Ciclismo en 2020: Cinco motivos por los que no nos motiva

Montaña ciclista Tourmalet JoanSeguidor

Este 2020 no ha dejado nada por influir y el ciclismo no es excepción

La campaña de ciclismo 2020 no vive de espaldas a la realidad que nos ha golpeado el año más extraño de nuestra vida con un movimiento sin precedentes de carreras hacia fechas poco habituales.

Así las cosas, estamos disfrutando de las primeras etapas del Tour en septiembre, cuando la Vuelta debería estar llenando estas líneas, y esperamos que Giro y la mentada Vuelta se puedan disputar entre octubre y noviembre, coincidiendo en parte con grandes clásicas como Roubaix, Lieja y Flandes.

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Circunstancias impuestas por la pandemia que dejó seca la temporada a mediados de marzo y que nos han regalado escenas tan inesperadas como Lombardía y San Remo en agosto, carrerones a la postre, pero denaturalizados respecto a su historia.

Lo mismo decir con los picos de forma de los grandes ciclistas que tienen que afrontar un tramo de tres meses a full, saliendo a cuchillo en toda competición que se les cruce y sin opción a fallar, porque las opciones, en lo que a 2020, vuelan.

¿Qué decir del Giro y la Vuelta en otoño?

Si ya en mayo a veces el Giro tiene problemas en Dolomitas o a Vuelta se ha encontrado sorpresas en Andorra, por ejemplo, con bajadas de veinte grados respecto a las etapas de la costa, qué decir en octubre y noviembre.

Días cortos, tiempo incierto… cuestiones que también condicionan, para mal, la temporada.

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Y eso en el caso que pueda haber Vuelta y Giro, con la situación sanitaria tan compleja que se nos viene encima.

El mercado, como no podía ser de otra manera, también se ha visto afectado, si el otro día Nacho ya nos advirtió la imposición casi total de los discos, ahora admite sentirse perdido con las presentaciones de las marcas…

En fin, que la confusión del año más raro de nuestras vidas ha hecho que la campaña no despierte el atractivo de antaño.

No obstante, si todo va bien, al menos podremos decir que este periodo lo pudimos llenar con ciclismo.

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Tour: Julian Alaphilippe arregla el año entero

Alaphilippe Tour JoanSeguidor

Para Alaphilippe, etapa y liderato en el Tour le colman las primeras aspiraciones

En el año de la pandemia, los cheques en blanco son pocos y se pillan al vuelo, Juian Alaphilippe sabía que el suyo pasaba en el Tour, como por San Remo corrió el de Van Aert o el de Lombardía que parecía esperar a Evenepoel, de no haberse caído en ese puente.

Así las cosas, el Tour ya tiene el ganador y líder que le van como anillo al dedo para el relato

El Tour más raro de la historia, desubicado en septiembre, con la gente pendiente de mil historias, vuelta al cole, economía, Covid19… que Alaphiippe entre en los titulares es la cuadratura del círculo.

Él lo sabía, además, ese cheque en blanco pasaba por Niza y la «Grande Départ», una historia de un fin de semana que veremos hasta cuándo se prolonga, aunque seguimos pensando que si Francia tiene un ganador de Tour, no será Alaphilippe, en todo caso, sería Pinot, y con reservas.

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Por es cuando en los cuatro caminos, hacia el cruce en mitad del Col d´Èze, Alaphilippe puso a Devenyns a sostener la marcheta que el Jumbo interrumpió para no perjudicar a Dumoulin, caído en un afilador con Kwiatko, estaba caro que los focos se los llevaría él.

Por que Julian Alaphilippe tiene una cosa, un don, sale vivo de ornadas dantescas como las de ayer, incluso de ese disco que le «porculea» y va a por todo en el epílogo de la salida por capítulos de Niza.

Este Alaphilippe de 2020 no es el de la primavera de 2019, aunque se le aproxima

Derrotado en el Poggio y San Remo, hizo lo mismo con Èze y Niza, atacó subiendo y se lanzó bajando.

