El Tour en Villard de Lans: ¿Alguien emulará a Laurent Fignon?

Tour de Francia - Laurent Fignon JoanSeguidor
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En Villard de Lans Fignon salió a morder el Tour tras hundirse en el Ventoux

Etapa de recuerdos nítidos, Villard de Lans, un lugar que no es el más duro de los Alpes, ni el más conocido, pero que para los amantes del Tour es recordar ciertos tiempos y nombres.

La escapada de Fabio y Lucho, la de Roche y Perico, el amarillo de Perico, la crono de Breukink…

Villard de Lans fue un sitio clásico en los Tours a caballo de los ochenta y noventa, creo que desde entonces no se ha vuelto a prodigar, con esa silueta tan típica, una subida larga, un falso llano matador y el pico final.

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Traemos un extracto del libro de Laurent Fignon, «Éramos jóvenes e inconscientes«, narrando parte del Tour 1987, y en especial las etapas del Ventoux, la que gana Bernard en una cronoescalada que le debió dejar seco para lo que quedaba de carrera, y el final de Villard de Lans, donde el enfurecido rubio armó trisca de la buena, cabreado y frustrado por su hundimiento en el monte pelado.

A aquella fiesta se unieron otros, Perico, Mottet, Roche ante la debacle de Jeff Bernard….

En aquel Tour me sentía asfixiado. Hasta que llegó la muy famosa cronoescalada al Mont Ventoux. Cima mítica. Escenario de todas las representaciones ciclistas. Teatro majestuoso. Frontera simbólica norte-sur. Santuario en memoria de Tom Simpson. Es allí donde Jean-François Bernard llevó a cabo su conocida hazaña, cayendo entre lágrimas en brazos de su gurú, Bernard Tapie, nada más cruzar la meta. El patrón: padre y dueño, contando sus dividendos y centrando en su persona las cámaras del prestigio. El corredor: falso hijo y verdadero esclavo, firmando allí, en el altar de sus sacrificios, el apogeo de una carrera que llevaba en sus genes su propia decadencia antes de hora…

En aquella subida invadida por una multitud histérica yo había decidido poner toda la carne en el asador, absolutamente toda. Estaba concentrado, motivado, tenía sed de victoria. Desgraciadamente no pasó absolutamente nada. Mi golpe de pedal era el de un cicloturista. El vacío, la nada. Todo se aflojó de golpe. Demasiada emoción, demasiados problemas. ¿Qué más puedo añadir, aparte de exhibirme al desnudo? Resultado: 64 de la etapa, a casi 10 minutos de Bernard. Estaba consternado por mi rendimiento.

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Mi hijo había nacido el día antes.

Estuve a punto de irme para casa.

Durante la subida, algunos espectadores que conocían la noticia me gritaban: “¡Venga, papá!”. Aquello era violento. No avanzaba, iba sufriendo, era el Ventoux.

Al entrar en el minibús de meta me hundí. “No lo conseguiré”. Lejos de las miradas, lloré durante mucho rato.

Aquella tarde me crucé con un periodista en el hotel y me preguntó: “¿Bernard es su sucesor?”. Le contesté: “Eso quiere decir que usted ya me ha enterrado, ¿no?”. Él: “Igual sí”. Yo: “Entonces tengo un motivo más para demostrarle que se equivoca”.

Estaba en un estado de rabia absoluta. Tenía la clara impresión de que aquello era el fin, que ya no estaba en mi sitio. Más adelante me di cuenta de que, decididamente, tenía necesidad de tocar fondo antes de levantar cabeza. Profundizar en la angustia antes de remontar.

