Philippe Gilbert, un Mundial, muchos favoritos, mil lecturas…

La carrera más bella del año es el Campeonato del Mundo. Sugiere espontaneidad, indefinición,… te la juegas al todo o nada. Ser rácano te crucifica si no ganas, explotar le hace la faena a tus enemigos, en fin. Nos seduce por eso. Por ese factor “huevo Kinder”. Sin saber qué te va deparar. Valnekburg, bueno, Limburg 2012 no ha sido una excepción.

Llevaba todo el año pensando que sólo el Campeonato del Mundo podía eximir a Philippe Gilbert de tan nefasta temporada. Barruntaba que el belga tenía un plan muy definido. Dado que en primavera lo ha ganado todo, o casi todo, además por triplicado un mismo año, habrá pensado, quiero ser el siguiente valón tras Claude Criquielion en BCN en endosarme el arco iris. Su plan aunque arriesgado tenía fundamento.

Y lo tenía por que en una carrera de “uphill finisher” él es el mejor. Lo es sin duda, por delante de Purito, Sagan, Valverde y todos aquellos que quieran moldear bajo este apelativo. Es que no hay otro como él, y encima en el Cauberg. Bélgica sabía que lo suyo era un comodín plurinacional, tenía su candidato valón, Gilbert, junto al flamenco, Boonen. Muy mal se debía dar para que las tornas no les fueran favorables.

La carrera fue decepcionante por cuanto no se diferenció de una Amstel más en esencia. Sin embargo su perfume mundialista embriagó. Aquí fichan ciclistas que en la antepenúltima gran clásica primaveral no lo hacen. Sin embargo en una carrera que admitía muchos matices al final todo ha sido un juntitos hasta el Cauberg y que éste decida.

Claro que cuando el Cauberg sentencia no gana un cualquiera y el Mundial ha hecho justicia a un ciclista con uno de los mejores palmarés de cuantos hallamos en el top 10 mundial. Harina de otro costal es dónde estaban nuestras bazas, pues si el desarrollo de la carrera de los españoles fue perfecto su ejecución hizo aguas.

A falta de unos seis kilómetros de meta en un grupo que trinaba adivinábamos cinco maillots “rossoneri” en vanguardia del grupo. Por la derecha, a partir del cuarto o quinto, estaban las grandes bazas hispanas. Pero como por arte de magia se desvanecieron. El descomunal trabajo de Pablo Lastras y Juan Antonio Flecha se diluyó en un golpe hacia izquierda o derecha, no adiviné a verlo.

Philippe Gilbert inició su show y allí no habían secantes. Con la forma mostrada últimamente Alejandro Valverde estaba más que capacitado para seguirle, pero saltó tarde, una vez más. Una pena. Otra bala desperdiciada. Si en Madrid 2005 se precipitó y Boonen le mató y en Salzburgo aún no sabemos qué le pasó frente a Bettini y Zabel, en Valkenburg le pillaron con el carrito de loe helados. Que un ciclista de su categoría siga a estas alturas sin un oro colgado de su nuca delata esas lagunas tácticas que tanto le pesan. Otra vez será, aunque esas piernas no son eternas.

 

Foto tomada de http://www.sportmurcia.net

Serie mitos: Alfredo Binda, el primero y siempre tricampeón

La hazaña que Oscar Freire está empeñado en cosechar es singularizarse en la historia del ciclismo como el primer tetracampeón del mundo de siempre. Por lo que fuere el Mundial es una carrera cuyos mejores ciclistas no empeñan más de tres éxitos. En ese listado, amén del cántabro, residen tres leyendas como Alfredo Binda, Eddy Merck y Rik Van Steenbergen.

“Binda, Alfredo, di Cittiglio a las 16.55 horas ha completado los 178,5 kilómetros en 6 horas y 40 minutos a un promedio de 26,520 kilómetros por hora”. Éste fue el encabezamiento de la edición extraordinaria que La Gazzetta dello Sport sacó a la luz el día 21 de julio de 1927 por la consecución del primer mundial de la historia en manos de Alfredo Binda.

En el circuito alemán de Adenau, sobre los trazos del mítico curveado de Nurburgring, Binda se convirtió en el primero del listado de grandes que en su día vistieron el arco iris. Aquella mítica edición fue copada por la selección italiana que además de Binda se completaba con Girardendo, Piemontesi y Belloni. Un dream team que seccionó toda opción de sorpresa en medio del diluvio y viento que acosó a los contendientes. En la penúltima de las ocho vueltas, Binda surgió e incrementó renta sobre sus compañeros para llegar con más de siete minutos sobre Girardengo y Piamontesi. La Italia fascista tuvo aquí uno de sus pilares propagandísticos sobre las virtudes del hombre itálico.

