Y Purito se fumó el Tour

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Y Purito se fumó el Tour

 

Este Tour acabó en podio por la “vía Purito”, eso es ir a la tuya, hacer la tuya y no esperar más explicaciones que las de tu conciencia. Joaquim Rodríguez es así, un tío “selfmade” y con esa ciencia ha llegado hasta donde nadie imaginó cuando dejó las cómodas huestes de Eusebio Unzue por las muy exigentes compañías rusas, donde si vas te tratarán como un rey siempre y cuando les seas rentable y eficiente. Lo sabemos, estos rusos no se andan con tonterías. Que lo cuente Contador.

Pero es que Purito tampoco se anda por las ramas y es por ello que rara vez hemos  escondido afinidad por la forma de hacer de este corredor que paso a paso se hace más grande que ese cuerpecito de 169 centímetros y 58 kilogramos que siempre pone de excusa para explicar el tamaño de sus logros. Recuerden si no la grandeza con la que encajó un golpe tan complejo de digerir como el que le propinó Contador en Fuente De, meses después de perder un Giro de Italia en el último suspiro.

El Tour de Joaquim Rodríguez es una metáfora de su vida. Trabajo, trabajo y trabajo, con el convencimiento de que con esta triple T las cosas tarde o temprano saldrán. No fue sencillo. Llegó al Tour en medio de una cortina espesa de rivales que sonaban más que él a pesar de que siempre declaró que el podio, y no otra cosa, era su objetivo. Tuvo una caída en la primera semana que casi arruinó todo el plan en los Pirineos. Fue de los primeros grandes en ceder ante el Sky en Ax 3 Domaines, pero ello no le amilanó, se agarró al hilo que le tendió la carrera y la jornada de Bargenes se camufló de víctima en el grupo de los mejores como si su tren hubiera pasado.

Pero hay situaciones que repuntan si el trabajo ha sido bueno, y en su caso existía con convencimiento de que esas antológicas jornadas por las sierras andorranas debían tener premio. Sobrevivió a duras penas a la marea alta de Mont Saint Michel y emergió a siete días de concluir la carrera. Sí, en el Mont Ventoux muchos dijeron “coño, pero si está en el top ten ya”.

Su última semana concidió con al naufragio de los Belkin primero y los Saxo después. En Alpe d´Huez probó el sabor de las multitudes y vio que el podio era empresa factible. Se olvidó a de gestas imposibles, como el intentar ahondar en las debilidades que mostró Froome, y focalizó su pedalada en el podio. No le costó lograrlo, Contador estaba muy tierno.

En Versalles se fumó  un purito y cerró el círculo de aquel chulesco y confiado gesto que le valió el apodo en una concentración de la ONCE cuando no era más que un crío. A pesar del obvio vacío mediático que le acompaña, sigue a la suya, este momento no se lo amarga nada ni nadie, subió a la chiquillería al podio y fue el rey del mundo desde el tercer peldaño. Cuánto vamos a echar de menos a pequeño rey de Parets. No queremos saber qué hará el día que pise el primer peldaño de una grande, entonces arderá Troya.

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