Un Giro que premia la grandeza

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Grande Il Giro, gran recorrido, gran carrera, posiblemente la mejor grande, la más auténtica, por varios razones, pero quizá una por encima de todas, Italia es un país hecho para el ciclismo. Dicho esto el lunes se presentó la edición de 2016 siguiendo el camino de vuelta que esta carrera ha emprendido. Salvadas las locuras, las cuestas de cabras, la dureza desmedida sin más razón que acumular y acumular muros, el Giro vuelve a ser la carrera de los años de Chioccioli, Hampsten, Roche, Indurain, Chiapucci y Bugno.

Hay una etapa en especial que habla por toda la carrera, se desarrolla en los Dolomitas y recupera la esencia del lugar agrupando en un mismo día todos los nombres que hacen del sitio un lugar de culto. Pordoi, Sella, Gardena, Campolongo, Giau y Valparola, seis colosos sin necesidad de llegar en alto, se hará en Corvara, un diente de sierra que no innova, que recorre lo que mil veces se recorrió y que da la medida, para bien o para mal, la grandeza que tiene la carrera y la historia que la secunda.

Aunque Italia se vuelca con su carrera, como si no hubiera otra igual, la carrera rosa no quiere dejar de salir lejos de casa, aunque sea en viernes y se llevará los bártulos a los Países Bajos, a la muy ciclista ciudad de Apeldoorn, lugar que albergó unos mundiales de pista no hace mucho, que seguro se quedará pequeña ante el evento. Salir de ese país es un chollo: te garantizas un baño de masas, das barniz internacional a tu carrera y seguro que pagan estupendamente.

La vuelta a Italia se hará por abajo, homenajeando esas rutas de norte a sur que tan turísticamente se repiten cada verano. La primera semana será un in crescendo sin olvidar que en el pelotón hay una raza, quizá obviada ultimamente, que también merece sus etapas, son los velocistas y en Italia tendrán terreno abonado a su causa. La semana se cierra con una crono por entre viñas de Chianti, dicen que sin un metro de llano, pero con el perfil típico para que un purasangre como Dumolin haga estragos, más si tenemos en cuenta que se llevarán nueve días de competición y que el desahogo en las piernas favorece a los especialistas.

La segunda semana llevará la carrera hacía su hábitat natural, el norte. Alguna etapa compleja como Sestola y Cividale Friuli antes de la enorme jornada dolomítica de Corvara, con el recital de puertos anteriormente cantados, y una cronoescalada al embriagador paisaje de Alpe di Siusi.

El tercer ciclo de carrera rompe con doble jornada a más de 2700 metros de altura, con las subidas a Agnelo, antes de Risoul, de gran recuerdo para Nibali, y Bonette antes de Lombarda, la prolongación de Isola 2000, un día antes del final en Turín, el final de una edición que recupera la esencia de lo que es esta carrera, el ciclismo de gran fondo y la emoción de obligados ataques de lejos porque si algo premia este recorrido es que los rácanos y quienes lo dejan todo para el final tendrán complicado salirse con la suya.

INFO

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