#Top2019 El gran salto de Primoz Roglic

Primoz Roglic Lombardia JoaSeguidor

El Primoz Roglic que sale del 2019 es un corredor que aspira a todo

 

Diciembre-enero, albores del año que entra, epílogo del que se va y Primoz Roglic llena una crónica, no sé si la primera de 2020, la última de 2019.

Sea como fuere, el corazón helado, esloveno, no es protagonista de un salto de esquí, lo de ciclismo, del salto, el gran salto de un corredor que ha trepado hasta la cima de la bicicleta con la misma decisión que muestra cada momento que se fija un dorsal en la espalda .

Corazón helado, ciclista frío, lo describen distante, algunos, más cálido otros, nosotros le vemos sobre la máquina, y ahí es un privilegio verlo.

Primoz Roglic es el ciclista de 2019, no quizá el mejor, al menos a nuestro juicio, sabéis la predilección por lo que ha hecho Egan Bernal, su juventud barnizada de ambición, pero el términos absolutos, el 2019 de Primoz Roglic es demencial, bestial, el golpe en la mesa más genuino visto en mucho tiempo, la presentación en sociedad más sonada en años.

 

Numéricamente ahí lo lleváis, trece victorias, sólo superado por su compañero Dylan Groenwegen, y rodeado de anotadores: Ackermman y Bennet.

Alaphilippe, con doce, se le aproxima de entre los #Top2019.

Así las cosas, el despiece de la obra de Roglic se alarga desde febrero a octubre, y ahí cupo de todo.

Tre generales, la de UAE, la primera, la Tirreno, apretadísima sobre Adam Yates y Romandía en modo «sin pestañear».

Ese Grand Slam tuvo resaca, alargada, durante tres semanas por Italia. 

Como dicen los gitanos, no queremos buenos comienzos y sí mejores finales, Roglic lo aplicó, pero al revés.

Si Giro lo habría firmado el mismo Indurain, con unos varapalos contra el crono que no le recordamos más que a un puñado.

Pero Italia, ciclismo bello, tierra de pasión y sangre rosa, es una caja de sorpresas. 

Cuando llegaron los Alpes, los piamonteses, los de Aosta, a Roglic las cuentas ya no le salían y no cabía más mérito que el de los rivales, personajes inquietos que le frenaron, como Nibali, y le pasaron la mano, como Carapaz.

El Giro de Roglic se salvó en la campana de la arena veronesa, con el podio, el primero en una grande en el zurrón y una lección bien aprendida.

Ir de tapado a la Vuelta la favoreció.

 

Aquí las cosas fueron diferentes de inicio a final, empezó mal, acabó mejor.

Tuvo momentos en el filo y en casi todos estaba solo, si bien en España el Jumbo funcionó cien veces mejor que en Italia.

Y en este cruce de caminos, siempre alguien le sacaba las castañas del fuego, nunca un duelo tipo Movistar-Astana benefició tanto a un tercero.

Pero no fue sencillo, sacó lo mejor en aquel caos andorrano, caído, atropellado por una moto, y firmó la crono perfecta para auparse con un rojo que ya no dejaría.

Primoz Roglic subió al podio de Madrid, líder, ganador y al final atisbó París y ese morbo que trae servido el tridente del Jumbo para el año que viene.

Porque por este corredor que parece ni sentir, ni padecer, también corren sentimientos, y lo que se alumbra para el año nuevo es que este corredor sólo puede ir al Tour a liderar.

Todo lo demás, seguro que hoy, no lo firmaría.

Teika UCI Team: ¿por qué esta apuesta por el ciclocross?

Teika ciclocross featured

Los motivos de Teika para invertir en ciclocross

 

Un equipo de ciclocross, profesional y en España, eso es el Teika UCI Team.

Para quienes hemos visto el ciclismo desde todos los niveles, incluida la carretera, un equipo en ciertas modalidades fue una especie de suelo lúbrico,

Por eso la apuesta de Teika por el ciclocross nos deja admirados  y perplejos al mismo tiempo, con la esperanza que esto no se quede aquí y sea el germen de algo mejor.

Vender el ciclocross en este lado de los Pirineos es una quimera que con Teika ha resultado.

 

Ahora cabe la segunda parte de la historia, que no se quede en anécdota ni se acabe cuando Felipe Orts tenga suficiente, ¿cómo podría ser?

Llevar clientes a las carreras, montar tinglados alrededor del evento, hacer un «inside job» algo así como lo que hace Nacho, metiéndose en la carpa, y sentándose con Javi Cabanes, el responsable de un equipo que ahora mismo tiene un top ten en la clasificación de UCI en sus filas.

