Un año corriendo denodadamente

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Entre que no llevo la cuenta exacta, ni me preocupo, desde hace un tiempo, en anotarlo, saber cuántos kilómetros me han salido en este 2013 es complicado aunque no estaría muy lejos de la realidad si dijera que me han salido unos 3500 kilómetros. Sí, esa cifra me gusta, es redonda, expresiva y creo que hace honor a la realidad.

3500 kilómetros con sus series, con sus calentamientos, sus estiramientos posteriores. 3500 kilómetros que incluyen playas, arena suave, fina, dura, esponjosa. 3500 kilómetros de pedregal, subidas infames, caminos de cemento, asfaltos quebrados, cunetas llenas de mierda. 3500 kilómetros de parque, de río, de montaña, de trialeras, de escaleras. 3500 kilómetros como la vida, a veces cuesta arriba, otras hacia abajo.

Pero una cosa está clara, 3500 kilómetros de amistad, de charlas, de risas, de sufrimientos, de flatos, de dolor, de lesiones, de días de gloria y menos gloriosos. 3500 kilómetros que incluyeron, sí aquí, en Barcelona, hasta una nevada y crujidos nevados bajo mis pies.

Porque el 2013 ha sido mi mejor año desde que salgo a correr, y no hablo de marcas, hablo de experiencias, de caras que antes eran conocidas y ahora intercambian palabras contigo. Temas mil, variados para todos los gustos. Tardes soporíferas de verano analizando la etapa del Tour, medio noches comentando la aventura de los conquistadores de América, arreglando Catalunya, el mundo. Que si esto, que si lo otro. Recetas económicas, penurias ajenas, algunas cercanas, muy cercanas, a tocar de mano. Que si Rajoy, que si Arturito Mas, que si no nos merecemos tanta purrela dirigiendo nuestra suerte… que si los mejores hispanistas son ingleses, que si la carta de Pérez Reverte. Que si Charlie Harper se tiró aquella putilla,… en definitiva, os lo recomiendo, los mejores 3500 kilómetros de mi vida.

Y ya que estamos en balance, quiero alimentarme el ego contando mis mejores días del año que se escapa. Días como mi primer cinco mil en las calles de Esplugues, en la carrera de Sant Joan de Deu, que vio cómo subí por primera vez a un podio a recoger un trofeo, un premio, os lo juro, de los que marcan pues eso es algo que los mundanos nunca nos atrevimos a soñar.

Pero aquello no fue casualidad y a los pocos meses volvimos al redil, en mi distancia favorita, los 21 kilómetros de una media maratón. Ésta en Cunit, como en casa también. Otro trofeíllo a la vitrina que empieza a reclamar “más madera”.

Sin embargo, y supongo que me entenderéis, lo que buscamos en el fondo son marcas, marcas, marcas,… y en ese frenesí cayó una barrera, la de los 36 minutos en el diez mil, cosa que logré en el barrio donde crecí, el barcelonés de Sants, y me acerqué a mi meta en la media maratón, bajar una vez de la hora veinte. Por de pronto ya logré la hora veintiuno en Vilanova. Cierro el año además con varios top ten, otra muesca inesperada, si no me equivoco tres quintos, un sexto, un séptimo, un noveno,…

Ahora toca, incluso en estos días de celebraciones superlativas, seguir trabajando con ilusión y constancia, los resultados ya llegarán.

 

Entretanto a los que me consta que se dejan caer por este modestillo cuadernillo de un runner globero e inexperto, que tengáis un 2014 cargado de kilómetros, muchos kilómetros de felicidad.

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