Y Diego vio rosa Turín

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La actual temporada ciclista en carretera, en estas fechas sumergidas en otoño como ya es habitual, está tocando a su fin en un año a todas luces muy movido y un tanto danzante, sin una estrella más o menos fija que destacara sobre las demás. Los corredores que han dominado la situación, en contra de lo que solía acontecer en tiempos de antaño, han sido varios y de gama muy diversa. No hemos tenido un rey sino varios que han empuñado el cetro con cierta autoridad y en ciertas competiciones. Tiempo habrá para estudiar un poco acerca de lo sucedido y realizar una valoración más concisa y con los nombres de los ciclistas que más se han distinguido en el ámbito de las dos ruedas.

Antecedentes históricos

Ahora, nos queremos centrar más bien, aunque sea de manera sucinta, en torno a la clásica transalpina Milán-Turín, que acaba de celebrar su 96ª edición y que tiene un amplio capital histórico. No en vano esta clásica, que inició sus andanzas allá por el año 1876, con el triunfo de un tal Paolo Magretti, oriundo de la ciudad de Milán, al que le acompañaron en aquella intrincada aventura otros siete animosos concurrentes.

Se dio la salida a las cuatro horas de la madrugada, en plena oscuridad. Se invirtieron por encima de las diez horas en recorrer la distancia establecida por la organización. El promedio registrado por el ganador fue de 13,300 kilómetros a la hora, una heroicidad en aquellos viejos tiempos. Vale la pena leer lo que escribimos, siquiera como simple curiosidad o primicia periodística. Esta competición lleva el acreditado honor de ser la prueba ciclista más antigua con que cuenta la nación italiana. Ninguna otra ha podido superar su dilatada veteranía.

Un vencedor que nadie esperaba

La carrera de este año constaba de una distancia cabal de 186 kilómetros, con un único obstáculo que fue el que decidió el veredicto en sus postrimerías. Se trataba del Alto de la Basílica de Superga, conocido en su tiempo ante el terrible accidente aéreo que segó la vida de 31 personas, 18 de ellas futbolistas del famoso equipo del Torino, algo que no pocas gentes bien recuerdan. Un hecho luctuoso que nadie olvida tuvo lugar en el mes de mayo de 1949.

En esa montaña de mal toque es en donde la clásica que nos ocupa recobró el aliento emotivo y decisivo que se necesitaba. El pelotón principal, en primera línea, estaba integrado todavía por una cuarentena de ciclistas con la incógnita en la fuerza de sus piernas.

Cuesta arriba, a 3 kilómetros de la línea de llegada, se divisó el contundente ataque de un corredor que vestía la camiseta inconfundible de color azul celeste del equipo denominado Astana Pro Team. ¿Quién sería aquel mosquetero de última hora que osaba romper las hostilidades con mucho fuego en su cuerpo? Previa consulta comprobamos su nombre. Se trataba del italiano Diego Rosa (26 años), nacido en la localidad algo perdida de Cornegliano d´Alba, que se sitúa al norte de la histórica y cosmopolita ciudad de Venecia.

Tomó ventaja suficiente para cruzar la meta con 16 segundos de adelanto sobre el polaco Rafal Majka y sobre otro italiano, Fabio Aru, el reciente ganador de la Vuelta a España, que daba lustre a su apellido. A continuación, entraron, con breves intervalos de tiempo, el francés Pinot, el holandés Poels y el italiano Cunego, y así fueron llegando otros a pequeñas dosis de segundos.

Merece mencionar la novena posición alcanzada por el español Daniel Moreno, a algo más de medio minuto del que impuso su ley, un tanto de sorpresa. Rosa es profesional desde hace un par de años tan sólo y su historial apenas tiene algo a destacar. Su prestancia ha sido la de ayudar al capitán de su equipo en funciones y un resto de componentes. Triste oficio el de los gregarios encerrados en una esfera silenciosa de la que nadie habla.

Datos para los aficionados a las estadísticas

El corredor que más veces ha tenido la dicha de triunfar en la Milán-Turín, no es otro que el famoso Constante Girardengo (1914, 1915, 1919, 1920 y 1923). El ganador que realizó un promedio más alto en esta carrera fue el suizo Markus Zberg, en el año 1999, rodando a 45,750 kilómetros a la hora. Aquella marca era casi volar sobre el asfalto.

Los representantes españoles dejaron oír su voz y con más fuerza al proclamarse ganadores de la prueba en cinco ocasiones. Veamos: Miguel Poblet (1957), Valentín Uriona (1964), Marcos Serrano (2004), Igor Astarloa (2006) y, finalmente, Alberto Contador (2012). Vale la pena reverdecer estos laureles que pertenecen al pasado.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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