Y de esa charla, entre ruidos de rodillos y el viento que amenazaba los contendientes de Camp de Mirra, sacar las conclusiones de una apuesta integral por una especialidad, el ciclocross, que tiene un recorrido infinito en España.

SQR – GORE

 

Imagen: FB Teika UCI Team

Las victorias de Evenepoel y Van der Poel que no computan en el palmarés

Remco Evenepoel JoanSeguidor

Los premios de deportista del año a Evenepoel y Van der Poel son oxígeno para el ciclismo

 

El ciclismo no es un deporte pródigo en galardones generalistas… hasta que llegaron corredores como Remco Evenepoel y Mathieu Van der Poel.

Al primero le está valiendo su precocidad para reventar registros dentro y fuera del ciclismo.

Si lo que hizo en la Clásica de San Sebastián levantó la admiración general y abrió los libros de historia del ciclismo por el principio, dejando constancia del triunfo más joven jamás visto en el máximo nivel, ahora su figura trasciende siendo nombrado deportista del año en Bélgica.

Ojo que esta distinción le llega en los mejores momentos, en mucho tiempo, de los «diablos rojos», una selección futbolera que da gusto ver jugar.

 

En los Países Bajos, la explosión de Mathieu Van der Poel sigue los mismos parámetros. 

Cuando ganó la Amstel Gold Race de esa manera, sencillamente emocionando, dimos cuenta de la presencia de Mathieu Van der Poel en espacios generalistas, ajenos al ciclismo.

Su remontada en la gran carrera del Limburgo fue pasto de los grandes soportes ¡incluso aquí, a este lado de los Pirineos! y eso no se lo agradeceremos nunca lo suficiente.

SQR – GORE

 

Si lo que nos trae esta nueva generación son reconocimientos en los que el ciclismo no pasaba si quiera de puntillas, bienvenida sea, lo que está claro es que tanto Evenepoel como Van der Poel no han hecho más que empezar, y si su ejemplo, y el de sus países cundiera en otros sitios, fomentando una cultura eminentemente deportiva, mejor nos iría.

Por de pronto estos críos lo que logran es una cosa, emocionar, y eso es un bien muy escaso en nuestro ciclismo, donde muchas veces lees «no corro para el espectador y sí para el resultado» omitiendo que una victoria que llegue a la «patata» tiene un valor doble o triple, y eso el mecenas también lo agradece cuando pasa cuentas a la pasta que deposita en el deporte más bello del mundo.

Imagen: Tim-De-Waele—Getty-Images

#Top2019 Egan Bernal es el prodigio en el año de los prodigios

Egan Bernal JoanSeguidor

Lo que ha hecho Egan Bernal en 2019 no lo veremos en mucho tiempo

Yo no sé si el 31 de este mes, a media noche, cuando el 2019 pasé hoja, Egan Bernal hojeará el libro de su año fantástico.

En el año de las maravillas, de niños hechos hombre como por arte de magia, pensamos que el fino colombiano es lo mejor que ahora mismo tiene el ciclismo.

Una temporada en la que muchos le vemos de amarillo, sobre el cajón de los Campos Elíseos, la línea en el horizonte, perspectiva perfecta, el cuadro que todos visualizamos, que en tiempos pretéritos sería la receta del hombre del renacimiento.

Una imagen que no es más que el colofón, porque de Egan Bernal tenemos no pocas historias para llenar el libro de la historia.

Y si nos pedís una, será una de esas que no cae en el palmarés, ni computa en el palmarés, pero sí dibuja la esencia de un corredor que no ha venido de paso.

 

Aquella jornada de París-Niza, una carrera que es un tesoro, sobretodo esas primeras etapas frías, grises, desapacibles, cinceladas en viento y llovizna.

Cuando Egan Bernal se puso entre Luke Rowe y Michal Kwiatkowski un tarde de marzo empezamos diciendo… 

Luke Rowe es un galés alto, corpulento, potente, un rodador de etiqueta Sky.

Un tipo duro, curtido en los vientos de Gales, que sabe por donde sopla el Dios Eolo con hincar su índice sobre la mirada,

Luke Rowe ha crecido con Geraint Thomas, Ian Stannard, Gianni Moscon, Bradley Wiggins, Peter Kenaugh, Chrisian Knees, Michal Kwiatkowski, Jonathan Castroviejo,…

Lo veis, todos prominentes rodadores, de mayor o menor tamaño, pero auténticas máquinas de rodar, de enfilar y romper grupos, ciclistas cortados por el mismo molde, ciclistas que no hacen prisioneros.