Binda ganaría otros dos Mundiales en Lieja y Roma los años 1930 y 1932. La temporada de su primer arco iris se impuso en 12 de las 15 etapas del Giro que obviamente se atribuyó. El, junto a Girardengo, sembró el camino de los grandes que habrían de venir unos tales Bartali y Coppi.

 

Foto tomada de http://cycling-passion.com

Una selección con muchos líderes pero sin caballo ganador

José Luis de Santos es un tipo afable. Su sonrisa es la mejor seña de identidad, una forma de suavizar el aterrizaje. Siempre que un servidor le ha requerido, su disposición hizo gala a su cargo: seleccionador nacional. Pero ello no esconde una alarmante realidad, con la mejor generación que España ha tenido nunca en los Campeonatos del Mundo el bagaje es escaso.

Esta tarde mismo me comentaban lo siguiente, textualmente: “Oscar Freire me parece un capullo integral, hace tiempo que parece estar al margen de todo”. A ver lo primero, admirando al cántabro como lo admiro, me parece fuerte, lo otro es la pura realidad. El cántabro está al margen no por opción propia, sino debido a una elección obligada ante el lastimoso paisaje que rodea nuestro ciclismo. Oscar está asqueado de tanta tontería.

España acude con una selección de nueve componentes a Limburgo. A saber, cinco líderes proclamados y cuatro currelas. No hace falta ser ingeniero para ver que algo no cuadra. Se ha optado por una selección de marketing, de estrellas, y en ello se pone en riesgo la consecución de un titulo que no cae en manos hispanas desde hace ocho años, sí ocho primaveras. El último gran éxito español como selección fue el oro olímpico de Samuel Sánchez en Pekín, a donde se acudió con un equipo de estrellas, pero vertebrado para Valverde y el propio Samu. En aquella ocasión Carlos Sastre hizo un ímprobo trabajo que allanó el camino para que el asturiano se colgara la presea más preciada.

Hasta Paolo Bettini, directo conocedor de las lagunas tácticas que varan las estrellas patrias, lo ha dicho. “Aquí veo a muchos líderes”. El calvillo bicampeón del mundo es consciente de la complejidad de gestionar un grupo tan diverso. La selección, a mi parecer, no podía estar peor hecha. Hay egos muy complicados de gestionar, y hasta donde no llegan las voluntades del seleccionador antes había primas y otras prebendas para armonizar esfuerzos. Recordemos los Mundiales de Verona y Lisboa, por ejemplo, donde equipazos con Beloki, Mancebo, Nozal e incluso Valverde se pusieron en manos de Freire mediando el vil metal. Cosa por cierto que me parece de puta madre.

Veamos nuestras bazas. Se llaman ganadoras pero todas presentan tambaleos. Oscar Freire llega bien, al menos eso dejó entrever en las últimas citas. Quizá sabedor de que esto será un maricón el último ya ha ensayado fugas a lo largo de la temporada, pues confiarle su suerte a tan escasos apoyos sería un suicidio deportivo. Sigamos por Alejandro Valverde, el hombre invisible en mundiales y juegos desde que hiciera plata en Madrid 2005. Desde que Samuel le dejara en bandeja el oro en Salzburgo 2006, el murciano es una sombra. Bettini lo sabe bien.

Continuemos por Contador, ejemplo tangible de desacierto táctico como para pedirle brillantez en una carrera de un día. Su honestidad quedaría íntegra si después del bajo tono que evidenció en la crono se pusiera al servicio del grupo. Para mí Samu es un manojo de dudas al margen de una flor por deshojar, nunca sabes qué te vas a encontrar. Y nos queda Purito, quizá el as más apto si no fuera por que las grandes distancias le hacen pupa.

Ese es el percal. Cinco líderes, sí, pero no cinco bazas indiscutibles. Este mundial ofrece tantos nombres que a él optan, miremos los outsiders que aquí mismo despiezamos, que ahora mismo vender un podio son palabras mayores.

