Volta, la contracrónica

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Esta vez, hay que decirlo, la Volta a Catalunya en un voluntarioso  esfuerzo por parte de sus organizadores había logrado inscribir a un buen número de figuras de prestigio del campo internacional, lo cual hacía presagiar que la carrera por etapas en cuestión sería una competición un tanto incierta en cuanto a su resultado final ante la gran incógnita que se cernía en el ambiente por saber qué corredor podría erigirse como posible vencedor.

La experiencia se hace cotizar

En la salida de la ronda catalana se barajaban varios ciclistas en esta prueba que cumplía nada menos su 95ª edición, una efeméride que marca  una larga y aquilatada historia. El australiano Richie Porte, natural de Tasmania y con 30 años sobre sus espaldas, producto de una ascendente carrera deportiva, con un historial salpicado con innumerables actuaciones de mérito, acaba de lograr un triunfo de  categoría dentro de la lógica de los acontecimientos que se acaban de vivir y que nos trae a la memoria su reciente victoria lograda en la París-Niza, carrera de largo kilometraje y de alto rango mundial. En fin, que no sonó la flauta por casualidad, diríamos en un sentido amplio de la palabra.

Aparte de una etapa inicial que se decantó abiertamente a favor de tres atrevidos  ciclistas: el polaco Paterski, el francés Rolland y el belga De Clercq, que cobraron una ventaja casi inalcanzable de casi tres minutos, y que incluso después, escalonadamente, ocuparon la plaza de líder de la ronda catalana, la situación se transformó en un plano más realista a raíz de la etapa reina, la cuarta, que concluyó en el ascenso a La Molina, en la cota de 1.725 metros, donde el estadounidense Van Garderen nos ofreció su número y, por otra parte, Porte, destacado también en aquella jornada, nos dio a entender que sus intenciones iban a más arriba, a más altos vuelos, como así fue.

Barcelona estaba de fiesta

En lo que nos restaba de la Volta creció la emoción con más fervor ante la incertidumbre de los hechos. Resultaba paradójico el comprobar que en la clasificación absoluta había encerrados bajo el margen de 27 segundos de tiempo nada menos que seis corredores aspirantes. Porte apuró su carta decisiva en la quinta etapa con llegada a la localidad de Valls ante el hundimiento inesperado de De Clercq, que lucía precisamente el liderato. El australiano se valió de un tiempo mínimo, pero que valía oro, al enfundarse la elástica que ya no abandonaría hasta el colofón final y triunfante que enarboló en las cuestas de Montjuïc, en la ciudad de Barcelona, vestida de fiesta, ante un público vibrante al que no estábamos acostumbrados a ver.

Alguien especuló que a lo mejor en la etapa final, la de la apoteosis en donde entrarían en juego las bonificaciones, una fórmula que creemos del todo injusta, podría inclinar la balanza a favor de cualquier otro ciclista apretujado entre los primeros de la tabla. Por suerte, la clasificación general ya no cambió de propietario. Porte, el de el país de los canguros, con todo merecimiento se adjudicó la Volta, apoyado muy de cerca por el férreo control llevado a cabo por su equipo, el Team Sky, radicada en la ciudad inglesa de Manchester.

Pisó podio el español Alejandro Valverde (2º), muy incisivo, y ganador nada menos de tres etapas con finales en Olot, Valls y en Barcelona. No está nada mal el vencer en tres sobre la totalidad que sumaban siete. Las bonificaciones de rigor le dieron el empuje del éxito alcanzado. Asimismo, el italiano Domenico Pozzovivo (3º), eficaz, merece una especial mención al pedalear siempre casi en primera línea.

Por Gerardo  Fuster

Imagen tomada de eldigital.bcn.cat

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