Pues quién le diría a Rowe, que sus mejores días haciendo abanicos en una carrera cualquiera, dígase la París-Niza, en un lugar al azar, al norte y centro del hexágono, los pasaría con largo y tostado colombiano, de sesenta míseros kilos, que no levanta por encima de la media del pelotón pero que rueda como un demonio.

¿Quién le diría a Luke Rowe que Egan Bernal sería su compañero de baile en las tres jornadas más trepidantes que hemos visto en mucho tiempo?

Pues bien ese fornido galés corrió con Egan Bernal y rompió el pelotón en el llano, una jornada envenenada por un viento atroz que dejó a todos atrás, salvo a unos cuantos, entre ellos este colombiano nadando en las condiciones que el manual dibuja como más adversas a su físico y peso.
Pero como dijimos entonces, Egan Bernal no corría para el futuro, corría para ya.
Ganó la París-Niza y empezó a crecer el mito, la leyenda que Colombia podría optar a otra grande con otro prodigio, como Nairo años antes, jovencito, presto a escribir la historia con trazo grueso y letra dorada.

La Sea Otter lo tiene todo a punto 

SQR – GORE

 

Y los astros se alienaron.

A veces a un mal paso, le suceden otros buenos.

Caído de la lista del Giro, por un accidente entrenando, Egan vio la vía libre cuando Chris Froome causaría baja en el Tour por su horrible caída en el Dauphiné.

Geraint Thomas era el líder, sobre el papel, pero el galés, incluso con el uno en la espalda, no tenía el peso específico de Froome.

En Suiza, Egan Bernal propinó un aperitivo, la etapa de San Gotardo fue el escenario de uno de los ataques del año.

En el Tour podremos darle mil vueltas a lo que pasó tras el Iseran, la carrera que iba por la cima le situó delante, lo suficiente como para ganar el Tour.

Y así fue, sencillo sobre el papel, inhumano en la ruta.

Hasta Geraint admite cierta frustración, llegar y besar el santo, por eso, y por otras cosas, por esa manera de correr ambiciosa, de progresar sin techo, de mirar alto, muy alto, entendemos que Egan Bernal es a maravilla en el año de las maravillas, ahora mismo el mejor ciclista del mundo, por donde se mire, luego siempre habrá quien… pero este 2019 será para enmarcar en casa de los Bernal.

Eusebio Unzué ve otro ciclismo

Giro Movistar JoanSeguidor

A veces nos preguntamos cómo ha conseguido Eusebio Unzué construir este imperio llamado Movistar

 

Ha corrido la entrevista a Eusebio Unzué estos días por las redes, una entrevista que por profundidad, extensión y variedad de temas es excepcional, como pocas vemos a una persona por cuyas manos ha pasado buena parte del ciclismo español, directamente e indirectamente, de los últimos cuarenta años.

Dice el periodista que el técnico se sincera, eso quizá sea mucho pedir, pero sí que es cierto que oímos por primera vez en mucho tiempo respirar a Unzúe sobre cuestiones que o ha omitido o su camarilla nunca ha tenido a bien preguntarle, y eso  ya es un avance.

 

Tras leer la extensa entrevista son varios los titulares que sacamos.

Las clásicas del pavé… 

Dice Eusebio Unzué que «van a cobrar cada vez más importancia en Movistar. La televisión las ha convertido en un espectáculo. A las nuevas generaciones estos recorridos del norte europeo les encanta. Es importante para nosotros encontrar un grupo de unos ocho chavales que sienta pasión por estas carreras. Imanol Erviti, Nelson Oliveira…son algunos de ellos y pueden trasladar a los más jóvenes sus conocimientos sobre cómo competir en condiciones en estos entornos tan hostiles»

Es curiosa extra reflexión en 2019, cuando estas carreras hace años que no paran de crecer.

En el ADN del ciclismo español -y en el Movistar por extensión- el pavé no se concibeleed lo que Pascual Momparler, el seleccionador nacional, nos escribió hace unos meses– y esa cortedad de miras ha perjudicado a muchos y buenos ciclistas que podrían haber encontrado un nicho para progresar al mismo tiempo que ser mejores y más completos corredores.

Las clásicas han sido en «chez Unzué» un entremés que no iba más allá de las opciones de Valverde en las Ardenas y siempre con el ojo en las grandes vueltas bien fijado.

Hoy se percata del espectáculo que suponen y del beneficio que le darían a su marca.

