Un Tour podado y desenfocado

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No sé si Christian Prudhomme, si alguno de sus colaboradores, si alguien en la  organización del Tour de Francia saben de una leyenda que tuvo que Isabel La Católica. Lo mismo va a ser que no. La historia habla de campanarios desmochados, de torres destrozadas. Ningún hombre podía tener un mirador que superara un campanario. Ninguno podía osar estar por encima de Dios.

Este Tour es un poco lo mismo. Está podado por arriba. Sólo dos colosos de siempre emergen en la ruta de esta edición, Izoard y Tourmalet. No sabemos el motivo, pero el recorrido que recién se ha hecho oficial en París es una miniatura de la grandeza de la carrera. El resto de etapas es un sembrado de cimas de tamaño medio que premia la concatenación de puertos por encima de los kilómetros totales de subida. Es como si los experimentos de la Vuelta a España tomaran forma en el hermano mayor.

Nos gusta el recorrido del Tour porque rompe con la imagen de inmovilismo que siempre ha transmitido la organización. Son el Tour, se pueden permitir todas las involuciones del mundo, pero introducen sello de modernidad, un sello que quita, como decimos, grandes cimas, postula las medianas y deja el camino limpio de cronos hasta el penúltimo día.

La carrera sale lo más al norte que lo ha hecho nunca. Estira tanto el mapa por arriba que lo deja sin fachada atlántica. Es un mapa descentrado, cuasi desenfocado. Baja por la izquierda y sube por el centro. Son formas de hacer. Sin embargo no esconde ciertas sorpresas que nos agradan como la dosis justa de adoquines en la primera semana, lo suficiente para putear pero no para cargarse la mitad de los favoritos, por mucho que alguno se dejará sus opciones. Curioso: es como un quiero y no puedo, transitarán tangencialmente por los tramos legendarios de Roubaix –Carrefour de l´ Arbre, Mons-en-Pévèle y Arenberg- pero sin ahondar.

Luego le llaman el Tour de los homenajes, esto que en ciclismo tanto nos gusta. Que si la crono de Bergerac y Miguel Indurain en el 94, que si la salida británica por Froome y Wiggins, que si Ypres por la Primera Guerra Mundial, pero puestos a hurgar, dos siniestros personajes también emergen. La carrera arribará el tercer día  Londres por los mismos paseos que vio ganar el oro olímpico a Alexander Vinokourov, más tarde hará alto en Hautacam, desconozco si Bjarne Rijs estará para recordar tiempos pasados. Incluso se vuelve a la Planche des Belles Filles, allí donde los radares y medidores de watios supieron por primera vez de la potencia de las pedaladas de Froome. Metidos a buscar homenajes, seguramente encontraríamos uno cada día.

Luego está la montaña, o mejor dicho la mini montaña. Como dijimos, de entre las franquicias galas sólo dos grandes colosos, Izoard y Tourmalet. No nos parece mal, ciertamente. Dado que el pelotón ha ascendido grandes mitos a ritmo de cicloturistas en las últimas ediciones, mejor que mancillen puertos de medio pelo antes de jugárselo todo al final, bien al final.

Ya está, ya tenemos recorrido. Defensores y detractores a partes iguales, es lo que hay, nunca llueve a gusto de todos. Este ciclismo de Excel y túneles de viento es insondable y ni siquiera el Tour tiene la llave del éxito.

Foto tomada de Facebook del Tour de Francia

  • Astoraka

    Me da la impresión que siempre se deja algo en el tintero, no se preocupe Sr Prudhomme, tiene montaña para aburrir en Francia…no tenga miedo a repertir.