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Volta & Tour, un noviazgo de 106 años

Ciclismo antiguo

Volta & Tour, un noviazgo de 106 años

La Volta y el Tour se casan. Esta es la noticia ciclística la semana pasada, con permiso del “abuelo veloz” Alejando Valverde y de su discípulo aventajado, Marc Soler. Si Narciso Masferrer levantara la cabeza, el hombre se volvería a morir de un ataque de felicidad. Sí, Narciso Masferrer. Apunten ese nombre. Falleció en 1941, y os preguntaréis: ¿qué tiene que ver? ¿a quién le importa? Pues debería importarnos a todos los aficionados españoles al ciclismo, y al deporte en general. Porque Masferrer es el Padre Abraham, el patriarca, el gran inseminador del deporte en nuestro país, empezando por el velocipedismo, como lo llamaban en su época.

Masferrer fue cuatro veces presidente de la Federación Española de Ciclismo cuando todavía se llamaba Unión Velocipédica Española; parió la Federación Española de Fútbol y la de Gimnasia; apadrinó las federaciones de Atletismo y Motociclismo; fue el ideólogo de las candidaturas olímpicas de Barcelona y el padre del Estadio de Montjuïc; fundó El Mundo Deportivo en 1906 y lo dirigió hasta 1919… Para explicar su currículum entero necesitaría todo este post y me quedaría corto.

Pero Masferrer sale aquí a colación por algo muy concreto, al hilo de la boda ciclista citada al inicio. La mayoría de los medios españoles se han hecho eco estos días del enlace Volta-Tour. Las redes sociales van llenas de la buena nueva. Muy pocos saben, en cambio, que en esta alianza hay mucho de retorno a los orígenes, unos orígenes en los que Masferrer tuvo un papel central.

El 6 de enero de 1911, día de Reyes, 44 corredores tomaban la salida de la primera Volta de la historia en el viaducto de Elisenda de Montcada de Barcelona. Como organizadores de la prueba han pasado a la posteridad el extinto Club Deportivo en lo colectivo, y Miquel Arteman Cerdà en lo individual. O al menos así rezan todos los relatos actuales sobre el acontecimiento. La verdad, como de costumbre, es más compleja.

El joven Arteman era el redactor de ciclismo de El Mundo Deportivo, feudo de Masferrer. En las páginas del entonces semanario se puede leer entre líneas la instrahistoria de aquel hito histórico para el ciclismo: Masferrer estaba preparando su candidatura para un tercer mandato como presidente de la UVE (que conquistó efectivamente en diciembre de aquel año), tras un periodo de gran conflictividad en el seno de la federación, y para marcar perfil necesitaba un golpe de efecto como el que suponía organizar la primera gran carrera por etapas de España. Arteman y el Club Deportivo fueron los que lo ejecutaron; el ideólogo, el inductor indiscutible fue Masferrer.

Aparte de los réditos de imagen que este pudiera sacar de la carrera en vista a su futura candidatura presidencial, nuestro hombre actuaba con otro móvil, quizá más noble: imitar, aunque a pequeña escala, el Tour de Francia, la gran realización de su amigo Henri Desgrange. Efectivamente, el afrancesado Masferrer (había estudiado el bachillerato en Pau) era desde 1902 el corresponsal en España del diario de Desgrange, L’Auto. O sea, era el hombre de Desgrange en España. En esta calidad, Masferrer sería, años más tarde, el seleccionador de los equipos españoles que disputaron la prueba francesa en los años 30, con gran éxito, por cierto (recuérdense las gestas de los Trueba, Ezquerra, Cañardo, Berrendero, etc.).

El propio Masferrer explicó en varias ocasiones que había creado El Mundo Deportivo a imagen y semejanza de su admirado L’Auto, imitando incluso el color del papel (amarillento) en que se imprimía. La Volta, otra de las criaturas de Masferrer, también surgió de su deseo de emular “hasta los más mínimos detalles”, como confesaba el semanario, a la gran prueba francesa. Así pues, las nupcias Volta-Tour de la semana pasada se pueden interpretar, echándole un poco de fantasía y de romanticismo, como la culminación de un noviazgo que empezó hace nada menos que 106 años.

Por cierto que, en estos tiempos de polarización de opiniones en torno al “procés”, a muchos gustará, y a muchos otros decepcionará, saber que en el nacimiento de la Volta no hay ni el más mínimo asomo de catalanismo. Todo lo contrario. Masferrer, madrileño de nacimiento, hijo de catalanes, era un nacionalista español hasta la médula, como la inmensa mayoría de los catalanes de clase media y alta de la época, incluyendo a Arteman y a la plana mayor del Club Deportivo. La Volta no pretendía celebrar ni reivindicar ningún “hecho diferencial”: sus creadores dejaron muy claro que no era sino un experimento, el primer paso, la primera piedra de una futura Vuelta Ciclista a España. Pero esta es otra historia…

Por Bernat López, profesor de Comunicación de la URV y editor de Cultura Ciclista

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