Urge abrir el melón del ciclismo

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Luis Roman empieza su último post de esta manera:

Son –somos- muchos los aficionados los que piensan –pensamos- que la mayor parte de las carreras ciclistas profesionales se bloquean en exceso por el alto número de corredores por equipo, que piensan más en controlar la situación el mayor tiempo posible que en distintas alternativas tácticas desde el principio que darán mayor emoción a la prueba

Un servidor se incluye en ese “somos”. El ciclismo del presente, tal y como está concebido, está jodido. Aburre a la gente que lo sigue y no atrae a nueva. Luis centra su opinión en la cantidad de ciclistas que dispone cada equipo. Eso es muy importante, pero a mi juicio no lo único.

Lo hemos visto por ejemplo en las últimas clásicas y en especial en la Lieja-Bastogne-Lieja, un monumento del ciclismo completamente vilipendiado por un numeroso pelotón en la base de Ans. Esta situación no es la primera vez que se da, pero últimamente se produce mucho y resulta paradójica. Grandes bloques alcanzan un cuórum y mantienen quieto y junto el pelotón hasta que a ellos les interese. Ganarán o no la carrera, pero el espectáculo dado no pasará a la retina del aficionado. Como no pasarán muchas carreras ganadas desde el control y eficacia del grupo. Véase Tour de 2012 con el Team Sky.

Si echamos la vista a atrás ¿cuál fue la última gran vuelta que mereciera la pena? Yo me remontaría al Giro de 2010, donde hubo un equipazo llamado Liquigas, no en vano hicieron primero y tercero con Ivan Basso y Vincenzo Nibali, pero con un descontrol digno de tiempos prehistóricos con jornadas como aquellas de Montalcino –la del barro hasta las entrañas- o L´ Aquila –la de aquella fuga eterna- que pusieron todo el equipo verde fosforito patas arriba. De aquella incertidumbre reinante David Arroyo casi gana un Giro. También se referirán algunos a la Vuelta de 2012, pero esa fue una carrera muy peculiar por cuanto dos de sus tres grandes  protagonistas –Valverde y Contador- salían de sendas sanciones y llegaban con ganas de marcha. Purito en todo caso sólo tuvo que estar cerca de ellos hasta que se nubló en Fuente Dé.

Con todo creo que el número de efectivos por equipos es importante pero no lo único a tener en cuenta en el bodrio que se han convertido muchas carreras. Ayer mismo nos hicimos eco de las reacciones de algunos puristas por la salida del Giro desde Irlanda del Norte, un país ajeno al mundillo que ha visto de cerca el fenomenal espectáculo que significa una gran vuelta por etapas de tamaño internacional y radio mundial. Escrutar nuevos parajes está dentro de esa nueva dinámica, por cuanto airea el escenario y vende bondades lejos de los lugares habituales, o ¿no están cansados de ver subir el Tourmalet cada Tour al tran tran?.

Además convendría revisar las estructuras de la competición y para ello no cabe irse a cosas extrañas y novedosas. Tenemos otras modalidades del ciclismo como espejo de esos cambios. Ciclocross y pista, especialmente, con formatos tradicionales que sin embargo ofrecen grandes momentos y arrastran audiencias y gentíos en las cunetas. Hablamos por ejemplo de ciclismo en prime time, de noche, en las franjas interesantes para cualquier patrocinador, pero también de un sistema de competición que permute los viejos y ancestrales resortes en pos de algo más abierto y emocionante. La Vuelta a Polonia por ejemplo fue un buen banco de pruebas.

Con todo, amigo Luis, no creo que estés solo en este pensamiento que por este camino no vamos bien y permíteme un apunte, ya hubo cambios en el ciclismo como en el fútbol –al final está todo inventado- y por ejemplo Mariano Cañardo, cuyas historias estoy escribiendo para Cultura Ciclista, corrió su primer Tour desde la mitad en adelante clasificándose como el segundo de los “remplazantes” pues así se llamaban a esos ciclistas que a mitad de carrera sustituían a los “titulares”.

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