Un día con Federico Martín Bahamontes

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Nos espera lustroso en un lado de la estación de tren. Discreto, apartado, pero visible. “Venid por aquí, que es mejor” nos indica. Paga un café y nos ponemos en marcha. Cruzamos la zona ancha de Toledo, orillamos la excepcional fachada renacentista del Hospital de Tavera. “Mirad la puerta de Bisagra” nos indica. Llegamos a su peña, la Peña de Federico Martín Bahamontes.

85 años le contemplan, vino a este mundo en 1928. Es una leyenda vida, un testimonio físico de ese ciclismo, de esa España que vio los años 40, 50 y 60. Años pobres, tristes, grises, cochambrosos. Luce una insignia del Barça en la solapa, se enjuta en corbata morada, matices de cuadros. Hemos venido para un trabajo que en unas semanas, esperemos, verá la luz, pero la experiencia de estar frente a un mito no tiene por qué esperar a ser contada.

Abre un sobre, viene de Alemania. “Como éste varios cada semana” apunta con admiración. Es de un fan, le envía un kit de fotos y bolígrafo de pintura permanente. Quiere que los firme para que de los devuelva. “A veces hasta me ponen cinco dólares para los sellos de vuelta” puntualiza. Éste no ha puesto nada. En su mesa de la peña, mientras trabaja en el libro de ruta de la Vuelta a Toledo, vigilante el Águila reposa a su espalda. Al lado, en una estantería atestada de cintas de vídeo de VHS, vemos el libro “The Eagle of Toledo” que la saga Fotheringam, prestigiosa donde las haya, le ha dedicado para consumo del mercado anglosajón. Bonita edición, brillante lomo, tapa dura y alguna fotografía.

“Al parecer vuelvo a estar de moda”. Sonríe. Es cierto, convive con total naturalidad en la cotidianidad toledana. Es parte del paisaje del Zocodover, Alcázar y calle del Comercio, esa por donde asoma, siempre, el campanario de la preciosa catedral. “Qué tal Fede” le espetan a cada esquina, mientras nos enseña el local en el que tenía su negocio de bicicletas. Ahora lo ocupa un chino multiproducto. Puedes entrar en él y salir con cualquier cosa.

Rebate cada uno de nuestros argumentos sobre el ciclismo moderno. “Se lo he dicho a Contador, a Valverde,… os estáis cargando el ciclismo” repite   porque para él esto no es ciclismo: pinganillos, tácticas, casas comerciales, dinero,… mucho dinero “eso que lo pudre todo” sentencia. Eso sin lo cual nada rularía, añadiría yo.

Este es Federico Martín Bahamontes y viene a coalición a este mal anillado cuaderno porque es una delicia oírle divagar, llevar la conversación a su territorio. Fino, esbelto, gusta de conocerse, pero directo en lo que le interesa. Una leyenda vida, el testimonio oral de una época que se nos escapa de ser explicada en primera persona. Vayan por Toledo y quizá lo vean. Seguro que no les niega el saludo.

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