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Valverde corre cómodo en el alambre

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Valverde corre cómodo en el alambre

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

“What a day”. Ciento treinta y pocos kilómetros, jornada tras el reposo, un perfil equilibrado y un espectáculo sublime. No es necesario subir por donde los telesillas que cuando hay ciclistas buenos con ganas de gresca, las cosas fluyen, por sí solas.

Ocurre lo mismo cuando se da rienda suelta a los talentos, a los elegidos para torcer la historia y domar el destino. Pasa cada vez que Alejandro Valverde sube la apuesta a niveles que sólo él y unos pocos pueden permitirse. Desde los primeros estribos del Mendola se vio que éste no sería un día cualquiera. Etapa corta, pero peleona.

Cambrils ZC, Gran fondo

La semana que pasada se criticó mucho a Movistar, ayer, aquí mismo hablamos de ello en un post que sencillamente ha disparado las lecturas de este mal anillado cuaderno. Sabía que a poco que lo viera claro, Valverde agitaría la carrera porque corre con el regusto de que las cosas, aunque no lo admitan al 100%, no se hicieron bien, y con las espaldas bien cubiertas por un palmarés de excepción que le permite ciertas licencias.

Lo increíble es que todos entraron a su juego, casi al unísono encontrándonos la realidad de una etapa infrecuente en nuestro ciclismo moderno, que la fuga tenía a casi todos los capos de la general. Faltaba Esteban Chaves que habrá de analizar qué cojones hacía al inicio de la subida, cuando sus rivales se estaban dando sin piedad y él no apareció. El colombiano sale bien parado para lo que pudo ser, se movió durante cincuenta kilómetros en el alambre del medio minuto y al final perdió un poco más. En otras ocasiones estas cosas acaban muy mal, tanto que sales expulsado de la lucha por la general que tan bien trabajaste en la jornada de Corvara.

Valverde ganó la etapa y tiene el podio bastante despejado. Lo ha logrado el día que le han dicho “sal y gana”, sin compañeros jugando a no sé qué por delante, sin frenos, con Andrey Amador venido a menos, como ya dejaba entrever la semana pasada, y con el talento que le ha caído del cielo a su servicio.

La etapa ha sido cruel, y van tres ya, con Vincenzo Nibali, a quien no hay que escatimarle ningún elogio, porque sigue al pie del cañón, pero chico, las fuerzas no acompañan y la forma se queda corta, sus bolas no llegan al final de la pista y con tanto goteo de segundos la carrera se están convirtiendo en su gota malaya. Sale del podio y no tiene pinta de recuperar la iniciativa. El día deja dos héroes que corren a por todo, Ilnur Zakarin y Bob Jungels, dos villanos, Rafal Majka y Domenico Pozzovivo, y un “tonto a las tres” Joe Dombrowski quien negando las leyes de la física se quedó del primer grupo en un llano por no querer cerrar un hueco. Terrible.

En otro orden corre el líder holandés, quien enfrió los ataques saliendo en persona uno por uno. Eso es valentía y seguridad, no sé si es un farol, no lo parece, pero como cada día se le planteé así a Steven Kruijswijk se le va a hacer muy largo esto, más si estos nervios le permiten conciliar el sueño, quizá abrir la mano con quienes no le son peligrosos sea la solución.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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