Y no lo tuvo sencillo, demostró piernas, para romper la carrera, y gestión de carrera, escapado con Marc Hirschi, 22 añitos tiene a perla suiza, y Adam Yates, un ciclista que en la recta final de su camino a Ineos, se muestra seguro, sólido y contundente.

Dejar el gran grupo a esas alturas necesitaba de una cilindrada que sólo tres tuvieron.

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Alaphilippe remó como el que más, remoloneó en ocasiones, gesticuló, se justó las calas, hizo de todo y ganó el sprint por media bicicleta, lanzándolo antes que nadie, acabando lo que empezó y mirando al cielo, llorando como si fuera la primera vez que ganaba.

En el año de la pandemia este triunfo es oro, doble éxito, dando en la diana en la primera oportunidad que se cruzó y sacando rédito de una popularidad que en estos lares es… kilométrica.

Dudamos mucho que Alaphilippe y su liderato en el Tour tengan el mismo recorrido del año pasado, él ya ha hecho camino, ha dado el golpe de efecto y piensa en alargar esto cuanto le sea posible.

Su 2020 posiblemente no iguale al 2019, pero será lo mejor que podrá ser, vistas las circunstancias.

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Sea como fuere, el ciclista siempre parece el malo

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La polémica de la primera etapa del Tour vuelve a señalar al ciclista como el culpable de todo

¿Cómo saber el estado de la carretera de la primera etapa del Tour, si no estábamos allí?

Ya no sólo en la cuneta, tan siquiera entre los corredores, el pelotón, en el bramido de frenazos, voces y caídas.

¿Cómo juzgar desde la distancia imágenes de jabón chorreando por las bajadas de los alrededores de Niza?

Esa es la realidad, la que se nos escapa y no tenemos presente cuando la indignación sube la temperatura de las redes sociales de aficionados, esperando todo el año esta carrera, indignados por la tregua sobrevenida en el pelotón, mejor dicho por una parte de pelotón.

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Evidentemente que no podemos juzgarlo, ni saber de la peligrosidad, lo viscoso que se escurría por el asfalto se asemejaba mucho al la tromba de agua que sucedió al paso del Iseran, el año pasado, y aquella etapa acabó suspendida en la cima del coloso alpino.

No podemos saberlo, aunque sí imaginarlo, pero ello no quita que el pelotón, cada vez que tiene ocasión de escenificar coherencia y unidad, malgasta la opción de la forma más burda.

Estos días surgieron protestas por la seguridad de los corredores que no sabemos muy bien a qué puerto han llegado: desde la caída de Evenepoel, sumada al accidente de Jakobsen, donde Groenewegen prendió la mecha y el peligro de la llegada hizo el resto.

Todo indica que el pelotón necesita la unidad que no llega ni se le espera. 

Ayer mismo, en la jornada inaugural del Tour, un ciclista alemán Tony Martin hizo las veces de Cancellara o de Bettini mandando parar al grupo cuando el peligró emergió, eligiendo la vía del medio, sin consenso, como se vio con los Astana, pidiendo reducir riesgos para evitarle disgustos a los equipos más poderosos del pelotón.

Es curioso que en esto Grenadiers y Jumbo estuvieran tan de acuerdo… 

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Los Astana estaban en el mismo derecho a acelerar, que el resto en pedir precaución. 

Nadie cuestiona que el peligro era evidente, que la carretera era un espejo, pero tampoco se puede poner el grito en el cielo por que alguien quiera aprovechar que esas circunstancias para moverse, más que nada por que nada unánime flotaba en el ambiente y todo parecía decisión de unos pocos, de unos poderosos.

¿Qué sucedió?

Que la gente cargó otra vez contra los ciclistas, lo que siempre reciben, si se lanzan, corren peligro, si se paran, les ponen a parir, y mientras el Tour va haciendo y los equipos sacan sus minutos.

¿Tan complicado es lanzar una protesta a la organización y pedir que se neutralice la carrera?

