¿Quién es el mejor sprinter del mundo?

sprinter Caleb Ewan JoanSeguidor

Si nos pedís por el sprinter del 2019 nos quedamos con el pequeño pero eficaz Caleb Ewan

Caleb Ewan, Sam Bennett, Dylan Groenewegen, Elia Viviani, Pascal Ackermannn… no se sencillo decir quién es el mejor velocista del año

En el Jumbo-Visma lo tienen claro…

 

Ojo, poca broma, que el equipo amarillo acaba el año con los dos corredores más laureados, además de Groenwegen, segundo ha sido Primoz Roglic, quien ha ganado durante ocho meses casi todo lo que ha competido.

Las cifras ponen a Groenewegen como el sprinter más laureado de la campaña. 

Sus triunfos llegaron a rozar la tiranía, encadenando éxitos, siendo el azote mental de sus rivales, que cuando veían a Groenewege, seguro que ponían las barbas de remojar.

Pero a nadie se le escapa que el palmarés de este fornido velocista neerlandés incorpora piezas de esas que aunque dan caché no son top.

Y no es sencillo romper ese círculo, cuando el Giro tiene opciones para los sprinters, pero no tantas, la Vuelta casi las ha quitado y el Tour va a menos.

DT-Swiss 2019

 

Se un buen sprinter es convivir con el estigma de que la etapa que debes ganar seguro que va a ser un bodrio. 

Y eso las grandes vueltas, el semillero y hábitat natural para marcar el mejor sprinter del momento.

La primera semana del Tour es la guinda, sin duda, de lo que decimos, el mundial oficioso y a los puntos de los mejores sprinters del mundo que, con esmero, podrían alargar sus opciones hasta la mismísima llegada de París.

Y es ahí, en el irregular firme de los Campos Elíseos, cuando enfilan esa subida hacia el Arco del Triunfo, donde generalmente se juega la corona más pesada.

Y no es casualidad que Caleb Ewan fuera el ganador.

El velocista de las antípodas que sprinta plano, con el mentón coqueteando con el SRM y estos días se bate en el velódromo de Londres es para nosotros el mejor sprinter del año.

No lo es en términos absolutos, Groenewegen se hizo con una corona muy meritoria, pero sí en calidad de victorias.

 

 

Con diez triunfos, se ha quedado a cinco del neerlandés, pero es que la mitad de las mismas se firman entre Giro y Tour.

En el segundo Ewan se cepillo tres etapas, cargándose de razones por su cabreo, hace un año, cuando el Mitchelton no le llevó a la mejor carrera.

El Cruz Pivot 2 es un portabicicletas para bola de remolque con diseño moderno y características exclusivas.

Bien rodeado, cargado de confianza, Caleb Ewan ha dado su mejor medida en las grandes carreras, y en un contexto nada sencillo, porque las opciones escasean y la presión sobre los hombres rápidos es importante.

Ojo que Ewan explotó tan joven que aún tiene 25 años…

SQR – GORE

 

Por medio se colaron las bazas del Bora, un equipo que acusó la irregular temporada de Peter Sagan, hecho que ha arremangado a Pascal Ackermann y Sam Bennett, trece triunfos por barba.

Ambos son segundo y tercero en esa lista hecha muy a conveniencia.

Cada uno tendrá sus gustos, el alemán es un portento, físico corpulento, con pegada, fuerte, tipo Marcel Kittel, en el año de su precipitada retirada, y si nos apuráis perfil André Greipel, pero el irlandés es canea fina, con una efectividad que es un premio para los estadísticos.

Pascal Ackermann Giro JoanSeguidor

Elia Viviani sigue ahí, con sus lógicas carencias, que las tiene, pero una profesionalidad que nadie podrá discutirle.

Numéricamente su 2019 no ha sido su 2018, pero le queda el consuelo de haber estrenado la cuenta en el Tour.

Si creemos que Bennett va a ir a más, Fabio Jakobsen es quien parece mejor posicionado para lo que viene, como su compañero Alvaro Hodeg, que reposa las heridas provocadas por esas vallas criminales.

La campaña saca de la foto a Fernando Gaviria, quien espera a Richeze como parte de la solución y porfía Alexander Kristoff, sobre el papel el segundo velocista del Emirates, pero en la estadística el mejor.

Si no son buenos tiempos para el arte de la lucha contra el reloj, tampoco lo son para la velocidad, esos adalides del final eléctrico que, tras hacernos esperar largas horas, nos dan la esencia del ciclismo en 200 metros.

