Van Avermaet y los que resisten

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Dicen que la vida es de los que tienen talento, sin duda, pero sobre todo de quienes resisten. Aquellos que caen y se levantan y así hasta el bucle infinito, tienen visos de salir airosos, a la larga, a veces muy a la larga, en su empeño y lograr lo que buscan. A mí, la primavera de adoquines que ha firmado Greg Van Avermaet me parece un poco eso y es más, me parece la perecta continuación a una racha que ya merecía y que, como veis, no parece tener parangón.

Hace poco más de un año, Greg Van Avermaet era un corredor en forma, muy en forma, pero Flandes y su vuelta tienen una cosa en su parte inicial, algo oscuro que las crónicas no acostumbran a narrar: las caídas de los grandes nombres, porque en ese tramo que muchos considerarían un prólogo sin interés, dejaron sus opciones en años diferentes Boonen, Cancellara y el año pasado Avermaet.

Llorando por la situación y roto por el dolor, Van
Avermaet recogió sus restos en la carretera y se conjuró. Empezó su Grand Slam. Se puso en órbita en el Tour, ganando una etapa excepcional, dejando atrás a Thomas De Gendt en una subida para auparse con el amarillo. Luego vino su oro olímpico, en un recorrido que en teoría no era para él, hasta Sagan renunció a disputarlo.

Abrió en ese día de agosto, calor sofocante y humedad que atraviesa, sin saberlo el belga un ciclo de triunfos muy singulares para él, pues Van Averamet, siempre rápido, se había distinguido por perder en grupos pequeños, esos que manejó un día a su antojo y en los que una vez, por ejemplo, Fabian Cancellara le rebañó todo un Flandes. Y digo eso porque Van Avermaet cumplió con el vaticinio de su punta de velocidad sobre Fuljsang y Majka.

Y ya sabéis una cosa lleva a otra, y el de BMC se hizo una pesadilla para Sagan. Igual que en el Tour de hace dos años, le batió en Canadá, en una carrera memorable, que hizo las veces de mundial y demostró que Greg ya no era el primavera de otras veces que relevaba sin esperar nada a cambio, nadó y guardó fuerzas, y luego, a inicios de esta primavera, en la Het Niuewsblad.

Antes de Roubaix, tocó pelo en Harelbeke y Wevelgem con desenlaces similares, batiendo en la primera a Gilbert y Naesen y en la segunda a Keukeliere, éste rapidísimo aunque sin la pólvora para ganarle. En Roubaix dejó a Stybar segundo y Langeveld, tercero. Una primavera casi perfecta. Cuatro grandes clásicas sobre cinco posibles, y en la que no ganó fue segundo. Si Flanders Classics hiciera un ranking, al que sumara Roubaix, sería una hoja limpia.

Van Avermaet ha demostrado que quien resiste puede acabar emergiendo. No siempre pasa, no es una regla fija, pero cuando llevas unos años tocando las mismas teclas, te dejas lo mejor de tu persona en ello y ves que no entra el balón, uno se desespera. A Sagan le costó un mundo ganar un monumento, a Van Avermaet también, pero celebramos que ya tenga un adoquin en su casa. Seguro que le guardará un lugar especial, para que lo vean bien los de casa y los invitados.

No podía ser de otra manera, el sueño de una vida. No sé si se prodigará por Ardenas. No hace mucho decíamos que precisamente Van Avermaet era de los pocos que podía brillar en ambos terrenos como posiblemente lo haga este año Gilbert. Si está, perfecto, en caso contrario que descanse, se lo ha ganado, ya lo creo, ha roto el techo de cristal y nos ha demostrado eso de quien la sigue…

Imagen tomada de http://www.rondevanvlaanderen.be/

INFO

La superficie de la llanta PR1400 Oxic tiene una capa de cerámica que dar un aspecto espectacular by DT Swiss

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