¿Hay que aparecer al frente del grupo pidiendo calma como en una corrala agitada?

En fin, que de mil maneras de hacer las cosas, siempre se escoge la más complicada, por eso, como bien nos escribió Maté hace unas semanas: «El ciclista aparece como el último siendo el payaso de este circo«.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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Tres motivos para que Carapaz asalte el Tour

Carapaz Vuelta

Vemos en Carapaz más opciones en el Tour de las que en un inicio pensábamos

Richard Carapaz es uno de los tapados del Tour, acunado en la comodidad del Grenadiers, segundo de filas de Egan Bernal y con el Giro como objetivo inicial, pocos contábamos con verle en una situación tan idónea para acabar siendo protagonista en Francia.

Pero el primer Tour de septiembre puede tener un protagonista ecuatoriano, algo que hace unas semanas no podríamos imaginar, pero que la realidad, tan retorcida este año nos ha puesto en bandeja.

En el haber de Richard Carapaz emerge un ciclista que está cómodo en estas situaciones, compartiendo liderato y atacando sus opciones sin vacilar, por un resquicio que surja.

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En circunstancias normales, el liderato de Egan Bernal estaría inmaculado, sobreviviendo a dos leyendas como Froome y Thomas y saliendo con el dorsal uno en la espalda.

Pero las dudas que emergen a su alrededor, la espalda y su retirada en Dauphiné, la manifiesta inferioridad ante Roglic, cuando ambos han colisionado en la carretera, para Bernal no está siendo la mejor aproximación al Tour de Francia.

Esta aparente debilidad del primer espada es aire para Richard Carapaz, un ciclista que, como vimos en la Vuelta a Polonia, no vacila si ve rendija para sus opciones: prueba, ataca y que le pillen si eso.

El año pasado Richard Carapaz fue al Giro por detrás de Mikel Landa: un desastroso arranque del alavés y Carapaz se postuló rápido, como había hecho un año antes también en Italia, quedando a un suspiro del podio.

Éste es Richard Carapaz, un ciclista que no las deja escapar y este Tour pinta que le puede venir viento de cola, si Bernal no da el nivel, que perfectamente podría no darlo.

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Cuando Carapaz fichó por Ineos, lamentamos la decisión, tantos buenos en el mismo equipo no puede ser beneficioso para el ciclismo, dijimos, pero además pensamos en las opciones de Carapaz en un corral lleno de gallos: un tipo que caba de ganar el Giro, de forma magistral, ¿qué hace entre Froome, Geraint y Bernal?

Pues bien, dos ya no están y el colombiano llega tocado por las dudas.

Todo eso, añadido al valor táctico que Caparaz despliega en todo lo que hace, le confieren un papel más relevante de lo que marca la teoría.

Carapaz, el año pasado, sobrevivió a la salida en tromba de Roglic en el Giro, con una crono como la de San Marino, perfecta para hacer destrozos, y salió a flote cuando la carretera miró al cielo, con un movimiento magistral aquella jornada de fina lluvia hacia Coumayeur, en los contrafuertes del Monte Bianco…

Atacó y ganó, Carapaz no se mueve si no lo ve claro, y ese camino que le vimos tantas curvas, ahora parece limpio, y el Tour aparece al final.

Contad con Carapaz para este Tour,

Imagen: @RichardCarapazM

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Si a Valverde no se le puede exigir nada ¿para qué va al Tour?

Alejandro Valverde Tokio JoanSeguidor

No entendemos que se diga que a Valverde no se le puede pedir más

Hace tiempo, recuerdo que cuando volvió a competir tras la sanción, que dijimos que Alejandro Valverde tiene don.

Un don que le hace único, un corredor que demuestra que el carisma no se compra, se tiene sin más, y a él le vino de serie, y lo sacó a pasear el día que dio el salto a pros, hace casi veinte años, tras ser el amateur de oro.

Un tipo dotado de olfato y físico desde el inicio de los tiempos, un capo que siempre fue capo, que aprendió a serlo desde el minuto cero, y eso marca.

