Entre Valverde, Perico e Indurain

Valverde Indurain JoanSeguidor

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El ciclismo que vive Valverde poco tiene que ver con el de Indurain y Perico

El día de Navidad pudimos ver el documental que Teledeporte le hizo a Valverde.

Antes de entrar en algún detalle que nos llamó la atención, queríamos hacer un par de consideraciones.

Primero que fue un documental excelente, en presentación, nudo y desenlace.

Un busto de primera mano, con testimonios propios y cercanos de Alejandro Valverde que dibuja el carácter de depredador deportivo de este ciclista.

Alejandro Valverde mantiene intactos los valores que le atrajeron de la bicicleta, y no lo ha tenido fácil.

En el documental se retrataron los dos momentos que tocó fondo: la sanción de 2010 y la caída del Tour de 2017.

De ambos salió adelante.

La segunda consideración habla de la escasa producción de este tipo que hay a este lado de los Pirineos.

Todos tenemos nuestro corazoncito, nuestro deporte de los amores, pero que el ciclismo es uno que se presta a este formato es una obviedad.

Por mil motivos, por los personajes, las circunstancias, el contexto y los escenarios.

Así que, querido Carlos de Andrés, algo más así será bienvenido.

Como los reportajes que nos regala Eurosport cada poco.

Al margen de todo esto, que no es más que preámbulo, nos llamó la atención la charla de Alejandro Valverde con Miguel Indurain y Perico.

Ojo porque estadísticamente es abrumador: más de cien triunfos del murciano, por la centena de Indurain y los treinta y algo de Perico.

 

Son mundos completamente distintos, separados por veinte y treinta años.

Parece mucho, parece poco, cada uno sabrá, pero lo que dijo Perico es muy cierto: «Antes llegábamos caninos al Tour, y Valverde llega con la temporada casi resuelta«.

Eso no quitó para que Valverde les remachara: «Vosotros sí que ganasteis lo verdaderamente importante«.

Se refería al Tour, en esa eterna obsesión del murciano por la grande gala.

Todos los portabicicletas de Cruz

Sea como fuere ahí sentados había tres ciclismos: el escalador de toda la vida, de raza y furia y todo eso tan español, el metódico contrarrelojista que gestionaba las diferencias y el «ganalotodo» que no distinguía entre Liejas, Andalucías y etapas.

Tres registros que os llevan otra vez a esa pregunta: ¿Quién es el mejor ciclista español de la historia?

Para un servidor Valverde está ahí, pero volvemos a lo de siempre, lo de Miguel Indurain no lo hemos visto nunca más y posiblemente no lo volvamos a ver…

Sea como fuere escucharles es un privilegio, consideraciones al margen.

El ciclismo a este lado de los Pirineos ha dado mucho, quizá mucho más de lo que la gente le hemos devuelto.

El patrimonio de un tipo como Miguel Indurain es una tarjeta indeleble de presentación.

El futuro será futuro, pero su silueta, su legado, su todo lo echaremos en falta.

Como a Alejandro Valverde, que le llamarán el ciclista infinito por pura retórica, porque en la práctica, todos somos finitos.

El fin de año de Van Aert y Van der Poel

Van der Poel y Van Aert JoanSeguidor

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El duelo entre Van Aert y Van der Poel puede irse a la primavera

El Superprestigio de Diegem ha sido la última competición antes que el collante 2019 entre en nuestras vidas.

Mathieu Van der Poel se ha llevado el triunfo, un peldaño del que no se baja desde 2011, cuando aún era juvenil.

El año que que Diegem despide, en una carrera de noche, esa fórmula que creo que se debería potenciar más para ver cómo sienta el ciclismo en prime time, no ha sido uno más para el citado Van der Poel, ni para su rival por antonomasia Wout Van Aert.

Dicen en el Lotto-Soudal que quedan nueve semanas para el inicio de la primavera.

Cerca lo fía el equipo de cabecera en Bélgica. cerca y lejos, según se mire.

Van Aert y Van der Poel van a ser paisaje de primavera

Pero mientras eso llega es increíble el dominio del neerlandés en la campaña de ciclocross.

Un dominio que, a un servidor, le remonta los tiempos de Sven Nys y la perfección sobre la bicicleta de ciclocross.

