Una carrera en España en vísperas de cumplir noventa años

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Este fin de semana en Sabadell empieza la temporada catalana de carretera. Se trata de una doble cita. Primero el Trofeu Joan Escolà, en honor al que fuera ciclista y abuelo de Isaac, campeón de España sub 23 hace diez años. Al día siguiente, el domingo, el Campionat de Sabadell, una de esas carreras en las que merece la pena detenerse.

Situémonos. España, 1924. Miguel Primo de Rivera no lleva ni un año ejerciendo su dictadura. Hablamos del día 22 de junio, en Catalunya fecha celebrada, por ser víspera de la verbena de San Juan ese día tuvo lugar la primera edición del Campionat de Sabadell. Una temporada antes, la prueba tuvo un prolegómeno con la Copa Cervantes.

Casi noventa años después, la competición sigue en manos de los mismos gestores que entonces, la Unió Ciclista Sabadell. Desde entonces el campionat se ha granjeado un lugar entre las más antiguas de España. Sólo la Volta le supera en lo vetusto, quizá alguna más, pero disculpen, sencillamente no lo sé. De lo que no cabe duda es que vivir 89 años es tener una salud de hierro, a prueba de fuego. Una suerte de milagro que sorteó todo.

Los primeros trazados del Campionat de Sabadell transitaron por Terrassa, Olesa, Martorell y vuelta por Matadepera. Hoy el recorrido es de unos 120 kilómetros. Nunca excedió en exceso esta cifra. Sólo tuvo tres paréntesis, los años 1930 y 1931 y los obvios de la Guerra Civil más otro que luego reseñaremos. Gabriel Cruz, Mariano Cañardo y Francesc Payà  y Josep Maria Sans fueron los primeros en ganarlo más de una vez.

En 1945 la persona más íntimamente vinculada al ciclismo de Catalunya, Miquel Poblet logró llevarlo a su palmarés. Luego vendrían los hermanos Sant Alentà, de los cuales Albert se lo embolsó tres veces. Tuvo un efímero paréntesis en 1962. Dejó de ser profesional para convertirse en faro del campo amateur. Desde entonces en este grado camina.

Ya lo ven. Historias que alumbren el ánimo siempre podemos traer. En un momento de conflicto total, incluso. Cabe ver en este espejo sabadellense la suerte de las cosas bien hechas como el paso previo a que perduren. Ahora que la bicicleta y el ciclismo camina atolondrados por la vida, que no nos confundan, al horizonte siempre llegaremos sobre dos ruedas e impulsados por nuestra propia fuerza motor.

 

Foto tomada de cathonys.blogspot.com