Tras el Ventoux y sus episodios hirientes de ninguna manera podía abandonar. Quería demostrar a todo el mundo que todavía podía asombrar. Estudiamos el perfil de la etapa siguiente y decidimos saltarnos el avituallamiento. Volvíamos a entrar en acción. Aquel día Bernard lo perdió todo. Sus compañeros de equipo quisieron llevarlo hacia delante inmediatamente, pero él, nada alterado, dijo que no, afirmando: “Hay tiempo para empalmar”. Grave error. Por delante se había formado una gran coalición…

Tour Villard de Lans

En un ataque de orgullo yo me había vuelto a encontrar con unas piernas más o menos decentes. Mi cólera se cebó también con aquellos malditos pulsómetros: apagué el mío para no ver más la información. La cosa me fue más o menos bien. Al día siguiente, en el Alpe d’Huez, acabé sexto. Y al otro día gané en La Plagne una etapa prestigiosa. No obstante, recuerdo que no rodé a fondo. A ver, no me merecía quedar totalmente fuera de juego en aquel Tour. A pesar de haber corrido muy mermado conseguí en París la séptima plaza de la general, con un retraso de 18 minutos: más o menos lo que perdí en las contrarrelojes. Mi regularidad en montaña había sido significativa.

Dos o tres días después de la etapa de los Campos Elíseos, tirado en un sofá, me pregunté seriamente sobre mi capacidad para volver a ganar el Tour…

Imagen: FB Le Mont Ventoux

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Las exhibiciones de Filippo Ganna dan miedo

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La crono final de la Tirreno de Filippo Ganna es un hito que no puede pasar desapercibido

En la jornada de descanso del Tour de Francia el ciclismo miró en exclusiva al epílogo de la Tirreno-Adriatico, en uno de los clásicos de marzo reconvertido para septiembre, la crono de diez kilómetros en San Benedetto del Tronto con un resultado firmado por Filippo Ganna que se explica por sí solo viendo el histórico de esta «prueba del algodón».

No es la primera vez que hablamos de Filippo Ganna en este mal anillado cuaderno, un corredor que hace de la crono un arte tal que sublima lo que ciclistas como Wiggins o Dumoulin ya habían escalado a la máxima expresión, en los tiempos recientes.

Un resultado que se explica por sí solo viendo el histórico, Filippo Ganna habría apalizado en este epílogo de la Tirreno-Adriatico a Fabian Cancellara, Rohan Dennis y Victor Campenaerts, quien por cierto fue segundo a 18 segundos del campeón italiano en la modalidad, un campeón que por cierto luce un buzo precioso e impecable que habla del orgullo que exhibe por ser campeón de su país.

Pero no sólo eso, Filippo Ganna ha enviado a Geraint Thomas al medio minuto en una comparativa que nos viene muy bien hacer para explicar los orígenes pistards de Ganna y cómo los ha trasladado a la ruta.

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Unos orígenes que, visto ahora, son fruto de un circulo virtuoso, pues Ganna le ha sacado todo el provecho de la pista para rendir en la carretera y al revés.

Filippo Ganna es fruto del excelente trabajo de la selección italiana de pista y encabeza una cuarteta en la que si Viviani se recicla, junto a otros como Jonathan Millan, puede dar la sorpresa en Tokio 2021.

🚀 Filippo Ganna VINCE la cronometro individuale, Tappa 8 della #TirrenoAdriatico EOLO!

Posted by Tirreno Adriatico on Monday, September 14, 2020

Cuando preguntamos por los réditos que la pista le ha dado a Ganna en la carretera, Jaume Mas nos lo resume rápido.

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Empieza por esa técnica perfecta, es uno sobre la bicicleta, una aerodinámica escandalosa y un pedaleo redondo, cuya elegancia no admite discusión.

«La planta da miedo» dice, ya daba miedo diría, y a ello se ha añadido el trabajo del Ineos.

Luego viene la gestión del esfuerzo, una habilidad que la pista te pone en bandeja, perfecto para trazar un plan y llevarlo a su fin con aplastante naturalidad,

Ojo que Ganna batió no hace mucho el récord de los cuatro kilómetros en pista, dejándolo a las puertas de los cuatro minutos, una bestialidad, a sesenta por hora, muy por debajo de lo que otra leyenda como Chris Boardman marcó en su tiempo.