Esa bicicleta que «desconecta» gente…

La bicicleta nos ayuda a buscar nuestra paz interior.

Desconectar: verbo que intentamos conjugar siempre que podemos durante el año, ya sea en vacaciones o en esos paréntesis en forma de días de libre disposición.

También esperando el fin de semana para intentar olvidarnos por algunas horas del estrés diario, del trabajo, las prisas y los nervios.

 

Pero sobre todo para arrinconar el reloj, este maldito cómplice de viaje que marca implacable nuestro tiempo con ese tictac que nos acompaña incluso durante la noche para saltar de buena mañana con el despertador.

Madrugar sí, pero para hacer lo que más nos gusta a nosotros: salir en bici.

La bicicleta: nuestro deseo más abierto para desconectar, relajarnos -cada uno a su manera- y disfrutar de los lugares que visitamos.

Mientras, en nuestro interior, nos dedicamos algunos momentos a pensar sobre asuntos que encima de la bici «se ven» de otra forma y que hace que parezca que los problemas se esfumen.

Son escapadas físicas al exterior, buscando la naturaleza, pero también son viajes hacia nuestro yo interno, que alimenten nuestro cuerpo físico pero del mismo modo nuestra alma.

Eso lo sabemos muy bien que, al subirnos a la bici y empezar a pedalear, nos dejamos llevar por nuestros movimientos, más o menos automatizados.

Son muchos años montando y es también cuando conectamos con nuestros pensamientos más profundos y, casi sin darnos cuenta, meditamos sobre nuestra propia vida.

Para nosotros esta actividad es nuestro particular Zen, nuestra presencia plena, cuando junto a nuestra pequeña reina formamos un todo.

DT-Swiss 2019

 

Cuántos días soñamos con esos deseos de aventura, de dejarlo todo atrás, de escapar, de renunciar no sólo del reloj, sino también, claro está, del teléfono móvil, del ordenador y nuestras redes sociales.

Tan enganchados como estamos hoy en día a la tecnología y al estar en permanente conexión, y es cuando gritamos… ¡basta!

Así son las nuevas e-bikes de Berria equipadas con Polini 

Y nos prometemos a nosotros mismos ese deseado estado de felicidad en el que ni abriremos correos electrónicos ni leeremos whatsapps, aislándonos del mundo, y sólo querremos acercarnos a nuestro lado más íntimo.

Cada vez son más las personas que se han apuntado a esta… ¿moda?

 

Son los «desconectados», una nueva tribu urbana que está empezando a abandonar internet «para abrazar la vida real».

De momento son vistos como rarezas, como marcianos hoy en día, individuos que renuncian a sus aisladas vidas virtuales para dedicarse a la realidad de sus existencias.

No se trata de mandar todo a paseo y convertirnos en místicos o ermitaños, aunque esta propuesta para algunos (o muchos) pueda ser muy apetecible -entre los que me incluyo-.

Retirarnos al campo o a la montaña para dedicarnos a cultivar nuestros propios alimentos, con los medios justos y necesarios, es todo un deseo de ideal de vida, pero siempre con la bici como permanente compañera.

Buscamos evadirnos para intentar esa desconexión y pasar unos días alternando completo relax con descanso activo, practicando nuestro deporte favorito, buscando la paz interior.

Cuántas veces en nuestras escapadas en bici hemos llegado a sitios increíbles, bellos parajes naturales y rodeados de calma.

 

Es entonces cuando pensamos qué bueno sería para nuestra tranquilidad, sino quedarse a vivir allí, que también, sí pasar una buena temporada buscándonos a nosotros mismos.

Dexoticándonos de nuestras ciudades, meditando y reflexionando sobre el bien y el mal, lo divino y lo humano.

Lugares que reúnan todos estos requisitos que andamos escrutando, intentando localizar retiros espirituales que además no están allí ubicados por casualidad y sí por causalidad.

Centros de gran atracción positiva en los que, para completo disfrute del alejamiento, no haya ni cobertura para el móvil ni wifi.

La situación de estos polos energéticos en lugares muy poco transitados hará de nuestra estancia una idílica y mística experiencia Zen.

SQR – GORE

 

A lomos de nuestra bici que será nuestro particular karma positivo, siguiendo el dharma (el camino marcado) para llegar al nirvana (nuestro perfecto destino escogido).