Con problemas o no, con trabones, gente de organización que se le cruza, con lo que sea, Van der Poel está en otro nivel.

Salva los muebles en cada momento comprometido y acaba imponiendo el rodillo.

El otro día, comentando la jugada con un buen colaborador de este mal anillado cuaderno, carcajeaba ante la posibilidad que alguien pudiera con Van der Poel en la actual temporada de ciclocross.

«Ni el mejor Van Aert veo que pudiera con él».

Quizá el mejor Van Aert, no, pero el Van Aert que se crece cuando todo figura en su contra, sí.

En el mundial, la prueba del algodón, lo vemos año tras año.

Por de pronto nos quedamos con las palabras que en el Lotto neerlandés le dedican a su nueva joya.

Lo que el equipo amarillo puede sacar de Van Aert nos lo podemos imaginar.

 

https://www.joanseguidor.com/ciclocross/

El grupo donde han explotado y crecen Roglic y Gronewegen, y donde asoman otros tantos talentos.

Van Aert quizá no llegue a tiempo a la campaña de ciclocross, pero seguro que será pieza angular en la primavera.

Ahí donde el belga mira, mientras Van der Poel ha matado toda esperanza de igualdad y competición en ciclocrosss.

Imagen tomada de FB de Telenet Superprestige

¿Cuánta felicidad nos proporciona la bici?

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Anotad en una libreta cuánta felicidad os regala la bicicleta y quizá os llevéis sorpresas

Pensaréis qué preguntarnos ahora, y en este momento, si somos felices montando en bicicleta puede parecer una perogrullada, tan obvio como que ahora estamos leyendo estas líneas.

Pero si algo nos gusta este cuaderno es abrir la página a preguntar sobre alguno de los muchos caminos que llevan a esos destinos en los que el ciclismo y el turismo, unidos de la mano, seducen de tal manera que nos sumergen en ese estado de dicha, esa sensación única que experimentamos de bienestar y satisfacción al hacerlo con nuestro propio esfuerzo.

En una palabra: felicidad.

Pero no por elemental hemos de dejar de recapacitar que nosotros somos recuerdos, y que vivimos de ellos, por eso nuestros deseos van encaminados a que nuestras vivencias sean lo más gratas posible.

¿Acaso no somos felices cuando recordamos aquellas maravillosas vacaciones o aquel día tan inolvidable, aquella fecha tan señalada que quedará para siempre grabada en nuestra memoria?

Puede que aquellos momentos pasaran más rápido o más despacio, felices experiencias que evocamos muchas veces como fogonazos en nuestras mentes, como destellos de felicidad intentando revivir aquellas emociones.

Muchas veces no acertamos en ponernos en nuestra misma piel de aquel día para intentar sentir lo mismo y trasladarnos a aquel momento de felicidad.

No es lo mismo y por eso intentamos ser felices buscando siempre nuevas sensaciones.

La felicidad viene en bicicleta

En nuestro caso, los que montamos en bici, cicloturistas que vamos a la búsqueda de la felicidad en nuestras salidas cotidianas o extraordinarias…

¿Cuántas veces recordamos durante el año lo que disfrutamos sufriendo en aquel puerto tan duro o en aquella marcha tan épica?

Sin embargo, nos queda la extraña sensación de que aquello pasó muy rápido, que el disfrute sólo duró un instante, aunque quedó grabado en nuestra memoria, como consuelo de felicidad, el recuerdo de aquella jornada para poder decir: «lo hice, y el año que viene repito».

Pero sigamos escrutando en los misterios de la felicidad de la bicicleta.

Después de lo expuesto, parece claro que existen de dos tipos si la aplicamos, tal y como estamos haciendo, a nuestras experiencias encima de la bici.

Por un lado tendríamos la felicidad instantánea que nos produce el mero hecho de salir ahí afuera con nuestras bicicletas, y por otro, la memoria de la felicidad, que determinará, en términos generales, en qué grado de la escala del bienestar estamos.

Así, podríamos decir, que sólo encajando nuestras zapatillas en las calas ya somos felices.

Y esto dice mucho de nuestra pequeña reina.

Además, son tantos los momentos de felicidad que nos produce que los podríamos ir apuntando a cada instante.