El británico hizo 4´12″, mirad por donde camina Ganna.

Ha iniciado un círculo virtuoso, tiene 24 años: la pista beneficiando la carretera y viceversa, un corredor que crece a pasos agigantados, que impone y rubrica este tipo de obras de arte, aunque pasen desapercibidas entre tanto ruido y tanto Tour de Francia.

Imagen: @Tirrenadriatico 

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¿Qué Tour le queda a Movistar?

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La general por equipos y el top ten de Mas son objetivos muy de Movistar para el Tour

Sobre el Movistar en este Tour cabe decir que las cosas están mejor que hace una semana y bastante mejor que en la previa de la mejor carrera del mundo.

La versión de los azules hace justicia a su historia, mejoran con el paso de los días, cuando el fondo empieza a imponerse al ritmo que el cansancio atenaza los ánimos.

En la general progresa Enric Mas, siempre persiguiendo en los Pirineos, pero muy fiable en lo que hemos visto de Alpes, no lejos de los mejores, incluido los eslovenos.

Siempre con esa pose sufridora, de trabajo de hormiguita, recordándonos mucho al que acabó segundo en una Vuelta a España, hace dos años por estas fechas, emergiendo según los otros se iban descolgando de los primeros.

No ocultaremos que creemos que a Enric Mas le hace falta algo más para estar delante del todo, igual que pensamos que en este ciclismo brillar es complicadísimo, pues el nivel lo estamos viendo a diario, con un equipo que no domina, directamente derriba la fortaleza y moral de los rivales, donde Tom Dumoulin, Wout Van Aert o Sep Kuss llegan con los primeros, o cerca de ellos.

Dijimos hace unos días que no podíamos entender cómo Enric Mas argumentaba el ritmo para explicar su inacción, los Jumbo hacen su trabajo y para Mas y los suyos la clave está en desmontarlo, pero cabe reconocerle al mallorquín que va ahí, en vagón de cabeza, ya no persiguiendo como en los Pirineos, demostrando que empieza a conocer la carrera, cosa que, aunque extrañe a muchos, nos alegra.

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Como nos alegra ver a Marc Soler en las fugas, la pieza más obvia para el Movistar si no quiere irse sólo con el premio de todos los años, la general por equipos del Tour, que entiendo que en la casa madre debe ser un orgullo casi celeste, pues llevar el casco amarillo a veces parece el primer y único objetivo de los Unzué.

En todo caso, Marc Soler ha reinterpretado, como Carlos Verona, el papel del equipo en la carretera, una vez ven que la general individual, al margen de Mas, está fuera de todo alcance.

Hay muchas formas de alcanzar el liderato por equipos.

Recuerdo la ONCE en el Tour del 90, que se quedó a puertas de lograrlo, venía de ganar las generales de Vuelta y Giro y el Z de Greg Lemond les privó de la triple corona.

Aquel equipo estuvo a punto de ser el mejor del Tour a base de escapadas, de ataques y protagonismo, con etapas firmadas por Chozas y Lejarreta.

Eusebio Unzúe prefiere un perfil bajo y a este equipo le cuesta horrores interpretar movimientos tipo los del Sunweb o desplegar el olfato de Deceuninck para cazar escapadas, cada uno tiene sus virtudes.

En todo caso, la segunda semana ha dado otro brillo a la actuación del Movistar, que camina por delante de Ineos Grenadiers para gozo de alguno de sus incondicionales.

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Sea como fuere, los celestes siempre tienen quienes les blanqueen.

En este caso se habla de Perico, quien recordamos lleva el logo de la telefónica en el pecho, pero no es más que la punta del iceberg en una prensa que acude en corrillo cada vez que el bloque los necesita.

Las explicaciones de Javier Ares sobre los Sram para argumentar el pobre rendimiento del equipo durante el primer mes largo de temporada y parte del Tour sonrojan a cualquiera.