Hablaremos de ellos, próximamente.

Namasté, amigos.

Foto: www.bycit.com

Mathieu Van der Poel, de vuelta al ciclocross

Mathieu Van der Poel JoanSeguidor

Mathieu Van der Poel vuelve al ciclocross, donde empezó todo

Ya tenemos fecha para la vuelta de Mathieu Van der Poel al kilómetro cero, al circuito de ciclocross.

Será el puente de todos los santos, el 3 de noviembre, en la carrera de Superprestigio.

Mathieu Van der Poel vuelve al ciclocross para devolverle el arcoíris a la modalidad de invierno, que sin duda atraerá más miradas gracias al talento circular del neerlandés.

 

Como hace unos días ya comentamos en este mal anillado cuaderno, la campaña de invierno que empezó hace algunas semanas, se presentaba singular con sus dos dominadores fuera de competición.

Wout Van Aert se recupera de la caída del Tour de Francia y a Mathieu Van der Poel, la pasada campaña de ciclocross no fue más que el inicio de la una temporada trepidante en ruta.

Las nuevas eléctricas de Berria ya están a la venta 

Ojo que los registros de Van der Poel en asfalto son de una efectividad rara vez vista en ciclismo profesional, y aunque muchos se queden con su estallido en el mundial, la cantidad de victorias que arrastraba tras de sí quizá fue el detonante para correr con una osadía que en el ciclismo profesional, del altísimo nivel, casi siempre se paga.

Van der Poel firmó una página que no debemos olvidar excedió los mentideros ciclistas, la remontada de la Amstel, que pudimos ver en aquellos sitios que el ciclismo sólo aparece cuando hay caídas espectaculares o sonados casos de dopaje.

Eso Van der Poel lo lleva.

SQR – GORE

 

Y por medio de todo, su media temporada en las ruedas gordas postulándose directamente al oro olímpico de Tokio, por delante incluso del coco Schurter,

Van der Poel aterriza de nuevo en la campa de ciclocross y en su ausencia se ha ido haciendo, cabrá ver si quiere ir a por generales o ir amasando y en ese camino acercarse a los primeros cogiendo la forma que necesita para volver a ganar el mundial.

Ese grand slam que se propuso en Yorkshire ha quedado en la historia, pero quién sabe, quizá un día Mathieu Van der Poel, guiado a veces por la excentricidad, valore ser campeón del mundo de carretera, ciclocross y BTT el mismo año.

Ahora mismo sólo él podría lograrlo y eso ya lo hace especial.

Raúl Alarcón en la eterna sospecha sobre el ciclismo portugués

Raul Alarcon - Volta Portugal JoanSeguidor

El pasaporte biológico de Raúl Alarcón nos devuelve a la peor cara del ciclismo portugués

 

Cuando Raúl Alarcón ganó su segunda Volta a Portugal, nuestra amiga Helena Dias nos escribió esto desde Lisboa mismo…

Raúl Alarcón es conocido como “El Caballo”.

Yo diría más: Alarcón “el Huracán”.

Es impresionante su porte encima de la bici.

Una fórmula ganadora dada su brutal fuerza física, que pasa en los terrenos más duros, devastando sus rivales, mientras que fuera de competición transmite una carismática imagen que lleva niños y mayores a llamarle por su nombre, siempre que se distingue su figura.

Cuando aparece, se escucha “Raúl, Raúl, Raúl” millones de veces, como si de un héroe inalcanzable si tratara.

Yo, que estuve presente en las tres últimas etapas de la Volta, pude comprobarlo.

Aquí existe la magia y el carisma de los héroes de los tiempos antiguos.

DT-Swiss 2019

 

Cariño, magnetismo, atracción,… todo eso ha generado Raúl Alarcón en Portugal.

Ese texto respondía a nuestra curiosidad por todo lo que acontece en Portugal y en su ciclismo, tan cerca y tan lejano al mismo tiempo.

Escapatoria de muchos corredores españoles, algunos para no volver, otros para acabar sus días, y muy pocos para conseguir lo que logró Rubén Plaza, por ejemplo, regresar a un World Tour.

Rubén fue la excepción.

 

 

En el caso de Raúl Alarcón estaba claro que su tiempo de volver había expirado.

He llegado a leer que su equipo era el «Sky luso», un rodillo que amoldaba la carrera a su gusto para que Raúl diera la puntilla.