Con todo, si Valverde deja el ciclismo en 2021, lo hará con dos décadas ahí.

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Lleva tanto que es parte de paisaje, mirad quién ha competido contra él y sabréis de lo longevo de su obra.

Recuerdo las primeras rivalidades con Damiano Cunego, luego todos le querían ver junto a Pilippe Gilbert, eso mientras porfiaba por grandes vueltas con Purito y Contador.

Alejandro Valverde, lo dijimos el otro día, se mantiene como al inicio porque nadie tiene cojones a retirarlo de ahí, nadie le regala nada, ni siquiera en este sistema tan de perdonarlo todo que rige el ciclismo en este lado de los Pirineos.

Con estos mimbres veo la cantinela del Tour, anotadlo: «A Alejandro Valverde no se le puede pedir nada más«.

Y es cierto, sobre el papel, en la teoría, hablamos de un corredor que no ha dejado títere con cabeza, que ha hecho la suya, resbalando mucho sobre los no pocos comentarios que le hemos dedicado, y le han dedicado.

Que pudiera ser o no, uno de los grandes clasicómanos y cazadores de la historia, sencillamente le da igual.

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Pero incluso con este bagaje, con todo lo que lleva hecho y recorrido, cuando Nairo explotó por ejemplo, Valverde ya llevaba diez años en la elite, no entendemos esa descarga de responsabilidades que la prensa oficial le profiere a puertas del Tour.

Podemos entender ciertas cosas, pero que no rinda cuentas no, no al menos en un equipo bautizado con el nombre de una empresa privada que mantiene una estructura que no es barata.

Decir que a Alejandro Valverde no se le puede pedir nada más -Javier Ares no para de repetirlo- es un falta de respeto para el propio corredor y sus compañeros, que confían en uno de los ocho de su formación para hacer el mejor Tour posible.

Si ya en años atrás, Valverde no se ha distinguido por deslomarse por un compañero -él siempre fue capo- sólo falta que no se le pidan cuentas, más cuando su equipo navega desorientado, con nula presencia y perspectivas poco halagüeñas en este Tour.

Dijimos en su día, a Movistar le hace falta un Valverde «killer» en este Tour, no uno que amarre hasta colgar otro top ten en su palmarés… ¿sabrán hacerlo? ¿sabría hacerlo?

Cabrá verle entre chavales que supera, mínimo en diez años, pero claro si no se le puede pedir nada más…

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Si el Tour se suspende ¿Quién lo gana?

Geraint Thomas featured

Nadie comenta nada sobre el ganador del Tour si éste se suspende

Leyendo las crónicas previas al Tour de Francia que parte de Niza a la voz de ya, nos llamó la atención esta pieza sobre la estrategia del Jumbo Visma y si anticiparían el asalto al amarillo en previsión que la carrrea no pueda llegar a París.

La hipótesis, aunque plausible, nos produce vértigo y aunque el ciclismo es un deporte acostumbrado a los «coïtus interruptus», recordad el final de la etapa reina del año pasado, cuando Bernal volaba Iseran abajo y todo se acabó por una tromba de agua.

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Sin embargo lo que plantea el Tour 2020 es dramático, es la posible cancelación de la carrera, sin más, porque la Covid19 tome la prueba o el hexágono.

El golpe sería demoledor para el ciclismo, los impactos omitidos para esos equipos que trabajan en dar rendimiento a sus mecenas, pero también para la imagen de Francia, teniendo que renunciar a su estandarte en todo el mundo.

Por eso creemos y queremos creer que todo está atado y bien atado y que si la campaña se ha desarrollado con sustos, pero desarrollado hasta el momento, el Tour debería llegar a París.

Sin embargo se puede plantear una disyuntiva que la carrera finalmente se pueda suspender, en ese caso ¿quién ganaría el Tour?

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Pensar que no se puede llegar a París no es descabellado, es una opcion muy real, desde luego, y el susto puede venir cuando menos se imagine

El Lotto Soudal ya ha dado uno.