 

El arroz se pasa con Nairo Quintana 

«No está con nosotros porque creemos que su momento para pelear por las grandes generales pasó, no por otra cosa» afirma de un ciclista que hace dos o tres años que ya no está en las quinielas.

El día que, en aquel Giro tan montañoso, ya no pudo con Tom Dumoulin, yendo con toda la intención a por el doblete Giro-Tour nos percatamos de una realidad, que Nairo explotó y creció tan rápido que tocó techo con la misma velocidad.

Que Romain Bardet ya le desplazara de la segunda plaza del Tour, mientras Froome dominaba sin temor, fue el aviso, lo de Dumoulin el detonante, lo que vino después, con mucha gente superándole, la constatación de que el colombiano no daba más de sí.

Y eso no es un reproche, es una realidad, como otras tantas, y ello no esconde que Nairo ha sido uno de los mejores de su generación, pero no el mejor como muchos llegamos a pensar hace cuatro o cinco años.

 

La cultura olímpica 

Sobre los Juegos de Tokio «el quebradero de cabeza me lo da la fecha en la que están situados (entre el Tour y la Vuelta). Para Alejandro es su mayor objetivo esta temporada. Unas Olimpiadas tienen la importancia que supone el poder competirla solo cada cuatro años, aunque tradicionalmente es más importante un Mundial. El problema que tenemos con Alejandro es que se tenga que bajar del Tour para estar fresco de cara a Tokio. A veces para cumplir un objetivo tienes que renunciar a otro. No obstante, ya veremos porque si el Tour avanza y él o uno de sus compañeros está líder… De momento es pronto para tomar una decisión al respecto. Primero el Tour, luego los Juegos«.

Que Alejandro Valverde se baje de la bicicleta durante el Tour para ir a Tokio es algo que nos cuesta visualizar y Eusebio Unzué verbaliza.

La importancia de los Juegos reside que se celebran cada cuatro años, a su juicio, e incide que ganarlos ya no le supondrían nada a Valverde, que ya tiene bastante.

Hace unos días hablamos de la cultura olímpica del Ineos, de su querencia por brillar en todos los terrenos y competiciones, el equipo británico salió de los cinco aros para ser lo que, en «chez Unzué» prevalece la cultura de las grandes vueltas, del ciclismo de toda la vida.

Que Ineos, antes Sky, goce de una vitrina con campeones del Tour y olímpicos como Geraint Thomas o Brad Wiggins está en las antípodas de lo que piensa Eusebio Unzúe.

Menos mal que Miguel Indurain pensó en su día que no tenía suficiente y puso la guinda en Atlanta 1996, aunque para entonces a saber si se cruzaba palabra con el manager.

El fichaje de Torres y Mora

«Más que salvarles, lo que Telefónica está intentando con la pista es llenarla con un poco más de contenido, sobre todo para sacarle más provecho a nuestras dos estrellas en esta disciplina: Sebastián Mora y Albert Torres. Ellos ya estaban con objetivos claros, pero en el deporte la parte emocional también es importante. Con su incorporación al equipo se han cargado de ilusión. Tienen dos retos ahora: la medalla en Tokio y adaptarse a nuestras necesidades. Te puedo garantizar que, en el poco tiempo que llevo con ellos, no dejan entrever otra cosa. Estamos a tiempo de sacarles la clase que seguro que tienen en la carretera. El fin de todo esto es que la pista sea un complemento de la ruta y no al revés como hasta ahora»

Para Eusebio Unzué la pista debe someterse a la ruta, es así, no hay vuela de hoja.

Que Albert Torres y Sebastián Mora puedan competir en el Movistar es un balón de ilusión, nada tiene que ver que el 99% de sus rivales en el madison olímpico corran en carretera y estén establecidos en ella desde hace tiempo.

Que haya equipos, volvemos al Ineos, pero también al Cofidis con Viviani, al Mitchelton y otros que respeten los tiempos de sus pistards para darle gloria olímpica en el velódromo a sus escuadras no es importante, lo notorio es todo lo que puedan hacer en carretera y luego, si eso, que disputen una medalla en Tokio.

La estrecha convivencia de la pista con la carretera, la probada solvencia de este binomio, eso es casualidad, como que hay un corredor como Van der Poel que se haya empeñado en escribir la historia desde tres modalidades, tres, al mismo tiempo.

Espero, de verdad, que Torres y Mora saquen del Movistar el mismo rédito que Kluge, Reinhardt, Coquard, Cavendish, Benjamin Thomas y otros obtienen del asfalto para brillar en el velódromo.

