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Una buena persona llamada Luis Ocaña

Ciclismo antiguo

Una buena persona llamada Luis Ocaña

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

Con Ocaña no había gris, era blanco o negro, sin punto medio, nunca equidistante. “Él tiraba y tiraba, se dejaba el alma y llegado a un punto reventaba. Se había acabado la historia. Punto, no había más” me contó un día “Taxy Key”, también Jaume Mir.

Cambrils ZC, Gran fondo

Pasión, orgullo, una infancia terrible, machacada por las consecuencias de la pobreza extrema de la postguerra, en un confín de Cuenca, donde los inviernos son largos y gélidos, y los veranos secos, duros y ásperos. Extremos en su hábitat, extremos en su vida.

Cuando se fue a Francia pasó al limbo. Allí era español, aqui francés. Le insistieron, le rogaron ser galo, nunca aceptó. No obstante halló el camino del éxito a base de riñones, de romperlo todo: él el primero, el resto después.

Luis Ocaña no fue el ciclista con el mejor palmarés de la historia, tuvo un recorrido interesante, de los mejores de su época, pero sin duda corto para la valía que dejaba sobre la máquina, regurgitando cada aliento de su ser. Ganó un Tour, que debieron ser dos, ganó una Vuelta, que debieron ser dos, sin embargo, todos los que le vieron coinciden: nunca apreciaron nada igual  Luis Ocaña, ni el multilaureado Miguel Indurain. 

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Obsesionado con ganar no, aplastar a Eddy Merckx, como Carlos Arribas describe en su río de ingenio y narrativa, se traicionó a sí mismo cuando salió como un resorte, sin necesitarlo, tácticamente hablando, a por el Caníbal que le acosaba en medio de una tormenta en el corazón de los Pirineos. Merckx atacó y en el descenso del Col de Mente, Ocaña dio todo, tanto, que hizo un recto y el Tour que tuvo ganado se fue al bagaje del mejor de la historia.

Luego ganó el Tour efectivamente, machacando, sobrevolando al resto, sin rival, sin Merckx. Ganó sí, pero supo que no estaba su antagonista y eso en hombres de honor hacen incompleta la satisfacción.

Una vida a tirones, diente de sierra lubricado en su armagnac, su congnac de adopción, la obsesión de entre carreras, el motivo de sus desvelos y el destino de la fortuna que amasó corriendo y ganando. Tras ser director e incomprender las debilidades de sus corredores, se metió en la radio, siendo uno de los comentastitas más lúcidos y sinceros que he conocido, tanto que ahora no escucho a ninguno, hasta que un día dejó el mundo demarcando, como un silbido, diana de una bala que dejó al mundo sin una buena persona. como casi todos me han acertado a describirlo.

Imagen de @Zapa9MFS

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