Una resaca de EPO

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Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado por una buena resaca. Espesura mental, confundida con lentitud de movimientos, dolorcillo de cabeza y sequedad de garganta. Es el precio de los excesos. La informe ley de que la vida te devuelve lo que das y todos esos rollos filosóficos.

El ciclismo está de resaca. Si todos los males de este deporte confluyeran en una palabra, ésta sería dopaje. Es como si el concepto del mal sólo se plasmara con una foto de Adolf Hitler. Si la palabra dopaje tomara forma de una sustancia esa sería EPO, una medicina que en deporte empezó a sonar en los ochenta y que tuvo yo creo un antes y después en el Tour del 91, cuando un equipo entero llamado PDM dejó el Tour en una nube de insinuaciones, pero ninguna más alta que la otra, pues la omertá estaba en plena vigencia.

El ciclismo tiene pues resaca de EPO. Que el uso de este elemento fue más o menos generalizado creo que no se esconde ya. El senado francés dio la última pieza para corroborar una realidad que por otro lado a mí personalmente ni me enturbia ni me roba los momentos de emoción que me regalaron aquellos que ahora aparecen en listas.

He oído por activa y pasiva que el ciclismo está más limpio que nunca pero que su imagen es la peor de siempre. Curiosa paradoja. Yo quisiera creer que es cierta, pero como bien dije ayer, espero que acciones como las del senado gabacho vayan más allá del morbo y hagan un raspado concienzudo de las malas hierbas que aún crecen bajo los tubulares de quienes hoy ejercen la labor de ciclista.

Antes del Tour de Francia, Laurent Jalabert recogió sus bártulos al saberse señalado por la investigación que acaba de ver la luz. No admitió su culpa y se declaró sorprendido, pero se hizo a un lado. A mí sinceramente, como dije antes, e incluso en el momento en que cargaron toda la culpa sobre Jaja, mi percepción del ciclista sigue siendo la misma. Hay cosas que entiendo van más allá de lo químico, y la grandeza de un ciclista en la carretera, su compromiso cada vez que se pone un dorsal, los gestos con los rivales y todas esas cosas no se mejoran con un chute de EPO, ya que a muchos les encanta llamar yonkis a los deportistas que se dopan, como si su fin fuera lúdico y no profesional.

A la luz del informe, sin nombres y ojo que se concluyó que es un problema de todo el  deporte, aunque no se haya querido poner acento en esto, ha salido implicado el ya exdirector técnico de la Vuelta a España, Abrahan Olano. Yo no seré quien diga si Olano debía o no debía seguir ejerciendo su oficio. Una cosa está clara: se debía a una empresa privada, si bien por su cometido se sentó en la mesa de muchos cargos públicos de este país. Unipublic no quiso vacilar y ha prescindido de él. Olano, quizá esperanzado de que esto quedaría en esquirla y no mucho más, dijo que no sabía nada, pero el lastre es grande. Olano quiso ganar tiempo, pero es que no lo hay. Sólo anotar la actitud de Jalabert y la de guipuzcoano. Sólo eso.

Como notar también la demagógica confesión de un corredor que me merece todo el respeto por su completa y larguísima trayectoria. Sí hablo de Stuart O´ Grady quien ciño y concretó su coqueteo con la EPO al Tour del 98 en otra trampa verbal tipo Ivan Basso y otros tantos. A estas alturas un tipo tan talludito como el australiano debería saber que el público se descojona ante semejantes confesiones de medio pelo. En su país, que no aplican el perdón y la segunda oportunidad de los estados católicos, ya barruntan quitarle todas las medallas olímpicas.

Sea como fuere esta es la realidad. El ciclismo sufre una resaca que ya dura mucho, el atracón debió ser de escándalo. Esperemos no debamos tomar un café con sal.

1 COMENTARIO

  1. Con Olano se me cayó un “mito” .
    Soy de las que me gustaría que esto pasase con otros deportes… pero no; eso nunca ocurrirá, demasiados “intereses creados”.

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