Así las cosas, ¿qué sucedería con el palmarés de la carrera si no llega hasta el final?

¿Quién ganaría un Tour suspendido?

Lo normal sería el líder vigente, pero claro dependiendo a la altura que se produjera la suspensión.

Y si fuera así, alguien debería decir algo o al menos dar alguna pista, porque a día de hoy correr las tres semanas del Tour parece la única opción.

Lo mismo se decía sobre una carrera sin público, que era imposible, y la alerta roja que invade Niza va a dejar sin público la salida y llegada.

Por eso, nos llama la atención que ni el Tour, ni nadie hable de esta posibilidad, más cuando la pregunta surge de la prensa y seguramente más de uno salive con la posibilidad de llevar el amarillo si la fiesta acaba sin esperarlo.

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La pasión por Landa y Pinot no responde a la lógica

Mikel Landa JoanSeguidor

Tanto Pinot como Landa son lo más emocional del ciclismo

El epílogo del Dauphiné, la jornada final fue una locura que tuvo un punto de conexión con la realidad que conocíamos y siempre vuelve, la alineación de los elementos contra Mikel Landa y Thibaut Pinot.

Y es que el punto trágico que rodea dos corredores que despiertan pasión, directamente pasión, los puedes amar incondicionalmente, admitiendo que sus «lagunas» son parte de su encanto, o no querer ni ver, porque les acusas, en el caso de Landa de ser un lastre para Nairo, en el del francés de consolidarse como una eterna promesa.

Landa y Pinot son dos corredores con una vara de medir al margen de los mortales

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Los dos caminan por la cresta de los treinta años, ambos explotaron hace menos de diez, y de forma regular nunca han salido de la escena, aunque siempre algo les ha negado el premio máximo.

Una corsa es obvia, Landa y Pinot, incluso para los más críticos, no esconden una clase que destila cada pedalada.

Son dos corredores que centran miradas, que se llevan titulares y seguimiento propio, pero en carrera, como el día les pille inspirados, que tiemble el rival.

Los dos tienen jornadas de esas redondas que pasan a los anales.

El Mikel Landa del Giro del 2015 y el Tour de 2017: en ambas carreras, incluso trabajando para un tercero, tuvo su cuota de gloria, abriendo la puerta, sobre todo en el mentado Tour a poder disputarle la más grande  alos mejores, se quedó a un suspiro de un ciclista como Romain Bardet, que fió su suerte a esa carrera.

Thibaut Pinot tiene etapas en las tres grandes, ha pisado el podio del Tour, muy joven además, y firmó jornadas como ese Giro de Lombardía de vértigo que gana a Vincenzo Nibali, tras un trazado, ese de Como y alrededores, en el que los descensos tiene tanto que decir.

Los descensos, esos mismos que el francés tuvo que tratar con ayuda psicológica.

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Días así son oro, un clavo ardiendo para el landismo y el «pinotismo», que ya hay un perfil que habla por el colectivo.

Y así pasan los meses, los años, esperando que ese gran momento llegue mientras sendos iconos caen en la batalla, a veces fruto de un sobreesfuerzo brutal, otras por que un rival les empuja para no caerse, otras por un dolor de espalda o un golpe en la rodilla, da igual, el hecho en sí no es lo importante y sí el hilo que trence el argumento y acabe donde todos esperan que acabe: que su hombre siempre ha sido caballo pero que la vida es cruel y no les trata con justicia.

 

En este Tour, con un duelo de bloques anunciado, los versos libres pueden ser la clave, hete ahí Landa y Pinot, ahora mismo las mejores opciones de ciclismos tan importantes como el español y francés, abanderando la parte emocional que nunca debe ser subestimada en un deporte abordado por los números y la ciencia.