SQR – GORE

 

La filosofía de Alejandro Valverde

«Tiene otra virtud, y es que le encanta que su líder -véase Nairo o Mikel- no asuma todo el peso de la responsabilidad. Si hubiera renunciado a luchar por generales pues sí, igual hubiera ganado 15 etapas más de las que tiene, pero… ¿qué supone para él una victoria más? Nada. A él tienes que valorarle tanto por sus conquistas como por esa condición de estar ahí siempre. El decir: «¡cuidado, cuidado que la trinca!». Eso es de un genio incalculable»

Cuando llegados a cierto punto del Tour de Francia nos preguntamos a qué diantres juega Alejandro Valverde, si asegura de entrada que va a apoyar a Landa y Nairo, que sus opciones son una etapa y gracias, y esa retórica mil veces leída pero según avanzan la carrera le vemos defendiendo un top ten, él a su edad, al que no le va de un oro olímpico, pero sí de un sexto en el Tour…

Pues eso, que mejor tener el récord de top ten, que no es poca cosa, que quince o veinte etapas en la mejor carrera del mundo, porque se juega a una general que Alejandro nunca ha tenido en su radar, una cosa fue la Vuelta, hace diez años, otra el Giro, pero el Tour…

Así son las nuevas eléctricas de Berria Bikes 

La tricefalía Landa-Nairo-Valverde

«Tener a tres corredores de nivel ya es una fortuna y luego, cuando no hay claramente uno tan superior a los demás, me parece hasta necesaria. En una carrera pueden pasar muchas cosas: que enferme uno, que otro se caiga, que se produzcan desfallecimientos, etc. No creo en la vieja táctica que dice que si todos los corredores apoyan a uno este va a andar más«.

Asegura Eusebio que lo de las tres cabezas le produce risa, al respetable le ha dado juego, a nosotros también, otra cosa es a sus gregarios, que debieron acabar del revés cada grande a la que concurrieron Landa-Valverde-Nairo.

Tres líderes en un equipo de ocho es una locura, por mucho que se diga que se cubren ante un posible percance, sin embargo las grandes carreras se ganan con un gran líder, bien marcado y pertrechado por el equipo, otra cosa es guardar una baza, por si acaso, en la recámara, lo otro es una alquimia que durante dos años, sendos Tours de Francia, se vio imposible.

Si lo de Marc Soler en Andorra lo vimos todos, fue el vaso a rebosar, si eso sucedió con gregarios, normal que suceda lo de Landa y Nairo en los Pirineos: «La actitud tiene que estar siempre por encima de todo y, desde luego, Nairo aquel día no la tuvo. Tenía que haber echado una mano, por mínima que fuera, para darle un respiro a Mikel. Es obvio y en las cámaras se vio»

Las estrategias del equipo

«El único momento en el que me enfadé mucho fue la penúltima etapa en Val Thorens. Teníamos la oportunidad de acercar a Valverde a la altura de Nibali«.

Es curioso que el único cabreo en un Tour que fue un desastre táctico perenne se produjera en la penúltima etapa, con todo vendido y el saco lleno de errores.

Cuesta creer que en el Tourmalet no se dijera nada, ni al día siguiente, ni siquiera con ese vídeo que habría firmado Pantomima Full de los tres capos en el bus.

El Movistar es un gran equipo, sí, pero cabría saber qué criterios se manejan para tener a ciertos directores al volante, si ser de la casa desde la raíz, fiel y cercano a los capos es el mérito requerido, así les luce.

Curiosamente la única grande en la que Movistar corrió como un rodillo fue dirigido por uno nuevo al mando.

Discutir la valía de Eusebio Unzúe, de lo que ha logrado, construido y todo eso no es el objetivo de este mal anillado cuaderno, en cambio no podemos más que mostrar perplejidad por que su obra se haya alargado tanto y tan bien, con todo lo que le vemos, sabemos y nos cuentan de esa santa casa, la casa que ahora mismo es el hub del ciclismo español.

Los cinco momentos top de la década ciclista

Giro Italia Nibali JoanSeguidor

De Florencia a Montalcino, los cinco momentos top de la década ciclista 

 

Cada uno tendrá los suyos, más faltaba, pero la matemática no es subjetiva como el recuerdo y habrá tantos top 5 de la década ciclista como lectores pasen por estas líneas.

Nosotros estamos muy en sintonía con casi todo esto…

Pero nos guardamos alguna baza si nos pedís los cinco momentos top de la década ciclista que dejamos atrás, por mucho que oigamos que la nueva empieza en un año.

 

Empezamos el repaso de momentos top de la década ciclista obviamente por la carrera de las carreras, la madre de todas juntas.

Florencia, mundial, año 2013.