Por poner algunos ejemplos: notar la brisa fresca en nuestra cara, sentirnos libres para ir adonde sea, el reencuentro con nuestra grupeta, los saludos de nuestros amigos, ponerse en marcha y sentir la velocidad, el ascenso a un gran puerto, compartir una ruta maravillosa, el reconfortante descenso, el almuerzo entre batallitas con los colegas, el retorno atravesando bellos paisajes, la satisfacción de llegar a casa con una sonrisa de oreja a oreja, cansados pero muy contentos…

¿Seguimos?

En efecto, son muchos los instantes de felicidad que nos produce el montar en bicicleta y podríamos poner en marcha un pequeño experimento: se trataría de ir apuntando en una libreta todas esas pequeñas y grandes dosis de felicidad que vivimos cuando salimos en bici.

Podemos hacer la prueba en un día en concreto, o en toda una semana o todo un mes, o por qué no, durante toda una temporada completa, anotando siempre nuestros sentimientos y emociones que experimentemos en todo momento.

De esta manera, si hacemos balance y les vamos poniendo notas a esas vivencias del 1 al 10, nos ajustaremos bastante a la realidad de cuán felices somos como respuesta a la pregunta de por qué disfrutamos tanto montando en bicicleta.

Una media sencilla por jornadas, durante el período elegido, nos daría una aproximación a nuestra nota de felicidad en bicicleta, que podría ser desde un sencillo aprobado (poco, no me lo creo), un bien o un notable (¡no está mal!), hasta un 9 ó 10 de puntuación (¡¿tanto?!) que reflejaría de manera muy clara si disfrutamos sufriendo o sufrimos disfrutando.

Es lo mismo.

Y también, ¿qué decir de la satisfacción que nos da ya no sólo el hecho de vivir una o varias experiencias en formas de montañas de felicidad, sino además el de poder explicarlas luego, ya no sólo a la familia, también a amigos o compañeros de trabajo?

Eso también es felicidad, porque contándolas reviviremos esos momentos y, todo hay que decirlo, con un punto de anti-modestia, presumiremos de nuestras hazañas delante de ellos, pero sin llegar a ser globeros, por favor.

Llegados a este punto, podríamos proponeros un interesante juego para comprobar lo gratificante que es rellenar de buenos recuerdos nuestra memoria, si bien de nuevo os pueda parecer muy básica la idea, nos hará comprender de inmediato hasta qué punto vivimos de ellos.

La propuesta sería que pudierais elegir cualquier destino en el mundo, a placer, cualquier país, para disfrutarlo en bicicleta, ya sea en Pirineos, Alpes, Dolomitas o por qué no, los Andes y hasta el Himalaya, ascendiendo o descendiendo puertos, escalando o desescalando (término que parece se está poniendo de moda), ciclando por maravillosas rutas por Islandia, Escocia o Nueva Zelanda, por poner algunos ejemplos para hacernos la boca agua.

Lo tendríais todo pagado, durante quince días, viaje, estancia, comidas… sólo os preocuparíais de pedalear y ser felices.

Sólo os pondríamos una única condición, «sólo» una: disfrutaríais mucho, seríais muy dichosos, pero no podríais hacer ni una sola foto, ni a la vuelta contar nada a nadie, ni presumir en vuestras redes sociales de estas vacaciones, es más, como si se tratara de un botón automático, al llegar a casa no recordaríais nada de lo vivido, esta experiencia no quedaría grabada en vuestra memoria.

La pregunta es…

¿haríais igualmente este viaje?

#Top2018 El ciclismo de Geraint Thomas

Tour de France Geraint Thomas JoanSeguidor

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Mil veces lo hemos dicho, y lo repetimos: el ciclismo ha hecho justicia con Geraint Thomas

Desconozco que si Geraint Thomas ha reescrito o actualizado su libro.

«Cycling according to G» puebla no pocas estanterías en las librerías de UK.

No lo hemos leído, pero apetece.

Es el ciclismo según Geraint Thomas, un compendio donde uno de los corredores que explican el éxito británico saca a relucir lo que este deporte le significa.

Como hemos dicho, no hemos leído el libro, pero no lo necesitamos.

El ciclismo para Geraint Thomas es la forma de prolongar su generosidad, entrega y sacrificio

La forma de mejorar en todos los aspectos, creciendo en la excelencia y haciéndola suya.