Pinot y Landa son esos «bárbaros» en un rincón de la Galia que hicieron fortuna en el corazón de una masa de aficionados que nunca les dejarán a su suerte…

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Si hay Tour en 2020, todo es posible

Tour de Francia - montaña joanSeguidor

Pocos podían imaginar hace pocos meses que tendríamos Tour en 2020

Salida del Tour 2020, Niza se mece allí donde los Alpes duermen en los primeros flecos de un Mediterráneo que aquí es más azul.

Es la Costa Azul, pionera en turismo, en instalar nuevos tiempos, el viaje como industria del ocio, generador de riqueza e intercambio, en una ceja de tierra que se bautiza de nombres italianos por calles, restaurantes, albergues, por que esto fue parte de Italia no hace tanto,

Niza, kilómetro cero de ese arte llamado turismo, Niza kilómetro cero del Tour de Francia 2020, el año que todo lo ha puesto en cuestión, en su Boulevard des Anglais, a la sombra del Negresco y el Palais des Arts, más allá del puerto viejo, veremos imágenes por las que suspirábamos no hace tanto.

Que haya Tour es, dijimos, un síntoma de normalidad y reconstrucción, un paisaje diferente al idílico que habríamos disfrutado, tan sólo hace medio año, pero paisaje, al fin y al cabo.

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Seremos testigos del primer Tour en septiembre, la carrera que se hizo perenne en julio, inamovible desde las mismas cenizas de la segunda Guerra Mundial y, puestos a verle el lado positivo, somos hasta afortunados.

Un Tour que llega con cinco semanas de competición y frenesí que han pasado factura y pasarán a lo que suceda en el hexágono durante estas tres semanas.

No hay favorito que no llegue tocado o dubitativo, todo está por hacer, todo por escribir.

Así las cosas, lo que dice nuestro apreciado Tom Dumoulin tenga todo el sentido, son hasta veinte ciclistas los que optan a algo en este Tour 2020, en dar el salto adelante y tomar el mando de la carrera de las carreras.

Una realidad poliédrica, propia de los cristales de una araña rusa que nos deja un menú de sorpresas y un libro sin final previsto.

El choque de trenes que preveíamos, el morbo de los tridentes queda al margen

Se cayeron las leyendas Froome y Thomas de un lado, y Kruijswijk del otro, ni Grenadiers, el Ineos remozado, ni Jumbo Visma traen su delantera de lujo, baja forma en un lado, lesiones en el otro, el ciclismo de concentración que hemos tenido en agosto ha pasado su minuta.

Sin embargo que no nos tiemble el pulso al señalar a otros.

Hay dos que nos inspiran especial temor mezclado con confianza, dos ganadores de Giro, casualmente, Richard Carapaz y el mencionado Dumoulin pueden abrir el melón, para un lado u otro, mientras la concurrencia se fija en Bernal y Roglic.

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Ambos, colombiano y esloveno son la punta de lanza en esta parrilla de salida, y como favoritos al Tour 2020 llegan con dudas y tocados, no podía ser de otra manera.

Luego viene una constelación de estrellas que busca ubicación en este mapa sin marcas y fondo blanco.

Ponedlos en el orden que más os plazca: Buchmann, Nairo, Adam Yates, Uran, Landa, Pinot, López…

Son unos cuantos, hay más, y uno del que no hablamos porque tiene la facultad de ir par capo sin hacer ruido, es Tadeg Pogacar, y dado que la edad no parece un problema en estos tiempos, nos parece una baza más que potable.

Lo es en un recorrido que, esperemos que sea ese milagro que fue la París-Niza, que se disputó hasta 24 horas del final y que al menos pudo proclamar un ganador.

Un recorrido de tres semanas en el que prevalece la montaña porque es lo que se lleva, omitiendo la crono, ese nombre arte que mide fuerzas por separado, sin rebufos ni tacañerías… pero es el billete de la modernidad mal entendida, un ciclismo que se dice completo, pero que es desigual, buscando no sabemos qué.

En fin, que todo salga bien y el viento sople de cola, que el ciclismo que veíamos imposible hace sólo unas semanas va a rodar desde Niza, que llegue a París es un deseo que queremos proclamar en voz muy alta

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