Una historia de corazón que sólo puede contar un ciclista

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Algunos de vosotros os acordaréis de Alex Izquierdo. Sí, fue un chaval cuya ambición y brillo siempre despertaron la admiración de los pocos pero buenos aficionados que este país tiene en ciclocross, si bien también tuvo chance en carretera. Fue mundialista dos veces, la primera le doblaron en la primera vuelta, la segunda concluyó con el expediente limpio. En junio de 2008, perteneciendo al Fuerteventura, dijo basta cuando concluyó el Circuito Montañés, pues aunque se veía bien, no estaba al nivel de aquellos que se pueden ganar la vida en esto.
La vida no obstante da una de cal y otra de arena. Tres años después de dejar la competición recibe un mazazo: “Me entero de mi enfermedad el 11 de septiembre del año pasado. Al acabar una duatlón sufro un fuerte dolor de ingles. Fui al médico, me enviaron una ecografía urgente y me dijeron que era un tumor”. Sí un tumor testicular, sí, lo mismo exactamente que Lance Armstrong. “Me dieron diez días para saber si era maligno o benigno. Al final fue lo primero. Tuvieron que actuar muy rápido por que se extiende al momento. Fueron cuatro meses de quimioterapia con efectos brutales, cinco días y cuatro y media horas diarias. Me dejaban descansar el fin de semana. En total 172 horas de quimio”. Caída de pelo, uñas resecas, cuerpo hecho un trapo,… la quimioterapia es un veneno que te salva o te mata y a él le salió cara. “Mi vida es normal salvo que durante los próximos cinco años no puedo ser padre” accede.
He pasado por lo mismo que Armstrong. Para mí él es lo máximo, pues su capacidad para salir de lo que tenía y el nivel que alcanzó. Luego ha sido el innovador actual del ciclismo. Fibras para maillots, introdujo la biomecánica. Conozco cómo va el sistema y si en su momento no le pillaron ahora es incongruente quitarle todo lo que logró. Para mí su icono sigue intacto. Algunas frases de su libro me las hice propias”.
Salvado un cáncer, habiendo nadado por las inmensidades de la India, esta vida cuasi de película sigue su relato y éste no pasa por una hipoteca. “No quiero plantear mi vida a 60 años” ejecuta. Mientras pasa el tiempo libre que le deja el turno americano de su empresa trepando, corriendo,… con una meta en el horizonte: asaltar el Aconcagua el año que viene y en solitario. Pese a todo, no lo duda, y lo dice claro y remarcado: “Para mí la bicicleta y el ciclismo son lo máximo” .
Pero volvamos un poco al principio. Poco después de dejar la bicicleta emprendió un viaje de cuatro meses a la India, con 1.500 euros en el bolsillo y una mochila repleta de curiosidad. “Desde siempre me gustaba la montaña y la escalada. El ciclismo es muy posesivo y me demandaba mucho tiempo. Me fui solo a aprender el idioma. Hice desde Nueva Deli a Pakistán y luego al Mar Arábico. El dinero me duró cuatro meses y vine para casa, pero volví con mi novia”. Siempre en transporte público, de aquí para allá. En tren, en metro, en taxis. Lejos de los lugares turísticos.
¿Por qué el gigante asiático? “Me parece un país muy atractivo. Su primera ciudad tiene 44 millones de personas. Es un país donde no hay más cultura que la religión y tiene además el atractivo del Himalaya. Llegué a estar en Pakistán, en la zona de Cachemira, que no es tan conflictiva como lo pintan. Entras en poblados que están a la sombra del K2 y no ves el conflicto que se dice fuera”.
De aquello aprendió “la humildad como forma de vida y el realismo de saber vivir con tan poco dinero. Toda su comida es ecológica. Por muy desordenado que se vea todo, para ellos está todo perfecto. Aunque lo veas sucio y desastroso saben donde está cada cosa en cada momento. No pierden la paciencia en ningún momento”. Ahora él se considera “una persona muy humilde y vivo con muy poco. Me gusta el campo, pasear y correr”.
Para ellos además “la bicicleta es lo máximo, por muy penosa que sea la casa, para todo utilizan la bicicleta. Todos tienen una bicicleta”. De esa experiencia guarda amigos de muchos países. Ahora con los años el cliché allí adquirido, más lo vivido este último año, le sirve para salir adelante, respirar y darse cuenta de que la vida, sobre ruedas, es más llevadera…

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