Geraint Thomas es kilómetro cero del Team Sky

Un corredor que está aquí desde que el Team Sky surgió de la nada.

Geraint Thomas ha crecido entre grandes nombres, a la sombra de Cav, Froomey, Wiggo.

Ha crecido entre ellos, les ha ayudado con una incondicionalidad, les ha ayudado a ganar, a triunfar, sin esperar nada a cambio hasta que…

…ha ganado él el Tour.

Sí, el Tour.

Un convencimiento, una corazonada que le venía rondando desde hace un año, cuando Froome y su suerte no eran agua clara.

Cuando Geraint Thomas dijo que él quería dar el paso.

Un paso del que todos dudaron.

Cuando ganó el Dauphiné se posicionó.

Luego en el Tour nadó a contracorriente, sabiendo que él siempre fue la segunda opción, o quizá la primera.

Porque cuando todos miraban a Froome, Geraint iba haciendo, iba creciendo.

Hizo la carrera perfecta.

Geraint Thomas fue el único gran nombre que no falló en momento alguno.

El mejor la primera semana, ileso de cortes y caídas.

Perfecto en los Alpes: un doblete y liderato apuntalado en Alpe d´Huez.

Condescendiente en Pirineos, sin más ambición que conservar lo logrado.

Un triunfo muy de Team Sky, sí, pero que hace justicia con uno de los corredores más completos y versátiles del ciclismo reciente.

Un pistard, un campeón olímpico, ahí es nada, que crece y se hace un hueco entre los mejores clasicómanos del mundo.

Y de partirse la cara contra rivales como Sagan, Van Avermaet y Stybar, a batirse con Dumoilin, Froome y Roglic.

Esas cosas, ese ciclismo lo puede contar Geraint Thomas.

Para un servidor el personaje ciclista de año cuyo éxito explica que cuando uno da tanto, a veces puede hasta recibir.

Vuelta a Colombia: Lo que unieron las primeras ediciones

Vuelta a Colombia JoanSeguidor

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La primera Vuelta a Colombia era una aventura mayúscula

Esta imagen es de la primera Vuelta a Colombia.

No es una instantánea cualquiera.

Parece una guerra, o una catástrofe, o un desastre natural, y es que a su manera fue todas esas cosas juntas.

Pero también fue literatura, épica para que los narradores inventaran historias, para que bautizaran a los héroes cómicos de aquella generación de mensajeros y peones de fábrica que encontraron la gloria sobre la bicicleta.

Esta postal corresponde a alguna Vuelta a Colombia de los años cincuenta y refleja bien el espíritu originario de aquella carrera.

La Vuelta a Colombia de los cincuenta…

Vuelta a Colombia JoanSeguidor

Era una lucha entre regiones: antioqueños contra cundinamarqueses, caldenses contra antioqueños, boyacenses contra todos.

Pero también era una lucha contra el paisaje, contra los territorios de un país que se resistían y se siguen resistiendo a ser colonizados, a ser penetrados por vehículos o carreteras.

La gran duda antes de la primera edición no era quién ganaría la carrera, sino si ésta podía llevarse a cabo de principio a fin.

A mediados de los cincuenta Colombia era todavía un país intransitable en buena parte de su geografía, un país de regiones aisladas entre sí, incomunicadas, sometidas al atraso.

La mitad de los recorridos de entonces transcurrían por caminos como el de la fotografía: borrascas de lodo y pantano, desfiladeros vaciados de roca, planicies incógnitas y selváticas.

La imagen recoge bien el sentido originario de la Vuelta a Colombia, esa competencia que cautivó a varias generaciones.

Caro Ferrer, la pequeña gran colombiana

Condensa la aventura y el respeto por un país agreste que, no obstante, los ciclistas lograron domesticar.

Y algo que es más importante: lograron unir aquellos territorios dispersos e incomunicados entre sí en torno a una identidad común.

Esos territorios de guerras, de catástrofes, de desastres naturales.

Pues parece que Induráin vuelve…

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La etapa reina del próximo Tour puede tener a Miguel Indurain vestido de corto

Al menos por un día.

Hoy abrimos este mal anillado cuaderno para daros una noticia que, no por extraordinaria, no deja de ser un tanto perpleja.

Al grano.