Foto tomada de RFEC

Siete outsiders que quieren ver el arco iris en el Limburgo

La cita del domingo en Valkenburg sugiere muchos nombres notables, en primera línea, para ganar el arco iris que seguramente Mark Cavendish no pueda defender por la idoneidad del recorrido para sus características. Sin embargo hurgando, Iván Valbuena (autor del blog http://elcazaetapas.blogspot.com.es/) nos pasa este listado de outsiders que dado el componente de sorpresa de esta carrera bien podrían dar el salto:

  • Simon Gerrans: 2012 está siendo la mejor temporada de su carrera profesional, y la Milán San Remo su mejor victoria. Hace pocos días lució en Canadá un espléndido momento de forma. Outsider o favorito, Gerrans promete dar guerra.
  • Thomas De Gendt: su exhibición en el Stellvio, en el Giro de este año, se guardara en las hemerotecas como una las etapas más hermosas de la última década. Este combativo escalador, jugara sus bazas por libre, en una Bélgica plagada de grandes nombres.
  • Sergio Henao: integrante de la guardia pretoriana de Chris Froome  en la pasada Vuelta, su rendimiento esta temporada ha sido más que brillante. Cuesta arriba se defiende francamente bien, y el Cauberg dará fe de ello.
  • Lars Petter Nordhaug: después de ganar en Montreal, muchos le colocan como una baza más sólida que su compatriota Boasson Hagen. A día de hoy, sus prestaciones nunca han sido tan fiables como las de Hagen, pero quizás Holanda, le confirme vistiéndole de arcoíris.
  • Alexander Kolobnev: su affaire con el doping, el año pasado, quedó ya resuelto.  Si por algo se caracteriza este ruso, futuro compañero de Contador, es por la garra y la lucha que imprime allí donde corre, sobre todo en el Mundial que varias veces ha visto desde el podio.
  • Daniel Martin: este joven irlandés no ha tenido su mejor año esta temporada, pero sus prestaciones cuesta arriba y su punta de velocidad le convierten en un ciclista a tener muy en cuenta.
  • Moreno Moser: sobrino de Francesco Moser, es uno de los jóvenes con más futuro del pelotón internacional. La calidad que atesora, y su brillante estado de forma, le permitirán ser la bala en la recámara que su seleccionador, Paolo Bettini, necesita.

“Si queremos Ciclismo 2.0 necesitamos Directores 2.0” por Mikel Zabala

El ciclismo de ruta es un deporte con un legado histórico excepcional, tanto para lo bueno como para lo malo. Hemos heredado grandes gestas, grandes hitos, pero también hemos heredado grandes vicios. Y en esta ocasión no hablamos exclusivamente del fenómeno del dopaje. Paradójicamente, al menos en el ciclismo profesional de carretera, estamos es un momento de imagen que ojalá esté comenzando a remontar el vuelo cual ave Fénix irremisiblemente mientras a la par se puede afirmar que este deporte jamás estuvo tan limpio como lo está ahora. Es decir, pésima imagen y mejor salud que nunca (¿será La Vuelta 2012 el punto de inflexión que tanto llevamos esperando muchos?).

Pese a que algunos pesimistas afirman lo contrario sin datos en la mano, heredando también ese falso consenso de que todo está mal, todos se dopan…, los datos objetivos de velocidad media, velocidad de ascensión, potencias críticas desarrolladas o los resultados del proyecto “Prevenir para Ganar” de prevención de Dopaje, dicen que estamos afianzados en la buena línea. El ciclismo parece que puede haber tomado una nueva senda, la senda de la credibilidad.

Sin embargo, esta senda está llena aún de piedras que nos quieren hacer tropezar. Una de ellas es la del Director 1.0, que aún existe alguno. Realmente este concepto parte de la idea del pretendido Ciclismo 2.0 como aquel que promulgue la abolición de todo cuanto nos ha llevado por el camino a la perdición (véase http://www.cycling-research.com/#!__craft-com-esp/filosof%C3%ADa) y del bien definido “deportista 2.0” (véase  http://www.jsc-journal.com/ojs/index.php?journal=JSC&page=article&op=view&path[]=17&path[]=35)  como base de un contexto abierto, transparente, colaborativo, que posibilite un ciclismo que recobre la credibilidad que creemos merece.

Así, asumiendo que se demanda este “ciclismo 2.0” para poder sobrevivir a los batacazos pasados ganados a pulso, para que esto funcione no sólo necesitamos “deportistas 2.0”, “médicos 2.0”… sino primero y ante todo, imperiosamente, necesitamos  “directores 2.0”.

En honor a la verdad, el director es el máximo responsable de lo que acontece en su equipo y quien contextualiza las interacciones entre sus elementos. Contrata a las personas atendiendo a su perfil y determina sus funciones. Es, o debe ser, el mayor responsable del funcionamiento de un equipo.

En el pasado hubo y hoy hay directores que pueden considerarse 2.0 y en el futuro seguirán existiendo los 1.0. No es cuestión de momento histórico sino de una decisión personal y profesional. Se trata de aceptar y trabajar por ese reto colaborativo que es el “ciclismo 2.0”.

