Valverde no cuaja más allá de los Pirineos

2
272
vistas

En la mitología romana, Saturno era un prominente dios de la cosecha. Representado siempre con una hoz en la mano, pudo reinar gracias a un pacto con su hermano mayor Titán, que le cedió el honor con la condición de que no podría engendrar hijos. Cuando Saturno tuvo descendencia con Ops, no le quedó más remedio que devorar a cada uno de sus vástagos, un destino del que sólo se salvaron Júpiter, Neptuno y Plutón.

España podría, en ocasiones, compararse con Saturno. Un país que, y aquí nos ceñimos al ámbito deportivo, ha dado una gran cantidad de hijos pródigos que fueron devorados con crueldad infinita cuando dejaron de ser útiles. Algunos, incluso –los motivos son tan variopintos como incomprensibles–, cuando estaban en lo más alto de sus reinados. Otros, como los tres hijos de Saturno que Ops decidió ocultar, se salvaron de la quema. Ahí tenemos a los Gasol, a los Nadal… y, por el momento, a Valverde. Ese murciano que nos ha regalado el pasado fin de semana en Lieja su última –por el momento, porque seguro que hay más por llegar– genialidad. Un país entero rendido a sus pies. Un triunfo épico que se suma a una larga lista.

Pero el mayor logro de Alejandro Valverde es, probablemente, ser querido y respetado por sus compatriotas. Algo que ya hemos dicho que no siempre es fácil. Incluso, como es el caso del murciano, cuando su estilo de correr –las famosas Valverdadas–, su elección de calendario y su paso por la Operación Puerto podrían haberle colocado en el disparadero del oportunismo crítico. Todo ello ha quedado, sin embargo, reducido a la mínima expresión gracias, sin duda alguna, a una forma de ser peculiar. No dará grandes titulares. No se mojará en grandes asuntos. No es un tipo mediático, que parece ser la vara de medir la popularidad hoy en día. En resumen, no es un candidato ideal para un reality de la cadena amiga. Y, seguramente por todo eso, le vemos como el vecino de al lado. Una persona normal. Una suerte de primus inter pares que cae bien.

Pero, eso sólo sucede en España. Fuera de nuestras fronteras la historia es distinta. Valverde no cuaja. El mercado anglosajón, que se ha hecho con el control mediático del ciclismo –este es un tema a tratar otro día y en el que tenemos que hacer muchísima autocrítica los medios de los países históricos–, le tiene ganas.

Este mismo mes, he publicado una extensa entrevista con él en la revista inglesa Procycling, cuyo punto de partida no era otro, y esto me sorprendió, que presentar a Alejandro Valverde al gran público. La dirección de Procycling –y esto es algo que hay que reconocerle y alabarle– me sorprendió afirmando que Valverde es un tipo que no cae especialmente bien –nótese el eufemismo– en el Reino Unido. Sin embargo  nadie que le conociese para poder haberse formado esa opinión, me dio una sola instrucción: “no puedes hacer una entrevista-masaje, pero no queremos enfocarla hacia los prejuicios que aquí podamos tener”. En otras palabras, si el tipo realmente es buena gente, que se refleje. Si es un impresentable, que se refleje. Queremos conocerle de verdad.

No sé –no lo creo– que una entrevista pueda cambiar la percepción que se pueda tener del corredor, aunque me quedo con una conversación posterior con mi editor en la que se mostraba gratamente sorprendido por la imagen del corredor. El problema de Valverde no es tanto, como él reflexionaba en esa entrevista (se puede leer en español e íntegra en las cuatro entregas de Ciclo 21), la barrera idiomática. El problema de Valverde es, a partes iguales, su pasado y su superioridad.

A nadie se le debe de escapar, y no es mi intención juzgarlo, que en muchos países existe una conciencia colectiva y, quizá, hipócrita de tolerancia cero que se administra al antojo. Podría, seguro, Valverde haber superado su pasado como lo ha hecho en España, pero ahí nos encontramos con su segundo bendito problema: es inmensamente superior a casi todos. Hablando en plata: se ha encargado de joderle el palmarés y los grandes triunfos a corredores de todas las grandes potencias. Ha mancillado a italianos, belgas, holandeses, franceses, británicos, americanos… y eso, amigos, nos se perdona.

Valverde es profeta en su tierra, pero no conquista otros reinos. Ni falta que le hace. Él ha llegado a ese punto en su carrera, como me decía en esa entrevista, en la que corre para divertirse y divertir. Para disfrutar y hacer disfrutar. Para que sentir el calor de su público. Y eso tiene una derivada importantísima para nuestro ciclismo: ayuda a las carreras más pequeñas. Da nombre y caché a pruebas como Mallorca, GP Miguel Indurain o Vuelta a La Rioja, por nombrar sólo los ejemplos de este 2015. Eso, aunque sea una derivada, es algo importantísimo. Por eso se le quiere y se le respeta. Porque gana. Porque da espectáculo. Porque hace disfrutar. Porque ayuda al ciclismo.

A él, en el fondo, me da la impresión de que le da absolutamente igual que le quieran más o menos al norte de los Pirineos, al este del Mediterráneo, al Sur del estrecho o al oeste del Atlántico. Creo que a sus 35 años todo eso le da igual. De la misma manera que le dan igual esas críticas que le lanzamos aquellos que pensamos que debería de olvidarse del Tour y centrarse en hacerse todavía más grande en las carreras de un día. Él va a la suya. A quien le guste, bien. A quien no le guste, bien también. Y, ¿saben qué? En el fondo, le respeto por ello. Porque se lo ha ganado. Porque eso le hace feliz. Porque, haciendo las cosas de esa manera, nos regala momentos como la Lieja del pasado domingo, donde nos hace felices a los demás. En definitiva, porque si no lo hiciese de esa forma, no sería Valverde. Sería otro hijo más devorado por Saturno.

Por Nicolas Van Looy

INFO

Sondea y compra el maillot de Alejandro Valverde entre el material de Endura

1

Publicidad

2 COMENTARIOS

  1. lo primero es felicitarte te leo diariamente. creo que tienes animadversion a contador. odio el potenciometro del sky. leo las historias de lapize en el tourmalet de coppi bartoli en el giro. de bahamontes en su locura. amo este deporte como los que te leen. y lamento tu animadversion al unico español que intenta dar espectaculo mas alla del ultimo km. don alberto. he ido dos veces a ver la vuelta en directo 2011 2012 y no sabes la inmensa emocion qie me dio verlo solo comparable a los heroes de la recopa. deberiamos añadir como explota su imagen para potenciar su deporte

Deja un comentario