Wiggo, Vino & Cadel: “Vaya foto!!!” que diría aquel

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Bradley Wiggins top podium, with Alexandre Vinokourov (third) and Cadel Evans (second), Criterium du Dauphine 2011, stage seven

La instantánea muestra el último suspiro de la edición 2011 del Dauphiné, la carrera que sirve de experimentos no gaseosos con los estados de forma de cara al Tour. Mientras algunos optaron con por la prudencia y la mínima exposición, hete aquí Ivan Basso y Samuel Sánchez, principalmente. Otros optaron por quemar cartuchos con la esperanza de que éstos redunden en el estado de forma.
Es el caso de los aquí retratados. Una imagen que sólo estéticamente y analizada en el fondo resulta impagable por la variedad de paisajes personales, y profesionales, que encierra. A la izquierda nuestra, a la derecha del titular del maillot amarillo , para desgracia de éste, Alexandre Vinokourov enfundando en el proyecto centroasiático que nos descubrió el nombre de unas de las capitales donde la burbuja hará estragos. Vino es el hombre que ha vuelvo para ser el quien era, justo antes de reventar a positivos el Tour de 2007. Modélico en sus planteamientos ofensivos, rara es la ocasión que no lo prueba, y más rara es en la que no logra el propósito, el kazajo se postula a no sé qué en este Tour con el camino limpio, sin “contadores” de por medio que cerquen sus ambiciones. Sobre su pureza, pues no sé qué decir. No seré yo quien arroje más mierda sobre su ya rebosante “vertedero” de insinuaciones.
En el centro el lord londinense. El hombre que salió de la moderna factoría pistard británica para probar suerte, en tiempo récord, en la carretera. Por edad, progresión y verdaderas capacidades me parece un bluf, un personaje de transición hacia el auténtico “as en la manga” que el cilcismo de las islas conjura para ganar el Tour, el último bastión que les queda, pues del resto se encarga su futuro compañero Marck Cavendish, quien a golpes de “hooliganismo” impone velocidad y rompe muros. El siguiente, dice, es el maillot verde. Cómo podrán en Sky comprender dos egos tales bajo el mismo techo.
A la derecha, izquierda del de amarillo, Cadel Evans, sinceramente el ciclista más honesto que identifico. Abnegado currante, de estilo poco delicado, terquedad en el pedaleo y poco dado a alzar voz, creo que ha merecido más suerte que ese mundial conquistado en Mendrisio. No se le conocen sospechas, si quiera se insinúa su nombre. Tampoco dio muchas vueltas a cuál hubiera sido el desenlace del Tour 2007 de no haber estado Rasmussen en guerra abierta vs Contador. Su sino es el trabajo, casi espartano, como el de antaño. Un “savoire  faire” que en los tiempos que corren puede ser el válido en el futuro, y no sólo de ciclismo hablo. Cadel Evans quizá no esté ya para repetir grandes podios, pero su carrera se llena de pequeñas perlas y viendo cómo pinta el porvenir en su país, con buenos y sólidos proyectos ciclísticos, siempre podrá decir que fue un pionero en tierra extraña. 

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