Pero, para entender mejor de qué estamos hablando, comparemos en clave irónico-humorística, todo lo que el Director 1.0 puede aglutinar como si de un “Torrente del ciclismo” se tratara, y aquello que el Director 2.0, verdadero coach, debiera pretender:

Director 1.0

El “torrente”

Director 2.0

El “coach”

Confecciona el equipo en base al rendimiento de cada uno de sus integrantes individualmente (los ciclistas más fuertes, el médico que “hace andar más” a los corredores, el masajista que da mejor masaje… Además de al rendimiento deportivo atiende a la ética profesional y a crear el mejor clima de equipo en todas las contrataciones. No quiere a un masajista,  médico… “manchado” ni con mala reputación.
No recurre a un preparador físico, el médico sabe perfectamente qué hacer en cuanto a entrenamiento. Recurre a un equipo de profesionales del entrenamiento para planificar la temporada. Escucha a estos compañeros que le dan valiosa información sobre quién está mejor, pero y porqué. Controlan las cargas y recuperaciones de los corredores para que no lleguen “tostados” ni “verdes” a las competiciones atendiendo también al factor psicológico y personal de los corredores.
No planifica las competiciones a las que inicialmente asistirán sus corredores, ni las rotaciones, ni los periodos de descanso. Es mejor ir “sobre la marcha” según quién esté mejor en ese momento o la necesidad que surja. Planifica con los corredores de acuerdo a su perfil y circunstancias y con la ayuda del equipo de técnicos. Puede haber cambios, pero atienden a criterios y no a subjetividad o aleatoriedad.
El mando directo, hacer las cosas “porque lo mando yo” es su lema. Cree eso de “mejor que te tengan miedo que respeto” es la herramienta. Es reflexivo y hace reflexionar. Manda sin mandar, por su propio ejemplo. Es líder y es respetado porque respeta. Se basa en la explicación y en la lógica, no en el dogma de Fe. Necesita que los corredores comprendan las cosas para llevarlas a la práctica con éxito.
Cuanto menos pague a mis corredores y auxiliares, más margen me queda para otras cosas. Incluso, según quién es preferible que firme por una cantidad y luego cobre mucho menos… Paga justamente a los corredores o al menos según criterios, procura tenerlos contentos y satisfechos con su remuneración.
Repite viejas recetas porque siempre se ha hecho así. Odia la innovación o recurrir a la ciencia, a no ser que sea en pastillas o intravenosa (si se puede). No repite recetas sin fundamento, toma lo que tiene éxito y trata de mejorarlo. Recurre a la ciencia basada en la ética y no se fía de “vendedores de humo”. Se mantiene al margen de “pseudocientíficos” y busca respuesta a preguntas y problemas concretos a mejorar. Cree lo que ve o entiende.
No quiere que el ciclista estudie ni sea crítico o reflexivo, “no te pago para pensar”. Quiere que el ciclista piense por sí mismo con criterio, que sea responsable de sus actos. Quiere que opine constructivamente, que trate de sumar aunque inicialmente suponga una divergencia.
Ve en el pinganillo la forma de jugar con sus cochecitos de “Scalextric”, no la de enriquecer la táctica o mejorar la seguridad de sus corredores. Si hay pinganillo se le saca partido con feedback específico, poniendo orden, y arropando a los corredores. Si no lo hay no pasa nada, ya sabemos qué tenemos que hacer. Aún así, no se censuran comportamientos nobles y valientes, siempre que tengan fundamento, aunque puedan no salir bien. Se analizan las carreras a posterior destacando lo que se ha hecho bien y aquello que se podría mejorar, siempre asertivamente.
Cree que ser director es “llevar el volante” Ser director es ser la batuta en todo, el máximo responsable, quien establece las pautas en todos los sentidos, fuera y dentro de carrera.
Cree que la bici de CRI es como el traje de su boda, sólo para las ocasiones. Lo de preparar la CRE ya es cosa de locos, menudo lio! La CRI y CRE tiene un secreto: trabajo sistemático y organizado, pero requiere tiempo y se trabaja sin prisa en los momentos en que se puede y en los que se debe.
Cree que entrenar elementos técnico-tácticos es “una mariconada”. Cuando hay piernas, hay piernas. Trabaja específicamente el relevo, los abanicos… y además les da un sentido táctico para que los ciclistas sepan reaccionar según las circunstancias de carrera.
En las cronos grita como un verraco, el ciclista ni le entiende. Mejor, solo dirá “vamos, vamos”, “venga, vengaaaaaaa” y como mucho “esto se hace pelota”, “un poco más a la izquierda”. Su feedback será casi siempre inespecífico. En las cronos sabe adaptarse a cada corredor para sacar su 100%, sabe que cada uno es distinto y debe tratarlo como tal. Motiva, da instrucciones concretas, se anticipa a lo que ocurre, grita para animar si es necesario, y su feedback es fundamentalmente específico acerca de regulación del esfuerzo, pedaleo, desarrollo, trazadas… aderezado con el motivacional.
En la CRE se verán los “tirones”, “arrancadas”, “demarrajes”, “quasiafiladores”, trazadas antinaturales, relevos mínimos o interminables… vamos, lo que en algún Tour incluso hemos visto. El equipo funciona como tal y nadie “revienta” a los demás por mala ejecución. Los relevos en cantidad y calidad se adaptan a cada potencial individual y a las características técnicas de cada corredor. Se saca el 100% de cada uno y por tanto del equipo.
Si no tiene estudios dirá que tampoco es necesario formarse, para eso contrata a los mejores en lo suyo. Aunque no tenga estudios se forma y su actitud es de curiosidad, de mejora constante. Procura rodearse de gente mejor que él. No sabe de medicina o biomecánica, pero sabe discriminar si sus profesionales son buenos o no. No le dan gato “por liebre”.
En carrera tomará decisiones a capricho, aunque ello suponga “quemar” a uno o varios corredores. Es que “por mis güevos no se escapa nadie de este otro equipo” (será por los huevos de sus corredores). Sus decisiones en carrera atienden a criterios y a lógica. Nunca castiga a sus corredores en represalia por algo mal hecho ni entra en disputas inútiles con otros corredores. Se lleva bien con los demás  y colaborador si es posible.
