Vivir de los sueños de los demás

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Madre mía, leo la historia que Fernando Ferrari cuenta en este artículo sobre el equipo de Bolivia y no acierto a añadir o quitar nada de lo que explica. Es una película de terror, como una precuela de algo que has visto y leído mil veces, que incluso has vivido en tus carnes, o en gente cercana, una forma de tomar el pelo, de tomar por gilipollas a las personas que te rodean. Una forma de vivir de los sueños de los demás.

Leed la pieza, es larga pero no tiene desperdicio, lo peor es que la historia del ciclismo está trufada de cosas así, llena de sinvergüenzas que llaman pros a quienes no lo son, que les hacen creer que esto sigue adelante, que hay dinero, que existe el calendario, que se tienen los medios y luego qué, el vacío y un grupo de jóvenes talentos desperdiciados en no sé qué, que seguro echarán pestes de ciclismo cada vez que tercien una palabra con alguien.

Hortelano es el vértice de toda la historia, un apellido del que ya recuerdo de mis primeros años en el Meta 2Mil, el ciclismo, el deporte en general, todo aquello que vive en parte de la buena fe y el altruismo de muchas personas, pasa mucho en el periodismo, que confían a ciegas en lo que sea, es un nido de auténticas víboras, vividores que saben aprovecharse de la candidez de algunos, aunque ello saque lo peor de sí mismos. Barra libre.

El proyecto boliviano ya tenía gente ducha en la materia, Lale Cubino, el ciclista de las pocas pero buenísimas victorias, de hace un cuarto de siglo, un tipo que sabía a lo que venía y ha acabado de vuelta en su Béjar natal. Egoitz García, en muchas tardes de primavera el mejor español en las clásicas, ya se lo olió y dijo basta.

Si pillan a estos, gente con tablas y mimbres en el gremio, qué no han de hacer con los chavales. Como en esa historia para no dormir que fue el Pino Road, la ensoñación de un chileno caradura cuya catadura nos contó aquí mismo una de las personas damnificadas.

Perdonadme, pero no veo la ganancia en todo esto, no veo qué tiene de margen tomarle el pelo a un puñado de críos, más allá de intentar estafar a quien ponga el dinero. Llamadme timorato, pero yo tengo otra noción de los negocios, aquel acuerdo en el que las dos partes deben salir satisfechas. Aquí lo que sale es una persona que tendrá que ir mirando por las esquinas con miedo a que se lo pelen.

En este ciclismo de Nibali, Nairo y Contador, también hay miserias, hay pies de barro, auténticos sumideros de mierda, de gentuza que vive y no deja vivir y lo peor es que la historia se repite, cíclicamente, cada cierto tiempo. En el Colombia acabaron hasta los cojones de sus gestores europeos, otros más o menos igual, y ahora la experiencia boliviana. ¿De verdad que nadie lo ve venir?

Imagen tomada de Ciclo21

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