Una moneda al aire en Roubaix

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Dirk Demol, Gilbert Duclos-Lassalle, Franco Ballerini, Servais Knaven, Fréderic Guesdon, Jean-Marie Wampers, Magnus Bäckstedt, Johan Van Summeren y ahora Mathew Hayman.

Este listado rápido y somero incluye nombres que como el de Hayman tienen un modesto palmarés que se adorna con una guinda, o incluso dos en el caso de Lassalle y Ballerini, llamada París-Roubaix. Este listado es el vivo ejemplo de lo complicadísima que es esta gran clásica que el domingo afloró de nosotros las más vivas emociones.

Porque a diferencia de Flandes, donde la sorpresa es más difícil, como la que protagonizó Jacky Durand hace muchos años o Nick Nuyens hace menos, Roubaix es un libro abierto, una cheque en blanco para quien lo sepa cazar al vuelo. Este hecho, 48 horas después de que los corredores aterrizaran en el emblemático velódromo, habla de la complejidad de ganar aquí y añade un poco más de mérito a las gestas de Roger De Vlaeminck y Tom Boonen, ganadores cuatro veces de la carrera de las piedras.

El domingo, cuando en Etixx materializaron el objetivo de que Boonen ganara por quinta vez la carrera, se abrió una caja de Pandora de la que no sabes como vas a salir, si triunfante, herido o simplemente ileso. La estrategia de los azules se precipitó mucho antes de Arenberg, sin la certidumbre del resultado, tan previsible en otro tipo de carreras.

Porque igual que Etixx, el Team Sky ofreció la mejor versión de su historia en una carrera que está en su debe y acabó con las bazas maltrechas en un par de curvas traicioneras. Los de negro lo hicieron casi todo bien y ganaron un podio con Ian Stannard, premio insuficiente para un equipo que en su historia ha ganado tres veces el Tour, porque el Tour se puede domar como no es posible hacerlo con Roubaix.

Y es que en esta travesía hacia el norte, las cosas no siempre son como parecen o como se quisiera. Se ha hablado mucho del sprint de Boonen en el velódromo, pero al margen de que su trazada nunca fue la mejor, aquí cuentan mil detalles y una fortaleza que a esas alturas de carrera provoca que el resultado sea inesperado. Boonen ha batido al sprint a Hincapie, Flecha, Cancellara, Ballan,… pero no ha podido con Hayman, ciclista viejo pellejo que a estas alturas adorna su escaso palmarés con esta perla, una perla que como veis no siempre cae en las manos previsibles, porque esto es otra cosa, es lo más parecido a una moneda al aire que tiene el ciclismo. Para ganar esto hay que estar fortísimo, pero hay que tener la misma dosis de suerte que de forma.

Imagen tomada del FB de París-Roubaix

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