No hará reuniones para preparar la etapa del día siguiente, y si lo hace será vaga y en la misma mesa de la cena. Realiza reuniones escuetas, concisas pero suficientes para que los corredores conozcan lo que acontecerá al día siguiente. Analiza con ellos en una habitación adecuada dando pie a sus aportaciones. Incluye soporte audiovisual si es necesario.
No dejará claros los roles en carrera de todos y cada uno de sus corredores porque “la carrera manda, nunca se sabe, hay que estar preparado”, excepto para los que bajarán a por agua (que luego acabarán siendo otros). Los roles de los corredores están claros y son inequívocos, nadie puede “hacer la guerra por su cuenta” sin quedar en evidencia. La nobleza y respeto a los roles asumidos es fundamental.
Fomentará que sus corredores puedan rivalizar entre ellos o que cada uno vaya a hacer su “puestecillo”, la falta de solidaridad, ya que no premia al “noble” y “compañero” sino el frío resultado, o al menos no reprenderá lo anterior. Se fomentará el compañerismo, la lealtad y la amistad, así como la alternancia de roles si es posible para satisfacer el desarrollo del potencial de cada corredor y sus objetivos.
Fomentará que se “pierda” material durante la temporada y, aún habiéndolo de sobra, llevará al extremo de la vejez los culottes de los corredores que “anden menos” o “me caigan peor”. Controla que los inventarios coincidan con lo existente y su responsable hace que a nadie le falte nada que se considere deba tener. No discrimina a nadie ni genera distinciones sin fundamento o sin necesidad.
Cuando los resultados no salgan soltará improperios y basará su feedback en la presión a sus corredores. A buenas no se consigue nada. Asume y aprende de la derrota, que ha sido cosa de todos. Sabe sacar lo mejor de cada uno de forma positiva.
Cree que eso del “coaching” es un palabro en inglés de “maricones”. Todo se arregla “echándole un par de…”. Es un verdadero “coach” aunque quizás no lo sepa. Hace que los deportistas lleguen a sus soluciones porque les escucha mucho y les induce a que se respondan sus propias preguntas. Cree que debe formarse en liderazgo positivo, coaching e inteligencia emocional. Es una persona que “engancha””, empatiza y saca el compromiso de gente por la causa común.
Le encanta hacer rallye en carrera con su coche, preferiblemente de alta gama. Vamos “en carrera” dice… y no piensa si puede atropellar incluso a uno de sus ciclistas. Es responsable al volante y se pone en el lugar de los demás que comparten la vía con él, especialmente ciclistas.
Siente que si no da un “bidón largo” es un “directorcillo”. Eso y “meter el coche” para volver a pillar “sin ton ni son” y siempre que se pueda es de “sabios”. Ah! Si mi sprinter se engancha al coche en las subidas es normal, siempre se hace… Evitará toda “trampilla” que tan poco gusta a los árbitros y jamás permitirá que nadie se enganche indecorosamente al coche. Además no solo no se ve como “un pardillo” sino que se siente mejor director así.
Ve en los árbitros a “los malos”, los enemigos a los que hay que engañar y llevar al límite de su paciencia. Los árbitros están haciendo su trabajo y nos pueden ayudar. Se debe colaborar con ellos y facilitar su ya de por sí difícil tarea.
Los demás directores son jilipollas y no tienen ni idea. Él es el mejor y el que más sabe. Los demás directores son compañeros e incluso pueden ser amigos. Aprenderemos de todos y respetaremos a todos para convivir y recibir todo lo bueno que se haga de vuelta.
No se comunica fluidamente con sus corredores, son “los otros”. Se comunica fluidamente con sus corredores y técnicos, son eslabones de la misma cadena que hay que atender y tener “engrasados”. Son compañeros que quieren el mismo objetivo.
La imagen no nos hará ir más rápido, hay que cuidar que el patrocinador se vea bien cuando se gana y se sale en la foto. No se preocupa por la imagen de su equipo, lleva las cadenas de oro saliendo del pecho y no sabe el significado de “cool”. La imagen es fundamental. No sólo hay que ser bueno sino también parecerlo. Los patrocinadores quieren una imagen cuidada, tenemos que gustarnos y gustar, estar orgullosos e identificarnos con la imagen. A ser posible todo detalle ha de ser tenido en cuenta; para ello y puede priorizarse un patrocinio de una marca de material frente a otra por cuestión de calidad y de estética frente a aquella “que nos da más”.
No es defensor de hacer cenas o actividades fuera de temporada, no es importante socializar el grupo y “hacer una piña” si no se está pedaleando. Cree en el “team building”, en socializar y dinamizar el grupo fuera de competición. Le importa “ser una piña” y propiciar un buen ambiente de equipo porque lo considera esencial.
Prefiere contratar a su “amigo mecánico” que a un “mecánico amigo”, y se jacta de que “no ha venido a hacer amigos”. Cuenta con los mejores profesionales teniendo en cuenta su personalidad, carácter, ética profesional, valores… para que sumen incluso sin pretenderlo. Del trabajo colaborativo, respetuoso y profesional pueden salir grandes amigos, pero no es lo principal.
Trata sólo con uno o, como mucho, dos representantes de corredores por propio interés, pretendiendo sacar algo en los fichajes. Escucha a todo aquel que llama a su puerta para ofrecer un producto que pueda hacernos mejorar, puede que sea interesante de verdad. Huye de “trapicheos” y de “verdades a medias”. La claridad y el respeto van por delante. Sabe dejar de ganar un poco hoy para poder ganar mucho en el futuro.
No interesan ciclistas con estudios ni que lean, eso no hace ir más rápido sobre la bici. Le  interesa que sus ciclistas sean personas que satisfagan sus inquietudes, que lean, se formen y cultiven su mente. Todo ayuda encima de la bici y fuera de ella (en entrevistas, relación con los compañeros…)