Fuentes cercanas, y muy fidedignas, al campeón navarro, nos han hecho saber que existe un cierto rumor de que el próximo 2 de enero, y coincidiendo con el 22º aniversario de su retirada del ciclismo profesional, Miguel Induráin nos podría sorprender con un increíble anuncio: ¡¡ su vuelta a la competición para la temporada 2019!!

Eso sí, sería para competir tan sólo un día a alto nivel.

Dicen, los que han podido hablar con él sobre este tema que, de momento, es tan sólo eso, un cuchicheo de algunos ciclistas próximos a su entorno y entre bambalinas, que su vuelta estaría marcada en rojo en el calendario: el 25 de julio, coincidiendo con la etapa reina del Tour de Francia y ya habiendo cumplido los 55 años el día 16 de aquel mismo mes.

Parece ser que el bueno de Miguel no quiere ser menos y pretende recoger el guante del desafío y emular a Andrea Tafi que, recordemos, quiere correr 20 años después compitiendo en la próxima edición de la París-Roubaix.

Indurain, con 55 años…

Según este corrillo de amigos que podrían ser de su propia grupeta, el que fuera el Gigante de Villava quiere reverdecer laureles y competir al máximo nivel en esa 18ª jornada de la Grande Boucle superando puertos como el Col de Vars, el Izoard -donde sueña con liarla como en el Dauphiné del 96 en el que desató toda su furia- y, sobre todo, el Galibier.

Un reto mayúsculo con 207 kilómetros de recorrido entre Embrun y Valloire.

Los que están muy cerca de él, y conocen muy bien su estado físico actual, piensan que su idea no es para nada descabellada, aunque algunos, muchos, podamos pensar que nuestro campeonísimo se haya podido volver loco ante semejante ida de olla.

Pero no es así.

Según esas mismas fuentes, él mismo ya se está mentalizando y con frases del estilo: «eso está chupado» y con un «que se preparen», intentará afrontar con garantías este desafío inédito en la Historia del Ciclismo, si bien, mucho antes, habremos sabido cómo le habrá ido al bueno de Tafi su experiencia en Roubaix.

Del éxito de Andrea o no, para Miguel puede ser un acicate más para intentar acabar esa etapa entre los mejores o quizás, por el contrario, pueda llevar a desanimarse y abandonar la idea de esa bendita locura.

La verdad es que Miguel, a sus 54 años, todos lo sabemos, se cuida, entrena y se mantiene en forma y se conserva fino.

Además, no tiene que demostrar nada a nadie, y también somos conscientes de que tiene una Quebrantahuesos en sus piernas, como evidencia el hecho de que hace un par de años ya estuvo a punto de ganarla cuando enfiló a todo un pelotón de más de ocho mil participantes, llevándolos con el gancho puesto casi hasta el mismo Marie Blanque.

Esto fue lo que le hizo pensar: ¿y por qué no?

Dicen, además, que la organización del Tour estaría encantada con la participación de Miguelón esa jornada, que sería un gran aliciente para la carrera, que proyectaría esa etapa a niveles de audiencia increíbles y que el morbo, para los espectadores, estaría garantizado.

¿Será capaz Miguel Indurain de acabar esa etapa ese día?

Y hasta de competirla, apuntarían muchos que saben que ya está entrenando duro para demostrar que los viejos rockeros cincuentañeros nunca mueren, y que van a tener que correr mucho si quieren dejarle atrás.

Como comentamos, todo esto es un gran rumor, aunque ya sabemos que si el río suena es porque agua lleva, y algunos apuntan a que se habría hecho con los servicios de su gran amigo Pascal Lino «Chente»: médico, fisio y entrenador deportivo, toda una eminencia y estaría de este modo en muy buenas manos.

También se está especulando que, probablemente, Induráin no estaría «sólo» en el envite y se cree que habría pedido «ayuda» a ex corredores como Contador o Purito, que aún están en muy buena forma, o incluso al propio Perico, para que le hagan de gregarios en las ascensiones, intentando formar una grupeta que trabajara para él y funcionara como un auténtico equipo pro.

