Vive la France… cycliste

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La semana que nos ocupa está viendo el desarrollo de la sesenta y pico edición de la París-Niza, la carrera que juntamente a Het Volk, ahora con nombre rediseñado por motivos mercantiles, abría tradicionalmente el meollo de la primavera ciclista. Ahora ese centro de gravedad que ejerce la otrora llamada Carrera del Sol, cuando la nieve ha hecho presencia en ella en más de una ocasión, parece intacto si bien la profusión de eventos desde el mes de enero y en otras latitudes han difuminado en parte esa gran atracción que ejerce el primer gran foro por etapas del año.
Por mucho que los estadísticos recuerden que vamos hacia los treinta años desde que un francés ganara el último Tour (Bernard Hinault, 1985), Francia se puede seguir considerando, con matices, el ombligo de un ciclismo mundial que cada vez habla más inglés. Gozan de una calidad y cantidad de sponsors que vista la ausencia de primeros espadas anuncia una cultura ciclista asentada. No hablar de salarios ni condiciones para los ciclistas más allá de los Pirineos.
Parte de la historia moderna de Francia se escribe sobre dos ruedas y de ello hacen bandera. En nuestro país vecino del norte, aunque los resultados no acompañen, no abandonan el sano ejercicio de apoyar un deporte que antaño les hiciera grandes y que ahora no les sonríe, sea por el motivo que sea. Obviamente la atracción de una carrera como el Tour de Francia es  clave en esta bonanza de mecenazgo, pero por otro lado su calendario, también en la órbita en gran parte de ASO, sigue intacto con el paso de los años.
Es realmente envidiable ver la cobertura de una carrera como la que estos días centra su atención y como los franceses la saben vender con el mejor envoltorio. Un privilegio las tomas aéreas que invitan a conocer el lugar. Y otro mayor, que una París-Niza goce seguimiento multimedia similar al Tour.
Y hay más. Siguiendo con este dibujo de trazos gruesos y completamente subjetivo, nos causa estupor primero el tratamiento del ciclismo como noticia de portada en muchas estaciones del año (la portada de L´ Equipe, diario íntimamente ligado a este deporte, es ejemplo palpable) y segundo la enorme calidad editorial que rodea a este deporte. No hace mucho pude adquirir dos muestras de esta industria, tan ignorada en España, con publicaciones monográficas sobre el Ventoux y el Tourmalet. Qué bien nos hace la librería francesa de Barcelona.
Por todo ello, Vive la France, mais la cycliste 

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