Las palabras que Helena Dias reflejó, como siempre con una amabilidad extrema, en nuestro mal anillado cuaderno, fueron fruto de la petición de un servidor, que a su vez quiso atender la demanda de algún lector que nos decía: «Tenéis olvidado el ciclismo portugués y a un gran campeón como Raúl«.

Y nosotros que somos solícito, quisimos saber más de primera mano, de alguien que lo hubiera visto con sus propios ojos.

El romance de Raúl Alarcón con Portugal estaba servido.

SQR – GORE

 

Leemos que todo este paisaje idílico puede tener una sombra.

Como sabéis Raúl Alarcón no corrió la Volta a Portugal donde defendía sendas coronas, no sólo una.

Una caída en una carrera anterior le apartó de la competición, aunque ya en mayo ciertos rumores de su pasaporte biológico se dejaban oír.

DT Swiss, la bicicleta se viste por los pies 

Así las cosas, Ciclo21 nos da más pistas, hoy mismo: la UCI le suspende por el uso de procedimientos y sustancias prohibidas.

El pasaporte biológico ha cantado.

Lo que había salido en mayo no era tan descabellado.

Es algo provisional, no definitivo, pero pam, ya sabemos cómo acaban estas cosas.

Nos duele la situación por muchas cosas, primero porque la precariedad que sabemos se mueve en el ciclismo luso está cronificada y sólo faltan noticias así para que se les tache de lo peor.

Luego porque en su día recibimos un mensaje que nos inquiría por este texto firmado por Unai Yus sobre la Volta a Portugal.

«No saques muchas cosas de ahí» nos dijeron que «ya sabemos lo que se cuece en esas carreras».

Aún conscientes de la realidad, lo quisimos sacar, porque es el relato vibrante de un ciclismo que se vive de forma tan especial como desconocida para gran parte del público.

Sin embargo, la mancha sigue ahí, es tozuda, y la noticia de Raúl Alarcón es otro muesca en la pared de aquellos que dicen que aquello es la jungla, con todas y cada una de las palabras.

Enric Mas en el Movistar, con el contador a cero

Enric Mas Movistar JoanSeguidor

Correr y liderar el Movistar no debe ser nada sencillo ni siquiera para Enric Mas

Casi con la campana Enric Mas, en la cuenta atrás para entrar en Movistar, estrena el casillero del año, un año que no creo que haya sido fácil para el.

Ha podido participar de la intimidad del éxito del mejor equipo del mundo, de la locura, por ejemplo, que debió vivir Julian Alaphilippe en el Tour, pero al mismo tiempo en el plano personal las cosas no le han sonreído.

Enric Mas sigue siendo joven, de hecho llevó el maillot blanco en el Tour de Francia.

All´, en el hexágono, probó cuán dura es esta carrera, dura e ingrata, de esas que no perdonan un mal paso ni un peor momento.

El Tour de Francia es desde luego la obsesión de este mallorquín de profusa sonrisa, curiosamente como su mentor de origen, Alberto Contador, pero de ahí a domarlo, va un abismo.

Quedar segundo en la Vuelta no es fácil, pero más complicado parece refrendarlo en el Tour.

 

Leemos que Enric Mas está ansioso por meterse en harina del Movistar, no debe ser sencillo estar en una estructura como la belga, donde el idioma no es el tuyo, ni las costumbres ni esas cosas, pero la amplitud de miras que te da eso, no se paga con dinero.

Espera más cercanía en Movistar donde aterriza con la pista limpia, no hay quien le haga sombra en el liderazgo de las grandes vueltas, quizá Marc Soler, pero al catalán aún no le hemos visto al nivel del mallorquín y cabrá ver cómo se desenvuelve ahora que no va tener un Nairo que esperar.

Cold Season 19-20 en Gobik… 

Sinceramente no va a ser sencillo gestionarlo.

Entiendo que los celestes asilarán la nueva estrella que llevará la M de Movistar en los mejores pelotones, pero el peso de la historia y el foco de prensa afín no es poca cosa.

DT-Swiss 2019

 

Sin embargo, más allá de liderar el equipo patrio, a Enric Mas le lastran las comparaciones sobre lo que tiene alrededor, una chavalería, mucho más joven que él que pone en jaque las teorías de maduración lenta y sosegada que el Movistar, y sus antecesores, ha llevado a cabo siempre.