 

Y aunque hemos caricaturizado el extremo del Director 1.0 respecto al Director 2.0, creemos que el cambio hacia la nueva versión más moderna debe darse por necesidad. Siempre hubieron algunos directores 2.0 y seguirá existiendo algún 1.0, pero debemos tender a un ciclismo más culto, más “cool”, más colaborativo, más ético, donde el deportista como persona sea el eje de todo y la proyección hacia el exterior sea acorde con lo que la sociedad demanda.

Si sigue predominando el director 1.0, cosa que aun preocupa, debemos hacerle mejorar. No es el enemigo, es una versión antigua a la que podemos hacer evolucionar. Será por el bien de todos. O eso, o seguir muriendo poco a poco.

 

Por Mikel Zabala (@zabalamikel) es técnico y Coach de Ciclismo, Director técnico de la RFEC hasta Pekín 2008, Profesor y Vicedecano en la Facultad de Ciencias del Deporte de Granada

 

Foto tomada de www.elmundo.es

Ese padre que ve a su hijo ciclista partir…

“Lamento profundamente la pérdida de Victor Cabedo, sólo los que tenemos hijos realizando sus entrenos casi a diario en la carretera, nos podemos llegar a imaginar el dolor de su familia, descanse en paz. Parándose a pensarlo bien, esto del ciclismo es muy complicado, pero nos gusta tanto!! Sin ir más lejos, ayer, mi chico con tan solo 15 años me llamó. Estaba con las dos ruedas pinchadas a 30 kilómetros de casa, solo, sin compañeros, por carreteras inhóspitas donde no pasa ni un alma. Nunca le dejo salir sin el móvil, menos mal, una llamada de teléfono y a buscarlo. Mientras vas de camino, parece que no llegas nunca, cuando lo ves bien respiras hondo, menos mal. Al día siguiente vuelta a empezar. No se si merece la pena tanto sufrimiento, pero es un estilo de vida y todos estos chicos son de otra pasta”.

