleva.

1 COMENTARIO

  1. Lance Armstrong sigue en silencio… es lo raro en toda esta historia. ¿Qué golpe de efecto estará preperando, ha permitido que le quiten de un plumazo todo los Tours y no ha dicho ni "mu"???¿Y por qué los que hablan son redimidos y se deja de hablar de ellos?

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