Y el desastre olímpico se consumó en el velódromo

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La reflexión de fondo que acompaña a lo que aquí leeremos viene teñida de tristeza. Un sentimiento contrariado ante lo que se ha descrito como la peor actuación española en unos Juegos Olímpicos en lo que a pista se refiere desde hace varias ediciones.

Juan Peralta
Desde 2000, es decir Sydney, España no ocupaba el medallero del velódromo con el casillero en cero. Desde entonces Joan Llaneras ha sido el elemento fijo en la obtención de resultados. Con el mallorquín creció una generación irrepetible cuyo último coletazo se llama Leire Olaberria, quien por edad y límites físicos entendidos no sólo en su propia evolución, sino también en la de sus rivales, es posible que no vuelva a estar en disposición de correr unos Juegos, no al menos con el caché de medallista vigente, como llegó a estos, tras ser bronce en la puntuación pequinesa.
Joan Llaneras fue un fenómeno único en este país abocado a la carretera. Lo fue además por que viniendo de ella triunfó en los velódromos. Quizá el argumento de su retirada sirva para algunos en el momento de explicar el varapalo. Pero no se engañen, Joan en lo suyo fue el mejor durante años, incluso formando pareja de americana con Isaac Gálvez era la bomba, pero en estos Juegos de programa desfigurado no habría podido brillar más allá de un hipotético concurso en la cuarteta. Es decir, en las circunstancias actuales, Joan Llaneras no habría corrido en Londres aunque su estado fuera el más dulce jamás alcanzado.
Qué duda cabe que la terrible reconfiguración del programa fue un mazazo, más cuando se hizo en pleno ciclo, un año después de Pequín y con todas nuestras mejores bazas  en el fondo. Me duele no haber visto a superclase como Albert Torres a los puntos o las diferentes parejas de americana que España puede ofrecer, gusten de mezclar a David Muntaner y Unai Elorriaga para ver los resultados.
Pero quedarse en todo esto es detenerse en la corteza del problema. Como también lo sería pararse en los anecdóticos, pero sintomáticos, problemas de material que acosaron a nuestros dos velocistas, Hodei Mazquiaran y Juan Peralta, de quien en el futuro espero buenas cosas.
Veamos un ejemplo. Si con un 4´02´´ España pisó el podio de Atenas 04 y con un 3´59´´ no pasó del sexto puesto, aún y logrando récord nacional ¿qué diantres ha hecho el resto?, pues trabajar con más y mejor seriedad que nosotros, pero con mucha más. Y no sólo los técnicos y ciclistas, que quizá lo hayan hecho, si no todo lo que les rodea. Siempre he pensado que la pista evidencia el trabajo en las disciplinas colectivas, por ende velocidad y persecución, y aquí España lleva muchos años, tantos como ocho sin tocar pelo. Bueno  sí, en la Copa del Mundo los nuestros se llevaron el gato al agua, entre otros con un ciclista incomprensiblemente marginado como Sergi Escobar, pero en los momentos talludos, “rien de rien”. Vean quién dirigía el cotarro entonces, cómo trabajaba con una cuarteta de cinco o seis, y entiendan qué ha pasado.
El resultado olímpico para mi pesar lo vaticinamos aquícon el deseo de que el tiempo que quedaba hasta la cita sirviera para, a duras penas, enmendar en camino. Vaga ilusión, pues como dijimos, pensar ahora en Río de Janeiro es tarde para los ingleses.
¿El futuro? Pues muy jodido, por que con la cantidad de ciclistas fuera de las becas veo que dedicarse al ciclismo en pista es menos que hacerlo a poesía, en España hablo. Y sí, ahora vienen unas cuantas medallas y quizá se logre pasar de las diez el domingo, pero cómo se echarán de menos esas tres o cuatro que daba el velódromo. 
Fotografía tomada de RFEC
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