Este extracto íntegro lo firma Ramón Seco en su muro de Facebook al cobijo de la extrañeza por la muerte de otro ciclista, esta vez un pro, valenciano, muy joven y naranja: Víctor Cabedo. Seco es un apellido ilustre en les terres de Lleida –permítanme los castellano parlantes esta licencia-. Su muro de Facebook y su blog son paredes vidas de pasión ciclista, con historias, historietas, de ayer de hoy, todas sobre ruedas, sobre una bicicleta. En casa, no podía ser de otra manera, tiene un ciclista.

Esto es el ciclismo de bambalinas. No lo conocemos, pues lo padecen en silencio sufridos padres que asienten ante las obligaciones de sus chavales para con la bicicleta, la carretera y el ciclismo. Suena duro. “Respiras hondo, menos mal”. Momento en que ves al chaval tras llegar de entrenar o cuando le recoges en la carretera por que ha pinchado en medio de la nada.

Así es la rutina en la casa de muchos de los críos que salen diariamente a intentar ganarse la vida sobre una bicicleta. Los que somos padres nos estremecemos cuando oímos relatos así. La carretera, el vivero de ciclistas, se ha convertido en territorio hostil. Quedan otras opciones, surgen circuitos cerrados, pero no son más que apaños para intentar retrasar lo inevitable, que no es otra cosa, que un día cojan su máquina y se lancen al asfalto a hacer kilómetros.

Semanalmente, casi como en la violencia de género, oímos sobre la muerte de un ciclista. El caso de Víctor Cabedo emerge por su condición de ciclista profesional, pero también por los muchos buenos amigos que dejó por el camino. Sin embargo, la cantidad de ciclistas anónimos que alimentan la mortandad es alarmante.

Cruzaban en twitter impresiones dos corredores profesionales, como Víctor. David Blanco y Luis Angel Maté hablaban de la hostilidad que reina en la carretera hacia el ciclista. Les mandaban de vuelta a buscar un trabajo, me comentan, como si quien se lo dice no supiera que ellos estaban trabajando en ese preciso instante.

Si la ignorancia de una tierra se midiera por el desprecio a la bicicleta, España podría encabezar el ranking. Sin una política clara, sin premisas factibles, cada ente, administración lanza su diatriba a favor de este medio limpio, barato, saludable, sostenible… sin embargo las carreteras están como están, y las ciudades son amasijos de carrocerías amenazando la interioridad de quien tiene agallas de ir al trabajo en bicicleta.

Señores, por favor, que la bicicleta invadió nuestras calles hace 120 años, y hoy está más vigente que nunca. Rogamos el respeto, siempre recíproco, que la máquina y sobretodo sus practicantes se han ganado.

 

Foto tomada del muro de Facebook de Cristian Thomas

 

Las rarezas del Mundial contrarreloj pueden con Alberto Contador

Encogidos por la muerte de Víctor Cabedo, valorábamos LIVE las repercusiones del mundial contrarreloj en el momento en que Toni Martin cruzaba la meta y se desplomaba en su umbral. En ese momento pudimos realizar una primera reflexión sobre esta prueba que es un mundial pero que carece del calor y carisma de la ruta y fondo.

El Mundial contrarreloj encierra muchas singularidades. Una de ellas es la aparición casi en exclusiva de corredores en esta especie de competición. Recuerdo la primera edición oficial, que no oficiosa, cuando apareció Andrea Chiurato. Al año hizo lo propio Uwe Peschel en Colombia. Luego se asentaron nombres como Bert Grabsch, Michael Rich, Laszlo Bodrogi y Svein Tuft, todos excelsos croners anónimos durante muchos meses pero inspirados en el mundial de la modalidad. Incluso en ese listado estaría en tricampeón Michael Rogers.

Este año la selección española quería volverse de Valkeburg con una medalla en la crono tras las cosechadas por Olano y Mauri hace catorce años. La baza de Alberto Contador invitaba a ser optimista. Ello añadido a las ausencias. Pero por lo que sea el madrileño lleva sin gestionar su mejor momento desde hace muchos meses, me atrevería a decir desde el Giro 2011 del cual fue desposeído. Donde no le llegaron las aptitudes físicas le arribaron las mentales en la Vuelta que no exhibió su pegada habitual. El mundial no ha hecho más que corroborarlo.

Toni Martin se declaró sorprendido en la entrevista posterior a su segundo mundial por la caída de Contador. El madrileño no estuvo nunca en carrera. Una imagen del helicóptero demostró que iba de todo menos acoplado. Aunque nuestro tono crítico con el de Pinto nos ha delatado, esta vez hemos de aplaudir su empeño, pues pocos ciclistas hacen tanto por ser tan completos como él, atesorando grandes cronos en su carrera más allá de esta mala tarde que por cierto no sé si le debería hacer replantear su rol en el seno de la selección española ante el colapso de estrellas.