El éxito de Induráin, de este modo, sería el de todos y el de su afición

De momento, son muchos los que lo vieron, sorprendidos, salir con su bicicleta de su casa, junto a su hermano Pruden, a entrenar el pasado 1 de diciembre, algo que no hacía desde 1996, en su último año como profesional y que era todo un ritual, toda una tradición con la que daba comienzo su temporada de entrenos, hecho que no ha pasado desapercibido para sus fans que son legión.

Por tanto, ojo a este próximo 2 de enero.

Portabicicletas de bola de remolque by Cruz

Todos estaremos atentos porque puede ser la noticia ciclista del año.

Foto tomada de www.biciciclismo.com

Navidad, la báscula y el ciclista

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Las Navidades y los excesos en la rutina de ciclistas obsesivos

Lo reconozco, le tengo pánico.

Terror a ese trasto, rastrero, que se esconde detrás de la puerta del aseo de mi casa.

Allí está, dispuesto a pegarme un susto en cuanto menos me lo espere y más durante las exigentes fiestas navideñas.

Este año me estoy portando muy bien, por eso.

Sólo estoy comiendo y bebiendo lo justo.

Hace un tiempo, controlando la comida, mi ex cuñado siempre me decía «lo poco que valía» y «que estaba acabado» por no estar a la altura de las «circunstancias» y hacer como él: beber y comer como si no hubiera un mañana.

Que valía poco yo… ¡Eso es porque no me veía en bici!

Ya me habría gustado que se hubiera dado un paseo conmigo, que iba a saber lo que es bueno y lo que es valer… encima de una bici ;-).

Pues eso, que me estoy comportando, y además estoy saliendo en bici a «quemar», con lo que espero no engordar y, si puedo, poco a poco, ir perdiendo peso para poderme enfrentar a ella: a la terrible báscula, esa que me regaló mi ex mujer hace unos años.

A propósito, ¿qué querría darme a entender con ese «detalle»?

Y la muy cachonda (la báscula, no mi ex mujer) es de esas modernas, digitales, y tiene pintada en la base un montón de pasteles y tartas,  diciéndome que si como de eso me pegará un buen susto, como si no lo supiera (y además no me gustan).

Pues allá que voy.

Acabo de venir de una salida exigente con la bici y es el momento adecuado.

No me da miedo.

Sí, ya sé que después de la bici «no vale» pero qué le vamos a hacer, de otra manera no me atrevo.

Me desnudo.

Me quito el maillot, el culote y hasta los calcetines…¡todo!

No quiero ni un gramo de más.

Hago hasta un pipí, con lo que seguro que me quito unos 300 gramos más.

Voy a por ella.

Me subo y… ¡72.9! ¡Ja!

Ya he bajado de los 73 kg.

La cosa marcha.

Vamos bien.

Hay que seguir insistiendo e intentar salir cada día.

Hay que «metabolizar» el organismo, que pierda peso incluso después del ejercicio. Este año me lo voy a tomar mucho más en serio.

¡Qué obsesión tenemos por el peso! ¿Verdad?

La báscula, ese amigo enemigo

Sabemos perfectamente que algunos kilos de más son todo un lastre para los que nos gusta subir puertos y hay que sacárselos de encima para poder ser un peso ligero.

Otros pensarán también que no hay nada más antiestético que un ciclista gordo o con barriga.

Puede que tengan razón.

Pero cuando algunos ya sobrepasamos los 50 con holgura… ¿qué imagen queréis que demos?

El auténtico cicloturista es aquel que trabaja sus 8 horas diarias, entrena cuando puede, o cuando le dejan la familia y sus compromisos sociales.

No se priva de nada y come de todo, luciendo orgulloso barriguita en sus salidas con la grupeta del fin de semana.

¿Es así o no?

Claro que hay ciclistas para todo, pero creo que la imagen de «pros» que dan algunos no se ajusta exactamente a la realidad del cicloturista «medio», ése que os he descrito antes.

Hace poco un colega me dijo, viéndome en una de las fotos de la Revista Ziklo, que ya era hora que se publicaran imágenes que reflejaran más fielmente al cicloturista que todos conocemos.

Como tenía razón, y no me podía ofender porque sabía perfectamente lo que me quería decir con esto, le di las gracias.

¿Cómo perder peso?