En la ciudad donde apuraron su talento mentes imposibles de volver a disfrutar, el ciclismo rozó la perfección.

«Puro vete para delante que yo corto» cuando esas palabras saliendo de la boca de Alejandro Valverde hacia Joaquim Rodríguez el corazón se heló, entró en el letargo de la lluvia eterna que acompañaba el pelotón desde la amurallada ciudad de Luca y había hecho una criba bestial.

Un corazón helado, luego roto cuando Rui Costa alcanzo y el ganó el mundial a Purito.

Decada ciclista Rui Costa JoanSeguidor

La mejor última vuelta de los tiempos, un recorrido mentalmente hecho millones de veces por el aficionado medio que acabó de la peor forma posible: plata y bronce para la mejor selección español que vimos, y veremos, en mucho tiempo.

Florencia, año 2013, donde genios se hicieron eternos, ahí mismo, el ciclismo fue una obra de arte

Por que aquella carrera memorable no debe hacer perder el duelo de los tiempos, Cancellara, Wiggins y Tony Martin, una contrarreloj que fue una obra de arte, la obra de arte.

 

Por que el ciclismo que nos emociona no entiende de banderas hubo una carrera, en el norte, muy al norte, tanto como en el infierno, que nos dejó sabor a poco en todo lo que vino después.

Entre París y Roubaix, año 2016, el ciclismo fue un monumento, el monumento, el pasillo a la inmortalidad para Tom Boonen y… Matthew Hayman.

Una carrera corrida a cuchillo a cien de meta, que pudo acabar con un corredor más coronado que nadie en la historia de Roubaix y que finalizó con un australiano que hoy frecuencia aeropuertos recogiendo el adoquín más preciado.

Mathew Hayman JoanSeguidor

El manual de Quick Step lo tuvo todo previsto menos ese ciclista alto, corpulento venido de las antípodas que habría de amargar el trago a los más acérrimos.

Tom no pudo, pero ahí estuvo, cortando la respiración al viejo De Vlaeminck…  durante muchos kilómetros.

 

A la cima del Galibier se fue el Tour el año que pasaron cien años que la «Grande Boucle» hoyó el gigante alpino.

Y a la cima del Galibier voló el pequeños de los Schleck, tras un Tour de vergüenza, girando la cabeza ante un Contador que estaba KO por su esfuerzo en el Giro y la sanción que le habría de venir.

Andy Schleck sí que fue un campeón que pasó solo la Casse Désérte y siguió hasta la coronilla del Galibier, solo, con la ayuda de un Montfort excelso y unas piernas que fueron oro, el poco tiempo de que duraron.

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Algunos alegramos que Cadel Evans ganara aquel Tour, por el tibio Andy, el tiempo ha situado al que habría de ser gran rival de Contador en su sitio con una de esas gestas que, ocho años y medio después guardamos en el tarro de las esencias.

SQR – GORE

 

La última semana del Giro 2016 no es un momento, es un momentazo prolongado siete días.

Luego nos preguntan por qué cojones amamos a Vincenzo Nibali.

Mirad a cuánto salió del líder en la cronoescalada, a siete días del final, y cómo finalizó.

Nibali, top 5 de nuestra década ciclista, tejió una remontada que empezó desde el mismo Agnelo, el techo entre Francia e Italia, y la posterior caída de Stveven Kruijswijk contra una pared helada.

Fue la semana del Giro de las maravillas, un circo de monos y trapecistas que premió la valentía de Nibali, ese corredor que nunca has de dejar vivo, porque a la vuelta de la esquina, en el siguiente viraje dará cuenta de ti.

Decada ciclista Montalcino JoanSeguidor

Con aquel Giro, la italiana fue la mejor grande de la década ciclista, sólo comparable a la de seis años antes, a de 2010, una carrera que se corrió a pelo, inocente, sin saber que daría ese barro recién regado camino de Montalcino, fango domado por el campeón del mundo Cadel Evans.

Aquella jornada fue tan icónica, que las imágenes aún se utilizan en teasers, pero no sólo eso, fue la puerta a una carrera mágica, aquella etapa de L´Aquila bajo el diluvio, que se resolvió porque Ivan Basso tuvo a Vincenzo Nibali en el descenso del Mortirolo.

Aquel día David Arroyo pudo haber entrado en la galería del Giro, en el mismo sitio que se coronó Carapaz este año, en la Arena de Verona, la almendra romana donde dejamos esta historia esperando en diez años saber dónde nos han dejado el listón.

