El gallo valón

0
4
vistas

Hace poco nos dio por jugar a “Diversión con banderas” con Sheldon Cooper hablando de la enseña flamenca. Entonces mencionamos, la perla del otro lado, de la proa valona, la bandera amarilla con un gallo encima. El gallo, viril criatura, que hermana esta tierra con Francia. Es la Bélgica francófona.

Y en francés va acabar hablando Alejandro Valverde, el “macho alfa” del Muro de Huy. “A 200 metros sabía que iba a ganar” dijo, ni corto ni perezoso una vez había culminado un éxito con mayúsculas que pocas veces supo tan contundente en un lugar que ya ha conquistado tres veces, pero nunca con la solvencia de esta tarde de primavera, soleada y fina, víspera del día del libro.

Fue a poco más de medio kilómetro, una vez había caído el prometedor Tim Wellens y Rui Costa se había merendado medio muro sin saber para qué, cuando Alejandro Valverde tomó el comando del grupo. Como un cuello de botella el murciano no tuvo ni que amagar, ni ponerse en medio: desde el córner su presencia intimidaba, su sombra era larga. Carrera muerta, carrera bloqueada, ésta se lanzó cuando el hombre de azul, fino y galopante, dijo “ahora y nadie pudo toserle. Por un momento pensamos que Albasini, tercero, fue Matthews, y Alaphilippe sumó otro podio para su equipo, completamente gafado en su país.

Corrió bien Movistar esta vez. Esquivaron los no pocos peligros que esconde esta ruta -que se lo pregunten a Froome- y situaron delante a Giovanni Visconti en el tramo final para desentenderse del control de la carrera. Los Katusha también jugaron sus cartas, con Caruso, pero ni Moreno ni Purito tenían la pólvora de Valverde. Es como si las piernas que auparon al triunfo al catalán, hace tres años, fueran eternas acopladas al tronco de Valverde.

Por lo demás la Flecha ofreció poco nuevo. Ni la cota nueva, metida cerca del final de Huy, consiguió obrar el milagro. En ella se jugaron los cuartos quienes debían. Nibali otra vez, como en la Amstel, miró de hacerse la cama, pero claro cuando atacas con un compañero como Luisle por delante pero cerca de ser cazado, el intento muere casi de salida. Luego estuvo Tim Wellens, un corredor que va camino de ser una estrella. La subida a Huy estaba bien marcada con su nombre de pila. No es casualidad, ciclistas valones buenos siempre ha habido, pero no muchos, sin embargo los que han surgido (Criqui, VDB, Gilbert) han sido excelentes. Wellens va en esa senda.

Quienes quieran lecturas para Lieja, que tomen sólo una. El grande que deje que esto camine solo hasta meta está jodido pero bien. A un Valverde en estado dulce, se le unirán otros como Matthews que seguro arruinarán las esperanzas de los más rácanos. El ciclismo merece más que aguantar y aguantar. La Lieja, también.

Imagen tomada de 

INFO

En breve La Biciteca inaugura sus “libros de maillot”, una serie dedicada a recordar carreras pioneras en nuestro país…

 3

El viernes último salió de Madrid en ferrocarril, con dirección a Salamanca, nuestro amigo el señor D. Manuel Cerecedas, Presidente de la Unión Velocipédica Española y del Club Velocipédico Madrileño, con objeto de hacer una exploración, en vista del propósito que esta última Sociedad abriga de organizar una carrera de resistencia de Salamanca a Madrid.
Después de descansar tres horas en Salamanca esperando que acabara de nevar, montaron en bicicleta y emprendieron el camino por una magnífica carretera, que encontraron a la sazón convertida en un río. Llegaron a  ̆vila a las seis y cuarto de
la tarde.
A las ocho de la mañana del sábado, con un frío intensísimo, salieron de esta capital, y entre nieves y un fuerte aire de cara llegaron a San Rafael. Subieron el puerto con medio metro de nieve, y en el alto del León les cogió una fuerte ventisca que les caló completamente, viéndose precisados a secarse por quinta o sexta vez en el día.

El día 12 de mayo de 1895, la carrera tuvo lugar. Este libro es la historia de aquella aventura.

Deja un comentario