Una Vuelta “estúpida”

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La segunda jornada de descanso en la Vuelta llega, como la primera, en vísperas de una etapa que se presume decisiva. Hace una semana, los ciclistas, algunos llegados en cómodo helicóptero curiosamente pagado de sus bolsillos, velaban armas para la jornada de Andorra que desató a Landa y mandó para casa a Froome. En esta ocasión, con las cosas mucho más claras y menos favoritos sobre el tapete, las estrellas que quedan en carrera prepararan la crono burgalesa, esa que se hizo para convencer a Froome de venir y que ni siquiera podrá catar el inglés de origen keniata.

Hablando de ciclistas ingleses por eso, ha vuelto a hablar el “bocachancla” de Mark Cavendish, el velocista de pólvora mojada cuyo futuro parece pasar por volver a la pista, una decisión sabia, viendo el percal en carretera, en la que le gana con sobrada holgura su antiguo “domestique”, André Greipel, entre otros.

Cavendish, en la prestigiada vuelta a su país natal, ha hablado de la Vuelta a España a la que no viene desde hace unos cuatro años. El de las islas de Man ha calificado la Vuelta de “estúpida” por meter once finales en alto en una edición. El inglés se queja de la falta de oportunidades para los ciclistas de su raza, velocistas, y tacha la organización de enajenada con la concatenación de llegadas en alto “per se”.

Sinceramente, Cavendish tiene razón, la misma que no le asiste cuando se justifica en las llegadas marrulleras y desafortunadas reacciones que otras veces ha protagonizado. Que la Vuelta a España haya prestigiado un tipo de etapas, con el anuncio de rampas tan duras -se habló del 30% en la Ermita del Alba, rampas de esquí alpino- que no se mueve ni el tato hasta 800 metros de meta, es desde luego un flaco favor al ciclismo.

Se ha confundido, sin duda, espectáculo con empacho de rampas, y se olvida que por ejemplo en llegadas como Lleida, etapa tachada de intrascendente, vimos una fenomenal “volatta” despachada por un corredor que está llamado a hacer historia como Danny Van Poppel sin hablar del sprint de Caleb Ewan en Alcalá de Guadaira, dejando con las ganas a Peter Sagan.

Que corredores como Cavendish, Kittel, Greipel y otros ni se planteen la Vuelta no es un motivo de orgullo para la organización y sí un aviso para reflexionar sobre el tipo de ciclismo que se premia. Lo hemos visto en el tríptico “cántabro-asturiano” que se podría resumir en tres kilómetros en cuanto a los nombres de la general. Todo lo demás quedó entre ciclistas que, metidos en fugas largas, quisieron su minuto de gloria. Escaso bagaje para tanto ruido, la verdad.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

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