Hasta Alberto Contador le ha tenido que recordar que el mejor Tour de Richie Porte se está produciendo con ese mismo grupo, quizá a Javier Ares le dé cosa decir que el problema parte directamente de los mecánicos del Movistar, otra cosa es complicado entender.

De cualquiera de las maneras, la mejor noticia para Movistar en el Tour es Enric Mas, y cómo progresa, otra cosa sería preguntarse a qué ha acudido Valverde a Francia.

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Pogacar en el Tour: un campeón puede tener mofletes

Tadej Pogacar Tour
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Pogacar demuestra que para optar al Tour no es necesario lucir un semblante que recuerde los años del hambre

Ayer Matxin estaba como unas castañuelas, tres triunfos en el Tour, mejor joven y una opción aún viable de ganar la carrera con Tadej Pogacar.

El UAE Emirates es uno de los equipos más caros del pelotón, al punto que pueden estar en el Tour disputando con Pogacar, las llegadas de Tirreno mediante Gaviria e incluso perder a Fabio Aru antes de la primera jornada de descanso.

El triunfo de Pogacar en el Grand Colombier es un triunfo que no sólo se inscribe en el momento, glorioso para un corredor de 21 años y la historia que está escribiendo en la mejor carrera del mundo, también se proyecta sobre el ciclismo en general, este ciclismo de cuerpos esqueléticos, alejados de lo atlético, llegando casi a lo enfermizo.

Y es que el esloveno que porfía por el Tour que quiere ganar Roglic luce esos mofletes que en su tiempo no eran tan raros en el ciclismo.

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El Tour llega a Villard de Lans este martes, una cima habitual en los ochenta, en los Tours de Perico, Roche y compañía.

Hay fotos de Roche en el Tour que gana, año 87, cuya cara evidencia otra cosa, evidencia el sacrificio de este deporte, sí, pero también una constitución normal, lejos de los rostros casi enfermizos que pueblan hoy el pelotón, caras chupadas, en negativo, ojos marcados, miradas perdidas, la miseria que hay ahí detrás no la podemos imaginar, ni siquiera sé si la compensa el glamour que desprenden los ciclistas cuando les vemos por la televisión.

Mirad el semblante de Rafal Majka en la Tirreno…

 

Comparadlo con el de Roche hace 33 años…

No queráis comparar los brazos de Froome con los de Hinault.

Podemos entender que en cada gramo hay rendimiento y mejora, y seguro que compensa, pero ello no quita para que estéticamente la imagen sea triste, como hombres sin espíritu, casi sin sombra.

Es triste que haya marcas que hagan del hambre eslóganes. 

El ciclismo actual se puebla de alfileres en la carretera, una tendencia que recuerdo de los años que Wiggins hizo en cambio de pista a carretera, que Froome ha llevado hasta el extremo y otros han seguido, desde Romain Bardet a Enric Mas o el propio Egan Bernal.

El peso siempre ha sido la madre de cordero, pero lo que vemos en algunas imágenes no parece deporte parece otra cosa, y sí, sabemos que a los pros de cualquier cosa no se les pide salud, en todo caso resultados y rendimiento.

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Sin embargo hay excepciones, y en cierto modo lo celebramos.

Excepciones como Alexander Kristoff todo corpulencia, una bestia los días esos en los que el resto se amilana, como en Niza, como en esa Wevelgem que ganó a vatio pelado, desatando muchas reacciones sobre el peso que evidenciaba su victoria.

Kristoff como otros de su especie, Peter Sagan está cuadrado por ejemplo, Van Avermaet no le va a la zaga.

O el propio Remco Evenepoel, con esa cara de alumno aventajado parece haber salido de comer unas lentejas en casa de la abuela.

Añadid a Mikel Landa, a Nairo, a Rigo… ciclistas que no necesitan están como alambres para rendir, que resisten ante la profusión de los flaquísimos y eso no implica que no se cuiden.

