Wiggins vs Armstrong, dos formas de verlo

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Este Tour parte huérfano de dos personajes y eso no es cuestión baladí. Bradley Wiggins es su último ganador y no merodea Córcega estos días. Lance Armstrong es la persona que se atribuye el mérito de socavar siete años de las cien ediciones que celebra la carrera. El primero aparece en carteles, papelería y vídeos, pero trata de pasar desapercibido viendo a sus hijos crecer mientras juegan a rugby. El otro es omitido en todo material gráfico, escrito y documental, a no ser que sea para vilipendiarle. Sin embargo reclama focos y atención con entrevistas infumables.

Por que Lance Armstrong ha sido noticia –vaya racha mediática de Ullrich a él pasando por Jalabert- por su entrevista en Le Monde, un diario que no es de la matriz mediática del Tour que ha extraído como principal entrecomillado de su entrevista con el exganador de siete Tours que “es imposible ganar el Tour sin doparse”. Bien, visto así, es cierto. Quien formula esa afirmación es un exciclista que admitió doparse para ganar la mejor carrera siete veces de forma consecutiva y con pocos matices a la discusión. Él lo sabe mejor que nadie.

Pero ¿es extensible esa afirmación a las otras 92 ediciones celebradas? Es más ¿por qué se prestigian ahora las palabras de un personaje que ha demostrado ser un mentiroso compulsivo?. Recordemos que posiblemente la pena más grande que puede purgar Lance Armstrong en su país es la de haber mentido deliberadamente en público y ante las cámaras.

Igual que dejamos en cuarentena su afirmación de que clubes de fútbol influyeron en el proceso de la Operación Puerto,  ponemos en la nevera esa aseveración que no busca otra cosa que aplicar quimio a un deporte que bastante debilitado está como para que vuelva surgir este personaje cual pesadilla recurrente.

El doble rasero de Le Monde es vomitivo, y en idéntica línea los medios que le replican aquí y allá, pues han situado en portada un tipo que despreciaron –que despreciamos-. Se cumple aquello de dijo Nicole Cooke, se gana más dopándose y contarlo a los amigos que llevando una vida de deportista honrado.

Mientras desde un lugar perdido, no sé si en las Islas Británicas, Wiggins aprecia la carrera desde la lejanía sumido en una discreción que poco le gustaba ejercitar hace bien poco. Wiggo admitió no hace mucho estar muy lejos de asumir los sacrificios que implican preparar un Tour de Francia. Una vez más queda claro, como bien explica Jorge Quintana, lo diferente que es la carretera de cualquier otra cosa en ciclismo. En el caso de Wiggins el abismo lo separa de los velódromos, allí donde estaba calentito, lo controlaba todo e incluso, e incluso, competía en serio una o dos veces al año, una en año normal, dos en ejercicio olímpico.

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