Ese peso moral de ver que críos como Pogacar o Bernal están tan arriba en las tres semanas también hay que gestionarlo.

Enric Mas es un buen corredor, pero no quizá lo que muchos quieren ver en él, o quieren esperar de él.

Las cosas llevan su camino, Enric Mas ha dado que hablar desde joven, pero ello no significa nada de cara al futuro.

 

El Tour de Franca sirvió para poner las cosas en su sitio, y dejar claro que esto no es sencillo.

Que ser español, y tener a mucha gente cruzando los dedos detrás para que España no salga de las grandes naciones del ciclismo, ya no es suficiente, como centrarlo todo en el Tour y luego ver que la carrera no se te da.

Por de pronto, China y la carrera que le abre un casillero que no podía acabar a cero.

Imagen: © Deceuninck – Quick-Step – ©Tim De Waele / Getty Images

Tour de Francia 2030: futuro distópico

Un ejercicio de ciclismo ficción… así será el Tour de Francia 2030

Vámonos al Tour de Francia 2030, estamos en octubre de 2029, en París.

Hoy se presenta una nueva edición del Tour de Francia, la única carrera que ha sobrevivido durante estos últimos años al declive del ciclismo profesional.

Y lo continuará haciendo un año más. Al menos hasta 2030, el año que viene.

Por el camino han ido desapareciendo todas las competiciones de ciclismo al aire libre.

Primero fueron las clásicas.

Luego, las carreras de una semana.

 

El efecto dominó se llevó por delante a otras grandes vueltas, como la corsa rosa o la ronda española.

No queda nada de aquello.

Sólo un triste recuerdo.

El Tour aún aguanta, aunque no sé por cuánto tiempo.

Mi obligación es hacerlo desaparecer lo antes posible.

Mi nombre es Naitsirhc Emmohdurp y soy el director del Tour de Francia.

Soy un infiltrado.

Todo empezó hace unos años, cuando el lobby del automóvil se impuso finalmente al uso de la bicicleta en las ciudades. El coche le había ganado la batalla.

Demasiados intereses, demasiado dinero.

Cuando las patronales internacionales de fabricantes de vehículos vieron cómo había crecido el número de usuarios que se desplazaban en bici para ir a trabajar, pegaron un puñetazo encima de la mesa.

DT-Swiss 2019

 

Se había llegado hasta tal punto que veían peligrar sus negocios.

La venta de coches había descendido a mínimos históricos.

Las marcas de automóviles estaban al borde de la ruina.

Entonces fue cuando sucedió todo.

Lejos de parar la producción, la aumentaron y además empezaron a fabricar coches cada vez más grandes y cada vez más sofisticados.

Y, sobre todo, bajaron los precios. Reventaron los mercados poniendo a la venta automóviles de alta gama asequibles a mileuristas.

La reacción fue inmediata.

Se dispararon las ventas alcanzando cotas máximas. Todo el mundo quería un coche de esos que tan sólo costaban 6 mil euros.

Tuvieron que aumentar la producción a medida que también lo hacia la presencia de aquellos monstruos en las carreteras.

Llegó un momento en que las ciudades quedaron al borde del colapso.

 

El coche había borrado por completo la bici de nuestras calles.

Los gobiernos sucumbieron al poder de las multinacionales.

El parque automovilístico había crecido de tal manera que fue necesario crear nuevas y más grandes infraestructuras: más autopistas, con más carriles y más anchos, más túneles y más puentes… devorando carreteras, pistas y senderos.

Las ciudades se convirtieron en un infierno: humos, contaminación y retenciones continuas. Todo el mundo usaba su coche, en detrimento de la bicicleta.

Llegó un momento que era imposible salir ahí afuera, de ese modo, en bici: por seguridad, por salud.

Poco a poco fueron quedando en desuso, arrinconadas.

Ni siquiera a los niños se les regalaban ya bicicletas.

El único modo de dar pedales de forma segura era hacerlo bajo techo, en los gimnasios, conectados a una bonita carretera virtual.

Eso fue el final.

Lo más paradójico fue que la gente que iba a pedalear a estos centros deportivos se desplazaban en su coche particular.

¡Qué sin sentido!

 

Muchos, la mayoría, preferían quedar y salir de forma virtual con sus amigos conectados a esas máquinas.

Pronto, algunos, vieron en aquellos simuladores la posibilidad de organizar competiciones.