Nacex te envía la bicicleta donde le digas… 

Hace unos años intentábamos hacer salidas largas a ritmo moderado para «quemar grasas», esto es, de forma aeróbica, despacito, a un ritmo cardíaco de alrededor del 60% para que aquellas fueran el combustible, tal y como se pensaba entonces, parece que erróneamente, ya que hoy en día se ha demostrado que perdemos más calorías en una salida corta pero explosiva que en una larga y tranquila.

En fin, son algunos tópicos que van cayendo como aquel que dice que no hay que meter plato hasta que no llevemos al menos mil kilómetros de entreno o cuando llega el mes de enero pone el contador a cero (el cuentakilómetros, no el pistolero).

¿Alguien lo hace?

Pero… ¿qué pasa?

¿Todo lo pedaleado anteriormente ya no cuenta?

Foto: https://www.adnciclista.com/comilonas-navidad/

¿Pagar por ver ciclismo?

pagar ciclismo JoanSeguidor

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Si el ciclismo quiere perdurar debería buscar otras soluciones económicas

En el año que la selección española volvió a colgarse el oro en el mundial de ruta, la guinda del pastel, que no el pastel entero, el relevo en la dirección de la selección ha dado unas líneas para hablar.

En definitiva, que Pascual Monparler será el seleccionador de todo el próximo año.

Incluida la selección profesional que tome la salida en Yorkshire con la nada desdeñable tarea de mantener el arcoíris de Alejandro Valverde.

Pascual Monparler se ha pasado alguna vez por este mal anillado cuaderno.

Y entre otras cosas nos dijo porqué es interesante que el ciclista medio español debería plantearse correr sobre el pavés.

Reflexiones que pueden parecer apresuradas, incluso a favor de corriente, de la que respira clásicas, primavera y adoquines, muy extendida últimamente, pero que él mismo pone en práctica en el memorial de su padre cada primavera.

Hemos leído esta entrevista a Pascual Monparler y nos quedamos con esta reflexión…

«Hay que innovar y cambiar cosas. En Bélgica, por ejemplo, ya han comenzado a cobrar al público por presenciar algunos tramos del Tour de Flandes. En el Tour de Francia se ha planteado hacer lo mismo con puertos míticos, como Alpe d’Huez. Esta es la línea que podríamos seguir para no depender absolutamente de los patrocinadores»

Se impone pagar por ver ciclismo…

Una reflexión mil veces hecha, que no ha habido narices a aplicar casi nunca.

Pagar por ver ciclismo, algo que ya existe

Sí, cuatro carreras en el Benelux, principalmente, poco más.

Nosotros pensamos que si el ciclismo fuera capaz de dar ese algo más tendría unas posibilidades inmensas.

Pocos deportes reúnen lo que el ciclismo, sobre tantos kilómetros, en parajes tan variopìntos.

Si la diferencia del ciclismo respecto a otras cosas en la vida está en gratuidad, es obvio que el modelo perecerá, como de hecho vemos que perece poco a poco.

El patrocinio tradicional no es tanto como a veces se dibuja. 

Se habla de retornos y esas cosas cuando la realidad es la de un carrusel de marcas que entran y salen.

Una salud financiera siempre al límite que algunos equipos buscan compensar con otras cosas, paquetes VIP  a sus aficionados, merchandishing y hasta «stores».

Las carreras grandes, las que arrastran, podrían tomar nota, un acceso, una presencia, una invitación, algo diferente, que ponga en solfa puntos de vista originales de la carrera.

En esta vida hay mercado para todo, y todos buscan algo diferente.

Y en algunos sitios se pondría coto a cierta gentuza.

El ciclismo en la cuneta, tartera y mesita plegable seguirá siempre, pero abrir algo diferente para quién busque algo original, debería ser norma de la casa.

Una línea de negocio que requeriría de tiempo, algo de inversión y talento, mucho talento.

Gravity by Gobik: El culotte definitivo con menos de 145 gramos de peso 

Porque si cada ciudad que pisamos tiene su club con la boutique en el centro de urbe y un tour por el estadio, el ciclismo no ha sido escaso en símbolos cincelados en base al tiempo y la leyenda.

Afinar el lápiz, se impone, casi tanto como picar puertas y poner dossiers sobre la mesa,

No es sencillo, lo sabemos, pero los huevos en varias cestas es una regla de tres que, incluso en los negocios más sofisticados, acaban por dar la fórmula del éxito.