La crono en sí fue un muestrario de lo justa que llega la gente a este tramo de temporada. Corredores con buenas temporadas como Van Garderen o Kessiakoff anduvieron ajenos a un podio que acoge a una sensación llamada Taylor Phinney, un grande en ciernes sin duda. Si perdiendo una crono mundialista por cinco segundos se muestra así qué no hará si un día logra algo grande.

 

Para Víctor, dónde esté, un recuerdo enorme.

Serie mitos: Learco Guerra, el primer y singular campeón del mundo contrarreloj

Para muchos la hermosísima isla siciliana fue la primera sede del Campeonato del Mundo contrarreloj, y no, fue  la segunda, pues esta carrera que viste de arco iris al mejor croner de la faz de la tierra no debutó en 1994, sino en 1931, aunque se integre en el palmarés de la prueba de fondo.

Fue el 29 de agosto de 1931. La ciudad de Copenhague acogió la primera edición luchada en solitario, sólo cuatro años de que los Mundiales debutarán. Aturdidos por las exhibiciones de ciclistas italianos en las primeras ediciones (Binda, Girardendo, Piementosi,…), la UCI decidió en su reunión de París en febrero de 1931 abrir el abanico hacia una crono para dilucidar el campeón.

La carrera tiene lugar sobre ¡172 kilómetros en solitario! Un recorrido concurrido por 17 contendientes donde Learco Guerra es el más veloz tras poco menos de cinco horas de esfuerzo. Ferdinando le Drogo i Alberto Buchl le acompañaron en el podio tras firmar más de cuatro minutos que el ganador.

A más de 35 kilómetros por hora de media, Guerra cincela la estampa del sufrimiento con tubulares a la espalda pues ejerció tiranía sobre sus rivales aunque domando los elementos y la fatiga. Guerra cubrió los primeros 50 kilómetros por encima de los 40 a la hora luego bajó a los 39,5 pasado el centenar de kilómetros. Una exhibición de otro tiempo lograda por un corredor de otro tiempo. Learco Guerra fue posiblemente el primer gran maestro del crono de la historia.

El Mundial de Ponferrada puede ser la trampa para Madrid 2020

Aún resuenan en los corrales patrios aquellas palabras del príncipe Alberto de Mónaco preguntando a los representantes que defendían no sé en qué lejano país la candidatura de Madrid 2012, si no me equivoco la primera tentativa en esta huida hacia delante que es hacer olímpica  la capital. Cómo pusieron entonces al Alberto. Poco menos que iniciamos un boicot de productos monegascos por tan impertinente pregunta sobre ETA y el terrorismo islamista. Esos juegos fueron a Londres. Cuatro años después viajaron hasta Río de Janeiro, la próxima sede, en detrimento de Madrid.

Pero como dice el castizo dicho “a la tercera va la vencida” y ésta se llama Madrid 2020, una franquicia en la que el CSD no piensa escatimar. Se lo dijeron la semana pasada a todos los representantes de las federaciones. Todos a pan y agua, salvo la remota opción de recoger una llama olímpica. En ese recorte draconiano se incluyen citas deportivas, comprometidas y firmadas por el reino de España, dándolas un aliento de incertidumbre a poco tiempo de ser ejecutadas.

El Campeonato del Mundo de Ponferrada está en ese calendario de eventos en el aire. España está en su derecho de renunciar, previo pago de los gastos generados y avales dictados. Pero el recorte puro y duro me parece no va a servir mucho. No en este caso. Si al final cae alguna de las citas, la credibilidad de España, en materia deportiva, sería torpedeada desde dentro, una bicoca para quienes compiten por los Juegos en 2020. Es decir el camino por una Madrid olímpica pasa por el Bierzo y su capital, igual que por las otras citas mundiales que España tiene concedidas.

Si en más de una ocasión España ha sido cuestionada en terrenos de toda índole, los pantanos deportivos han sido fangosos para sus mentores. Miren la lucha contra el dopaje con gloriosas acciones como la Operación Puerto. Si los que presupuestaron de forma “austera” la candidatura de Madrid 2020 pensaban que el dinero ahorrado en acontecimientos les serviría para el talegazo olímpico, creo que yerran dejando a España como un país que no hace frente a sus compromisos, en este caso deportivos. Esperemos pues se imponga la cordura y se apechugue con lo apalabrado. Es lo mínimo, pues en el camino hay también mucho dinero invertido, ahora que todo lo contamos al céntimo.