Un dopado no es un delincuente

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Esta mañana he desayunado con esta noticia de hace unos días. Habla del ciclista belga, seis veces campeón de su país entre pista y carretera, Jonathan Breyne. Al parecer dio positivo por clembuterol en una vuelta por China, hace más o menos un mes. La reacción inmediata del llamado aficionado fue la lapidación del ciclista en los foros. Éste superado por las críticas probó a suicidarse.

No cabe duda de que el deporte es esto, un semillero de bajas y altas pasiones. Nos entregamos, yo solía hacerlo, a héroes que elevan lo humano a lo divino, gente sin igual que hacen cosas que nosotros no soñamos ni en las visiones más lúbricas. Todo eso está muy bien, sobre ese subconsciente se sostiene todo el tinglado. Las marcas, los patrocinios lo aprovechan muy bien. Visten el pecho del héroe y entran en nuestro universo.

Sin embargo la lectura es doble. Hay una cara B de estas historias. El héroe no es etéreo, es de carne y hueso, respira y siente. La presión ejercida sobre este joven ciclista ha ido más allá de lo admisible. Un dopado –queda por demostrar que él lo es- es un tramposo y un mentiroso, pero no un delincuente. Apedrearle en los foros es lo sencillo y apetecible. Es lo que tiene lo pasional, se pasa del amor al odio en un fino lapso, sin embargo medir las consecuencias es imposible, y por ello cabría ser pacientes o al menos prudentes. Los medios no ayudan. A veces no informan, juzgan y estampan conciencias.

En un mundo donde la trampa tamiza nuestros pasos y vemos trileros por doquier, quizá deberíamos darnos cuenta que, al final de todo, esto es deporte y como tal se aleja mucho de ser trascendente en nuestras vidas, por mucho que nos guste y llene nuestras horas. Por eso que nos quejamos y lamentamos la historia que cuenta este ciclista, porque en el fondo es la historia de una persona que siente y padece y que aunque se hubiera dopado, su daño no va más allá del que si mismo se ocasiona, al margen de las competiciones que adultera.

Foto tomada de Cyclismerevue

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2 COMENTARIOS

  1. Habría que ver cuantos de los que critican tanto al ciclista por doparse (con espumarajos saliendoles por la boca), no se habrán puesto ciegos, de vaya a saber usted que, y en tal circunstancia habrán conducido un coche, poniendo en peligro a todo el mundo que andaba en ese momento por ahí, por poner un ejemplo.
    Y un servidor tiene la impresión de que al ciclista se le trata peor que a un asesino potencial que puede matar a cualquiera de nosostros, solo porque no quiere prescindir de irse de fiesta en coche.

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