En muchas carreras al aire libre los ciclistas ya tenían que competir con mascarillas, debido a la alta y densa contaminación que se había alcanzado en muchos puntos del planeta.

Las carreras de toda la vida, poco a poco, se fueron sustituyendo por sus réplicas virtuales.

De esta manera fue como empezaron a desaparecer las históricas jornadas de ciclismo.

Bueno, todas menos una.

El Tour aún resiste, estamos en la previa del Tour de Francia de 2030. 

Nacex te envía la bicicleta donde le digas 

No puede ser de otra manera.

La mayor carrera del mundo, el mejor escaparate internacional para los grandes ciclistas, no podía desaparecer así como así.

El esfuerzo, el sacrificio y el gran trabajo de unos pocos aún hacen que el Tour “al aire libre” se siga celebrando año tras año.

Eso sí, cada vez con menos fuerza.

Los jóvenes corredores prefieren competir “bajo techo”.

Al Tour aún van los veteranos de toda la vida que no quieren perder la esencia de este deporte y la historia escrita a golpe de pedal en las piernas de estos valientes corredores.

También participan los que buscan la gloria, la épica, locos aventureros que se lanzan a la carretera como auténticos caza-tesoros, que no se rinden a seguir formando parte del Olimpo de los dioses del pedal.

SQR – GORE

 

Pero el Tour, para las multinacionales del automóvil, aún sigue siendo un peligro para sus intereses.

Temen que en cualquier momento la tortilla se pueda girar y que, gracias al misticismo y el romanticismo del Tour, haya un repunte entre sus fieles seguidores que pueda provocar un giro en la historia.

Esto es, que vuelvan las bicis a las calles.

Piensan que hay que aplastar el Tour.

Pero… ¿cómo?

Hundirlo pero que parezca un accidente, un hecho irreversible, abocado a seguir el sino de sus grandes vueltas hermanas.

Para eso me contrataron.

Sí, a mí.

Hace  unos años se pusieron en contacto conmigo para este cometido.

No me pude negar.

Llegaron a amenazar incluso a mi familia.

 

Y aquí estoy, en la presentación de un nuevo Tour.

Un nuevo recorrido que, año tras año, he ido intentando empeorar para que los “mejores” desistan volver.

Así, de entrada, hace ya unos años que empecé en mi nuevo trabajo.

Fue en el año 2019.

Aquello fue el inicio, el origen.

Presenté un Tour de Francia con un recorrido que fue un insulto a la esencia de la historia del ciclismo.

Pensé que cuantos menos corredores especialistas vinieran mejor.

Mejor para mis intereses. Peor para los que se atrevieran a competir.

Empecé a diseñar etapas poco llanas y apenas planifiqué un par de ellas. Con esto casi me aseguraba que los esprinters se iban a quedar en casa.

También me cargué de un plumazo la épica contrarreloj larga y llana. Y, de paso, la de por equipos también.

De esta forma, los especialistas contra el crono tampoco iban a venir.

Recorté el kilometraje de las etapas. Casi las dejé para corredores juveniles. No más de 150 kilómetros de recorrido.

Ya no iba a ser un deporte de fondo y cuanto menos tiempo estuvieran los ciclistas en la carretera mejor.

Diseñé un Tour para olvidar: sin cimas míticas, ni Tourmalet, ni Alpe d’Huez, ni Mont Ventoux… nada.

Nada que pudiera recordar al aficionado la historia de los gigantes de la carretera.

Me olvidé hasta del infierno del Norte: nada de pavés ni adoquines, ni nada por el estilo.

Tampoco finales en alto en Pirineos, ni encadenados alpinos y sí muchas cuestas de cabras, a ver si así se aburrían hasta los escaladores.

En ese sentido, aprendí mucho de mis viejas reuniones con mis amigos organizadores de La Vuelta.

Este año vuelvo a la carga, con la presentación de la edición del 2030.

Y creo que me he superado.

Para el año que viene me he cargado todos los maillots originales del Tour y los he cambiado por los que me han ofrecido una marca de coches.

Así, ni amarillo, ni blanco con topos rojos, ni verde.

Ahora el de líder será de color rojo. Con un poco de suerte no se distinguirá del resto de corredores.

Y esto creará confusión.

Habrá polémica.

También me he cargado la última etapa tranquila con final en París.

A cambio, he colocado una cronoescalada a la Tour de Madeloc.

Nada, una tachuela con rampas de hasta el 24%.

Estoy deseando saber qué opinan prensa y aficionados.

