Y Txomin volvió a dirigir a Marino

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Señaló al cielo. Rodeó la nube con su índice. “Esas nubes pueden traer lluvia” indicó. “Vienen del oeste, todas las borrascas llegan por ahí” concluyó Txomin. El frío invade Arrate, la cima eibarresa, verde, gélida y húmeda. En pleno enero, el lugar está desierto, tranquilo, solo, sin nadie que interfiera, ni voces que se confundan con las reflexiones de Txomin Perurena, acompañado de Marino Lejarreta y José Cruz Mujika, el hermano mayor de Jokin, rememorando sus años en el equipo Orbea.

Marino, joven, ganó la Vuelta a España en la puñalada que Angel Arroyo siempre llevó consigo, por ese positivo sacado a la palestra cuando la carrera había ya concluido. Marino vestía los colores del Teka de su padre Txomin y decidió probar lejos de casa, en Italia, en el equipo alfa Lum. En aquel paso Txomin le aconsejó, sabiendo que la experiencia internacional iba a ser buena para esa perla surgida de Berriz, en los contrafuertes de Urkiola, donde el ciclismo palpita con la gente y la tierra.

Marino quemó varios años en el Alfa Lum, uno de ellos, el primero, fue el de su triunfo en la primera ascension a los Lagos de Covadonga, en un pulso franco y sin intermediarios con Bernard Hinault. En el otoño de 1983 se supo que Orbea iba a ser parte del peloton profesional. La fruta en las piernas de Peio, Jokin y compañía había madurado lo suficiente. Para la empresa llamaron al mago de Oiartzun, a Txomin, otra vez en el redil, seducido por Peli Egaña, a la causa azul.

Y Txomin trabajó en la plantilla lanzando a los cuatro vientos un anhelo que tardó en plasmarte: “Marino y su hermano ismael estarán en Orbea”. Pasaron dos años para que aquello fuera una verdad. En 1986 Marino estuvo en casa, en su casa, con el mentor de su vida, con Txomin, y la marca de la bici de su padre, Orbea, en una campaña complicada que se solucionó el día que ganó una contrarreloj en cuesta en El Naranco con los mejores de la Vuelta a su rueda. Al siguiente año, con los colores del Caja Rural, Marino completaba por primera vez las tres grandes en un año.

Este domingo en Ordizia, treinta años después, todo aquello que quedó en la nebulosa de la memoria volverá a ser una realidad. Marino es homenajeado en Ordizia, el lugar que da vida a la clásica y por el recorrido de ésta rodarán muchos de los que un día compartieron vida profesional con un ciclista que fue un grande sin duda, una persona que muchos años después conserva el encanto de una modestia que no se dobló por la ambición alimentada por el trabajo concienzudo y constante. Txomin lleva el equipo de Marino, el ciclista que se merece este homenaje y mucho más.

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