Y Van Avermaet encontró el oro

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En el ciclismo hay quienes las ven venir y quienes lo quieren tanto que van a por ello, sin reservas. Rio de Janeiro estuvo en un tris de coronar a un ciclista que, con todos los respetos, no merecía bañase en oro, como mucho el bronce que se llevó, que es el correspondería cuando iba fugado con Nibali y Henao.

Lo siento pero Rafal Majka no tenía que ser campeón. Obviamente hizo algún mérito, porque estar delante a esas alturas es admirable, pero el polaco hizo del precioso circuito de Río su catenaccio, y la verdad ya nos aburrimos mucho de racanería y conservadurismo en el Tour como para una carrera corrida a cuchillo nos diera un resultado similar.

Ha ganado un corredor que muchas veces ha sido parte perjudicada. Un ciclista que no escatima, que corre para ganar, no se esconde, exhibe, muestra y da lo que tiene. Greg Van Avermaet, campeón olímpico, pero qué bien suena. Este tipo, muchas veces ahogado por su generosidad ha tenido el premio que merece a una trayectoria que paulatinamente camina por los derroteros que le anticipábamos hace unos años, tantos como ocho, cuando empezó a destacar en la primera Vuelta España que ganó Contador.

A ver, Río ha sido una carrera dura, mucho, pero lejos de lo que preveían los nuestros. Ha ganado un clasicómano porque ha corrido como si fuera una clásica, y sin esperar ayuda de nadie. Nada de llegar de uno en uno y esas cosas. Van Avermaet se metió en el corte lejano, cuando pocos imaginaban que ahí podía estar la decision. Se rodeó de gente buena, como Geraint, otro que no se esconde, y de ahí fue nadando.

La carrera tuvo dos momentos clave, estelares. Vincezo Nibali es el hombre, el ciclista que dijo en el Tour que Rio le quitaba el sueño y lo demostró. Armó un corte como Dios manda, desnudando la enésima estrategia fallida de los españoles y luego mandando y demoschando en grupo de los mejores. Nibali se cayó, por segunda vez en quince días, y habrá de analizar qué narices le pasa para perder carreras ahí donde las ganaba antes, pero su desgracia se llevó por delante dos careras excepcionales, la suya y la de Henao, quien murió con el sueño colombiano como Uran lo hizo hace tres años en el mundial florentino. Destino cruel.

Menos mal que Van Avermaet estuvo listo con Fulgsang y armó la contra cuando había acuerdo, porque ahora la medalla colgaría del cuello de Majka, cuando lo único que hizo fue seguir a Nibali, nada más y nada menos, aunque para ello hubiera que estar insultante de forma.

Rio ha vuelto a demostrar que España, con buenos corredores, sigue sin mojar en carreras de un día. Sinceramente se creyó que esto iría por otros derroteros y pasó lo que pasó en Ponferrada, en Richmond y en tantos otros sitios desde que Samuel y Freire lograran las ultimas medallas de oro hace ya bastante tiempo. Purito tiró de casta, pero lo que dejó en la persecución le faltó en el momento de decidir. En Copacabana cruzó su última línea de meta. Le echaremos de menos, no todos se van a un paso de un podio olímpico. Él es un grande, y se retira como tal.

Imagen tomada de @COPEladeando

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