Si con esto no me cargo el Tour, dimito.

Foto: Movistarteam

Ciclismo virtual: ¿Ha llegado para quedarse?

Ciclismo virtual JoanSeguidor

Que la UCI plantee un campeonato del mundo de ciclismo virtual parece excesivo pero no suplantará el ciclismo de toda la vida

Plataformas como Zwift o Bkool trepan por la rutina de ciclistas, al punto que se han convertido en un escenario casi tan usual como las carreteras más concurridas, el ciclismo virtual no es el futuro, es presente.

Y un presente que se impone…

El fichaje de un ciclista por parte del Dimension Data por sus datos en Zwift da la medida de cómo el ciclismo virtual llena todos los huecos que le son hábiles.

Todos tiramos de rodillo, más cuando tenemos turnos que impiden salir a horas decentes, pero el imaginarse competiciones de ciclismo virtual con el sello UCI, como podría ser un mundial, resultaría surrealista si las cosas no apuntaran hacia ese escenario.

DT-Swiss 2019

 

El prólogo del Giro ya se hizo con pantallazos LIVE de la subida hacia San Luca en la plataforma Zwift, imitando perfectamente los desniveles, el paisaje.

Y de esta manera, lo virtual pasa como un rodillo ¿sobre todo?

A ver si las cosas quedan en su sitio, lo normal es que se extienda aún más, de ahí las apuestas tecnológicas, pero pensar que vaya a suplantar al de toda la vida, suena a chufla.

Otra cosa es que guste que haya un mundial de ciclismo virtual, aunque ya se sabe qué ocurre si la UCI huele el dinero y al final, si esto es para darle más recursos a la federación internacional, ni tan mal.

Nacho nos comenta qué le parece todo esto…

Dumoulin & Roglic no deberían ir al Tour

Giro Dumoulin JoanSeguidor

Dumoulin y Roglic se merecen un Tour justo para todos los especialistas

Sobre la presencia de Roglic, Dumoulin y Krujswijk en el Tour de Francia 2020, en el Jumbo todo está en el aire…

«Cuando miras nuestras bazas, pienso que los tres pueden hacerlo bien en el Tour. Primoz es bueno en las subidas duras, también Dumoulin, y en la tercera semana, Steven se adapta perfectamente. Es complicado decir a quien le iría mejor, hay que ver la ruta con mayor detalle»

«No es definitivo, hay que ver la presentación del Giro y luego la de la Vuelta. Todo está sobre la mesa, también está la combinación Giro-Tour, Giro-Vuelta o Tour Vuelta. Está en el aire»

 

Lo que en el Jumbo Visma ahora es incertidumbre, el reparto de papeles en las tres grandes para otros tantos líderes, es certeza al preguntarse qué demonios pasa en el Tour con los kilómetros de contrarreloj.

Y esa realidad que ven en el equipo, sobre el papel más perjudicado, es la que describe el aficionado medio ciclista, que entiende todo esto como un ejercicio de equidad y oportunidades para todos.

Viendo el perfil de Dumoulin y Roglic, yo no irá al Tour.

Pero claro, una cosa es que lo digamos aquí, para que luego…

SQR – GORE

 

Lo que sí es cierto es que Tom Dumoulin y Primoz Roglic se han encontrado el recorrido más tramposo de la historia reciente del Tour.

Los kilómetros contra el crono es obvio que hay que contenerlos, con estos dos rodillos que pueden destrozar la carrera en un buen día, pero de ahí a marginarlos de esa manera hay un trecho.

Dumoulin, al que muchos le recuerdan el apretón de la base del Stelvio, crece como estrella en el ciclismo más hostil posible, sin embargo, se calza la cala y diferencia de otros, de gran beneficiado del citado apretón, Nairo, sí, compite y no queja.

Se ha hecho a subir pendientes inhumanas que a Indurain le podrán haber costado un riñón.

Por su parte Roglic es un ciclista con tanta calidad que aunque la crono le vaya como anillo al dedo, casi que el recorrido le resbala.

Otra cosa es que, este equipo, el Jumbo, y estos líderes Dumoulin y Roglic, tuvieran arrestos para hacer hasta el final lo que ya anunciaron el año pasado, pero que no pudieron ir hasta el final por la caída del Giro lo arruinó todo: dejar de lado el Tour, demostrar que hay vida a parte de él y un prestigio a granjearse lejos de Francia.