#Top2019 Tadeg Pogacar no entiende de reglas

Vuelta Pogacar

La explosión de Tadeg Pogacar es el grito de una generación que no se somete a la norma

En los vértices de la estrella que más brilla en este balance de año sale el nombre de Tadeg Pogacar.

Es el nombre de un ciclista que desmiente, con otros de su edad o similar, que el talento entienda de edad o convencionalismos, que entierra teorías, dogmas macerados en el tiempo que hablan de maduración, crecimiento y esas cosas que hoy nos parecen del siglo pasado.

 

Hay estadísticas que hablan de la edad perfecta del Tour y sus ganadores, la línea hace punta en los 28-29 años, tiempo perfecto, equidistante entre la efervescencia de la juventud y la experiencia de los años.

Tadeg Pogacar se sale de esa foto, de esa estadística, su nombre va por otro camino, el suyo, que será lo largo que el tiempo dicte o el mismo quiera, pero que será otro, diferente en definitiva, a todo lo que estábamos acostumbrados.

Nacex: la bicicleta donde les digas 

Yo no será porqué no avisara.

Es un corredor cuya efervescencia juvenil, esa carita redonda de no haber nunca un plato, no tiene sangre en las situaciones de peligro, en la presión.

Demuestra una madurez que sólo entendemos de serie, que viene en el pack, en el producto de origen. 

Una madurez que ya en el cerco que le montaron en Algarve, con las piernas aún frías, nos dio la clave de que aquí no había un ciclista que viniera a esperar.

Salió y gestionó una situación adversa como lo había hecho en el Porvenir medio año antes.

 

Entonces Pogacar abrió el melón, pero hizo la brecha más gorda durante el año, consolidando lo bueno que se decía de él, desde dentro afuera, sacando una clase que parece imperecedera.

¿Momentos?

Su irrupción en País Vasco, no es poca cosa, con gente que lleva años bregando en el mundillo.

Luego California, y una victoria histórica, abrió su cuenta en el World Tour y cerró el ciclo de una carrera que el año que viene no tendrá lugar.

SQR – GORE

 

Pero no tuvo nada como la Vuelta, la carrera en la que explotó, dice que incluso antes de Andorra se veía para algo grande, aunque ese día tocó la perfección, dejando por sentado que el ciclismo premia a quienes corren dando la cara, no mirando atrás.

Y así, desde su admirable juventud, desde un contador a casi cero construyó un podio de la nada, en Machucos sacando de rueda a ciclista que no hace mucho le doblaba la edad, el sempiterno Valverde, y en Gredos tomando el mando él solito, dando el vuelco y granjeando un podio que, como otras veces hemos dicho, fue muy merecido.

Un podio, tres etapas en la Vuelta, mas California, más Algarve, más… esto es Tadeg Pogacar con 21 años, esto es un prodigio, como los compis de clase, de Bernal a Evenepoel… y sobre eso al infinito.

Ahora Pogacar planea su segundo año en el máximo nivel pivotando sobre el Tour de Francia, ahí es nada.

La generación precoz no espera, ni lo pretende y optan a lo más alto casi de inicio.

El Tour no es la Vuelta, eso dice la teoría, pero esta gente ha venido para eso, para romper las reglas.

¿Quién fue el mejor de los rivales de Miguel Indurain?

Miguel Indurain rivales JoanSeguidor

Miguel Indurain se la ha tenido que jugar con hasta tres generaciones de rivales

 

Cinco Tours y dos Giros, a ello sumado un buen número de éxitos, no fueron pocos los rivales que Miguel Indurain dejó por el camino.

De ellos hubo de todo, su situación, generación del 64, con Breukink, Bugno y Alcalá, se decía entonces, le confirió «choques» con los mayores del momento, desde Fignon a Lemond pasando por Roche, y rifirafes con los que vendrían más tarde, Olano, Berzin, Ullrich, Pantani…

En definitiva una amalgama de corredores, que hay no están todos, de los que surgieron épicos momentos que desde luego hoy miramos con nostalgia.

¿Cómo no mirar así La Plagne, Sestriere, Marmolada en esos años?

Fueron tiempos de heroísmo, incluso también de controversia, muchos de esos ciclistas ya sabemos cómo acabaron, aunque algunos quieran mirar para otro lado, pero fue en el cogollo de todo eso, donde cimentamos el amor que le tenemos a este deporte.

 

Así las cosas Miguel Indurain irrumpió en el ciclismo que mamó de las ubres, directamente además, de Bernard Hinault.

En un grado inferior Stephen Roche coincidió en alguna contienda con el gigante navarro, aunque serían Greg Lemond y Laurent Fignon quienes le sufrirían en sus carnes.

