Una Vuelta que no garantiza el espectáculo

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Cuento, una, dos, tres,… hasta doce llegadas en alto. Algunas  etapas accidentadas, sumo las llanas y nos quedan dos cronos, una por equipos y una individual en la bellísima Tarazona que además integra el Moncayo  a mitad de recorrido. Esta Vuelta a España no es otra cosa que un simulacro. El equilibrio quedó en reliquia, en cosa del pasado. Sigo pensado que las cosas que ASO no se atreve a experimentar en el Tour las implementa en la Vuelta.

Siguen con la retahíla de que el año pasado vimos la mejor carrera en lustros, que se decidió a lo grande, que tuvo emoción sostenida durante días y días. No, lo siento pero no. La mejor Vuelta fue la que ganó Hinault hace treinta años por que puso de relieve todos los estadios del ciclismo y obligó a un enorme esfuerzo físico, mental  y táctico a sus actores. Venden el producto como mejor saben pero en el fondo son conscientes de que este trazado es moda, efímera y pasajera. No se pueden sostener tales desniveles, ni tal colección de altos a no ser que quieras dejar en nada las ganas de los corredores por hacer algo interesante, por armar la carrera desde lejos.

Por que en el fondo, si analizamos lo que pasó el año pasado lo concluimos como algo excepcional. Sobretodo por que confluyeron tres ciclistas de los cuales uno corrió a cuchillo toda la carrera, Alberto Contador, otro lastrado por una deficiente dirección, Alejandro Valverde, y otro, Joaquim Rodríguez, que estuvo a la defensiva hasta que sus resortes no resistieron. Con esos mimbres de incertidumbre encarnados en los tres mejores vueltómanos, españoles además, tuvimos una edición que rezumó pasión, sí, pero contenida en unos pocos minutos e instantes muy marcados. Lo llaman ciclismo de Youtube.

Incluso si nos apresuramos a mirar el mejor momento de la carrera, aquel que tiene que ver con el ciclismo de veras, fue el de Fuente De, ello fue una etapa no marcada en los manuales de los abogados de este recorrido. Es decir, la etapa con el final más sencillo de los programados resultó la más interesante de toda la carrera, desvistiendo la teoría de que el recorrido era interesante, invitaba a intentarlo y por ende generaba espectáculo.

Y es que al final nos olvidamos de lo más esencial en este tingladillo y no es otra cosa que los ciclistas. Si el año pasado no hubieran tres corredores de ese nivel y ganas no hay recorrido que remonte el tedio. Esta vez quizá podamos ver algo parecido ante el perfil de los contendientes, no está  Contador, pero sí un peleón como Vincenzo Nibali que además sabe lo que implica vestir el rojo en Madrid, pues fue él el primero en hacerlo.

Recorrido interesante para muchos, recargado para los puristas, lo que quieran, pero en la marea de muros, muretes y subidas de todo pelaje hay que tener el material humano y eso se pasa por alto muchas veces. Este recorrido asegura interesantes desenlaces, pero anodinos caminos hacia los mismos. Habrá que poner la tele a cuatro de meta.

Foto tomada de www.20minutos.com

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