Volta, la contracrónica

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Esta vez, hay que decirlo, la Volta a Catalunya en un loable esfuerzo por parte de sus organizadores, había logrado inscribir a un buen número de figuras de prestigio, que presagiaba una reñida competición con no pocas emociones cara al posible vencedor, la gran incógnita en sus inicios. Se barajaban a la par varios ciclistas de rango, tales como los británicos Froome y Thomas, los colombianos Quintana y Urán, el australiano Porte y el italiano Aru, y, por parte de nuestros representantes, estaban en la cita el catalán Joaquín Rodríguez y el madrileño Alberto Contador, entre algunos otros.

Las cosas fueron así

Rompiendo cábalas y expectativas la balanza en torno al resultado definitivo se inclinó, aunque por escasa diferencia de tiempo, a favor de Nairo Quintana, que realizó una gran gesta en la etapa reina que culminó en la cima del Puerto Ainé, situado en el corazón de los Pirineos en tierras andorranas.

Desbancó en un magnífico alarde de facultades al irlandés Daniel Martin, que lucía hasta entonces la elástica de líder. Quintana, llamado comúnmente por sus paisanos “El escarabajo de oro”, se hizo efectivamente con el liderato con una ventaja mínima, pero substanciosa, manteniendo su privilegiada posición hasta el término de la prueba, que tuvo lugar en la popular montaña de Montjuïc, un escenario tradicional que no muere.

El español Contador, que poseía serias opciones para el título, no pudo arrebatarle la victoria a pesar de que quedaban en danza unos segundos de tiempo de bonificación que se asignaban en las etapas y en las metas volantes, una fórmula que nunca nos ha complacido. El ciclista de Pinto se debió conformar con ser segundo en la clasificación general, mientras que el irlandés Martin, con su tercer lugar, ocupó en última instancia el podio en detrimento del australiano Porte, vencedor precisamente de la pasada edición de la Volta, que debió rendirse con ser cuarto en la tabla tras la consabida pugna diaria en la cual los segundos de tiempo han estado en danza frene a los acontecimientos.

En el cascarón del minuto

Basta mencionar como dato estadístico que hubieron ocho corredores, los primeros en la clasificación final absoluta, encerrados en el minuto de tiempo, cosa una tanto inaudita en una competición que constaba de siete etapas, totalizando un computo o suma conjunta de 1.220 kilómetros, una cifra que parecía que tenía su peso específico y que en apariencia debía tener un valor selectivo en las horas de la verdad.

La conclusión que deducimos es que su desenvolvimiento real no fue así. A fin de cuentas las emociones de la prueba se centraron básicamente en la tercera y cuarta etapa, con sendas llegadas que culminaron en el alto de La Molina (Alp) y en el Port Ainé, respectivamente. El resto de las etapas en litigio fueron más bien de relleno, dando rienda suelta a los audaces y a los considerados velocistas, con afán de lucirse siquiera por un día. Su importancia fue tan sólo un tanto relativa, sin alta consideración.

Lo que hemos notado en esta prueba de abolengo histórico, aparte de las dos mencionadas jornadas de alta montaña, es que los equipos en liza -fueron veinticuatro- hicieron todo lo posible en controlar drásticamente los movimientos que tuvo la carrera, paralizando todas las escaramuzas de cierta identidad o peligrosas que pudieran alterar el desarrollo de la carrera. Los considerados ciclistas de prestigio no estaban para dar concesiones de ninguna clase. Su trabajo consistía en mandar a los peones de brega en vanguardia para vigilar todas las iniciativas que estaban en su mano poder neutralizar.

Las consecuencias fueron que la mayoría de etapas disputadas carecieron de emoción y más al estar ausentes montañas de alto copete, un factor indiscutible que obliga automáticamente a seleccionar a los participantes, al gran pelotón. Los puertos, insistimos, de segunda o tercera categoría, servían de muy poco. Los atletas del pedal con su preparación física adecuada, con el progreso mecánico y con la lindeza de las carreteras actuales, nos ofrecían un panorama que rayaba a la monotonía; es decir, todo era el vislumbrar a un grupo amplio de ciclistas apelotonados en un espacio cien o doscientos metros, con unos escapados por delante que no ofrecían un serio peligro en aras a la clasificación. A los fugados se les concedía un día de permiso. Todo lo demás quedaba quieto. Pedaleando y sin alternativas de envergadura, se entiende.

Quintana supo defender su puesto hasta el final

El ciclista colombiano, en algunas fases en el curso de las postreras etapas cuando ya lucía la elástica de líder, supo defender su corona con cierta astucia e inteligencia táctica en detrimento del que fue su rival más directo, Alberto Contador, que conquistó a fin de cuentas, repetimos, el segundo lugar en el podio. Siete segundos de desventaja marcaron la pauta, a pesar de que hubo aficionados que conservaban en su interior ciertas ilusiones, especialmente en la última etapa.

Se intuía que la dureza que suponía el escalar ocho veces la montaña de Montjuïc, una escalada de tercera categoría, con una pendiente del 5,7%, podía trastocar la clasificación, por ejemplo, a favor del hombre de Pinto. Pero con el marcaje estricto del equipo Movistar Team, toda una sombra, no hubo nada a hacer. Así se escribió el último capítulo de la Volta, con una victoria parcial que correspondió al ruso Alexey Tsatevich, una sorpresa no esperada.

Algún eco estadístico

Como final y como simple curiosidad, revisando la clasificación definitiva de esta Volta a Catalunya que acaba de cumplir su 96ª edición, nos percatamos de que entre los diez primeros puestos solamente figura un ciclista español: Alberto Contador (2º). Todos los demás son extranjeros. A continuación cabe destacar al catalán Joaquim Rodríguez (11º), al vasco Mikel Nieve (12º) y al asturiano Daniel Navarro (13º), que no dejan de ser para nosotros un aceptable consuelo.

Con la celebrada victoria de Nairo Quintana, cabe afirmar que los colombianos alcanzan su tercer triunfo en la ronda catalana. Con anterioridad anotamos en el historial de la citada prueba a Álvaro Mejía, en la edición del año 1993, y a Hernán Buenahora, en 1998. Por lo demás, por naciones, computamos el dominio de España, que lleva en el historial de la Volta, 57 victorias. A la zaga, un tanto alejadas, figuran Francia, con 11, e Italia, con 10.
Así se escribe la historia.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB de la Volta

1 COMENTARIO

  1. […] en la que el líder del Tinkoff pudo con el colombiano dos días seguidos, uno de cara a meta, en una resolución muy similar a la que el colombiano hizo suya en Port Ainé la semana pasada y el otro la jornada que atacó de muy lejos, dejando al de Movistar a una eternidad de meta, […]

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