Hete aquí la famosa crono de Luxemburgo y el doblaje, triple, firmado por el navarro.

Una hazaña, no se puede describir de otra manera, que Laurent Fignon describió como increíble, cuando saliendo seis minutos más tarde, Indurain dio cuenta de él en el tramo final de la crono más increíble jamás vista.

Indurain fue testigo directo del duelo de Fignon con Lemond, Tour de 1989, una visión privilegiada de la mejor carrera de los tiempos modernos que cimentó la leyenda de Lemond.

Esa leyenda, ese dominio americano, cayó por la borda con la irrupción de Indurain, un par de años después.

El americano, en ese momento, en ese lugar, la cima del Tourmalet, le daría el relevo en la corona de la mejor carrera del mundo.

Despegaba entonces la leyenda de Indurain a lomos del caballo más desbocado que le tocó domar, Claudio Chiapucci.

Juntos construyeron un monumento a la historia del ciclismo en las laderas de Val Louron, aquella tarde julio.

En esa cabalgada pudo estar Gianni Bugno, pero no estuvo y se perdió la fiesta.

Si un día nos pedís quiénes fueron los rivales más genuinos, directos y cercanos Miguel Indurain.

Rivales íntimos, querríamos decir, aquellos en los que pensamos primero cuando relatamos la concurrencia del momento.

 

Como Tony Rominger, quien ganó mucho esos años, pero que con Miguel Indurain tendría un duelo, al sol del Tour del 93, aquellas tardes de Isola 2000, Saint Lary, pero sobre todo Serre Chévalier y el previo Galibier.

No coincidieron mucho suizo y español, pero su rivalidad se llevaba en la distancia en tiempo y lugar: el récord de la hora que Rominger le batió dos veces, nada menos.

Para Rominger, como para Chiapucci y Bugno habrá un monográfico a más no tardar.

Ellos son los primeros en quien pensamos cuando hablamos de los rivales de Miguel Indurain.

 

Pero no perdamos el hilo, por que en esos años dos ciclistas aparecieron desde el GB-MG: primero Franco Chioccioli, efímero en la película, pero intenso con aquella cabalgada de Imola, Giro del 92, y Zenon Jaskula, el frío polaco que popularizó el término «goma» mejor que nadie para ganarse un hueco en el podio del Tour del año siguiente.

Efímeros también fueron Moreno Argentin y sus troupe Eugeni Berzin y Piotr Urgumov.

Éste último letón que anduvo como un tiro en el Giro del 93, aquella etapa de Oropa, y luego en el Tour del año siguiente, trepando y trepando hasta ser segundo, aunque sin amenazar de forma directa el liderazgo de Indurain.

Moreno Argentin fue maestro de ceremonias confabulando contra Miguel en aquellos Giros del 93 y 94.

En el primero Ugrumov se quedó en el camino, en el siguiente dio en la diana con Berzin, infringiendo la derrota más dura de todo el «ciclo» Indurain.

Pero Berzin llegó, ganó y se fue, así, con la misma naturalidad que entró, salió de escena.

Duró más Marco Pantani, el ciclista que tronaba hacia arriba que coprotagonizó la etapa más demencial jamás vista, aquella de Aprica, Giro del 94, junto a Sestriere el día que las palomitas no daban de sí ante la televisión.

Pantani fue una constante ante Miguel en sus últimos dos años en lo más alto y acompañó al mentado y a Olano en el podio del mundial de Colombia.

SQR – GORE

 

Siguiendo con la lista los ONCE no pueden caerse de la lista.

Alex Zulle estuvo siempre ahí, pero nunca tan cerca como en el último Tour: mientras el suizo volaba en La Plagne, Indurain destrozaba, uno a uno, el grupo trasero.

Zulle tenía potencia para estar con Indurain en muchos momentos, pero siempre le fallaba algo.

Y a veces la mentalidad que sí tenía Laurent Jalabert, posiblemente el más coral de los rivales de Indurain.

El francés se cruzó con él muchas veces y no sólo en el Tour, aunque aquí la jornada de Mende siempre será esencial.

El epílogo de esta historia de grandes nombres se escribe con el de un percherón danés que interrumpió el ciclo de seis Tours.

Bjarne Riis fue posiblemente el último de los rivales de Miguel Indurain y en su recuerdo se entremezcla la amargura de la derrota con todo lo que le vino después.

Pero fue otra historia, la que centró ésta habla de los rivales de Miguel Indurain, cuyo sólo relato y ubicación temporal nos da la medida de lo grande que fue ese periodo.