Van Avermaet, Nibali y la emoción

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Hay cierto consenso en asegurar que la carrera olímpica de fondo ha sido la mejor competición del año. Discrepo, para un servidor ha sido la París-Roubaix más frenética y con más cosas que contar en los últimos 120 kilómetros que recuerdo. A ver son cuestiones, subjetivas, sin más, lo de Río respondió a una competición singular, por muchas cuestiones, por la configuración de la parrilla de salida, con equipos máximo de cinco por maillot, por su dureza y por el entorno, porque las estampas del pelotón circulando por carreteras acosadas por el océano encajadas a la final de acantilados verdes, fueron el aliño perfecto a una extraordinaria tarde-noche de ciclismo.

En Río vimos lo que muchas veces hemos dicho, el ciclismo es emoción y entrega. Se puede ganar de muchas maneras, y todas son legítimas, pero cuando le añades corazón, eso es otra cosa. Y es lo que ha hecho Greg Van Avermaet en toda su trayectoria vital dentro de un pelotón. Van Avermaet ha sido algo así como el tercer hombre de la modernidad belga. Si Magni convivió con Coppi y Bartali, Greg lo está haciendo con Boonen y Gilbert, ambos campeones del mundo, que se codean con uno olímpico. No sé si es mirarles de tú a tú, pero se le asemeja.

Van Avermaet ha sido el eslabón perdido muchas veces. El ciclista que siempre cruzaba la meta con cara de circunstancias porque alguien se le adelantaba. El corredor que sin embargo nunca cedía al desaliento, que siempre tenía un algo que ofrecer. Un corredor que sin duda se ha ganado el cariño de la afición, que ni siquiera le recuerda asuntos turbios que a punto le dejaron sin correr.

Van Avermaet demostró con su librillo cuán equivocados estaban en la selección español, ni se llegó de uno en uno, ni ganó un escalador. Estuvo cerca de hacerlo Majka, pero su físico sencillamente reventó. Van Avermaet demostró que estas carreras se ganan tomando la iniciativa, yéndose delante y mostrándote al viento, porque remontar aqui es terrible y te pone una losa en las piernas, lo puede decir Purito.

Van Avermaet es el campeón de Rio pero Vincenzo Nibali, y también Henao, valiente carrera se cascó, es el campeón de los corazones. En un tris pasó de disputar el oro a tener las dos clavículas rotas, “What a rider” dirían. Nibali es el ciclista con mayor personalidad y contundencia del pelotón, como sepa que es capaz, la cabezonerá que muestra es cautivadora. Nibali sólo se mueve si lo ve claro, no hace ataques de peseta de Contador, no se queda a medias como Valverde y no deshumaniza sus gestas como Froome.

Nibali es un campeón efectivo, por ese palmarés que le acompaña, pero es también un campeón del alma, porque sus performances quedan en la retina, tanto que siempre diremos: “ah Río, donde ganó Van Avermaet cuando Nibali se cayó bajando”.

Imagen tomada de www.t13.cl

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