Como el propio  Pogacar, desde hoy el ciclista que apoyamos en la conquista del Tour y no porque Roglic no sea un ciclista que nos encanta -esa precisión suiza que luce es fruto de un trabajo descomunal- y sí por que es un competidor que nos remite a los Tous de los ochenta, por su forma de correr, atrevida, siempre pendiente de poner en aprietos a los rivales, y por esa carilla que desmiente que el ciclismo de gran fondo sólo se juegue entre rostros apretados y enjutos.

Imagen: FB de UAE Team Emirates

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Correr con Van Vleuten no está pagado

Annemiek Van Vleuten
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Fichando a Van Vleuten, Movistar incorpora una profesional ejemplar de la que disfrutar y aprender

El pasado 31 de agosto multitud de medios españoles, incluidos medios generalistas, se hicieron eco del fichaje de la campeona del mundo Annemiek van Vleuten por Movistar Team.

Fue la noticia ciclista del día; el equipo y el ciclismo femenino estaban de repente en boca de todos, algo poco habitual en esta categoría.

La magnitud del impacto inicial fue innegable.

Pero, más allá de las primeras impresiones, ¿cuáles podrían ser las implicaciones a todos los niveles de este movimiento? Se ha especulado mucho sobre hasta qué punto puede ser beneficioso -o todo lo contrario- para el ciclismo femenino español y para el resto de corredoras del Movistar.

Una cosa está clara: quien piense que Van Vleuten llega a Movistar para disfrutar de un retiro dorado, se equivoca de lleno.

La neerlandesa es alguien de convicciones fuertes, podríamos decir que incluso atípicas, en algunos casos.

Un ejemplo elocuente de ello fue su respuesta a una pregunta del periodista australiano Matthew Keenan, a finales del 2016.

Preguntando sobre la situación financiera del ciclismo femenino, y lo injusto de la diferencia con el masculino, Van Vleuten dio un sorprendente giro a la argumentación afirmando que «el problema es que, en general, los deportistas ganamos demasiado dinero«.

En una línea similar, un año más tarde, mencionaba a la revista neerlandesa De Muur su postura en contra de la existencia de premios económicos por ganar carreras.

«El premio debería ser únicamente la satisfacción personal por el rendimiento y el triunfo, no el dinero»

En resumen, que el soporte económico de las corredoras ha de venir por la implantación de un salario mínimo decente -que por entonces no existía en absoluto-, el cual tendría que ser el asunto primordial, y no por premios.

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En este sentido podría cuestionarse si los mismos premios para mujeres y hombres, que carreras como la Prudential Ride London Classic anuncian a bombo y platillo, son tan importantes cuando esa misma carrera diseña un recorrido que por distancia y dificultad se queda demasiado por debajo de lo que habría que exigir a una carrera World Tour; una situación que desafortunadamente no es una excepción en el calendario femenino. Pero esa es otra historia.

La motivación de Annemiek van Vleuten siempre ha sido el seguir progresando

Pulir detalles, mejorarse a sí misma.

La victoria es el premio que llega como consecuencia de eso, pero no es el motor principal que la mueve.

Por eso la hemos visto muchas veces trabajar para sus compañeras en Mitchelton-Scott.

Tirando en el llano para favorecer las opciones en el sprint de Jolien D’hoore, Sarah Roy o Gracie Elvin, ciclistas rápidas.

Sacando partido de la vigilancia que hay en torno a su figura para crear situaciones tácticas favorables para su equipo en carreras más duras, algo que sus todavía actuales compañeras Amanda Spratt y Lucy Kennedy han sabido aprovechar muy bien.

Vienen a la mente, como ejemplos, los triunfos de Spratt en la Emakumeen Bira de 2018 o los de Kennedy en Durango y San Sebastián en 2019.

O el podio de Spratt en el Giro 2019, para lo cual la propia Van Vleuten trabajó en primera persona, yendo de líder, y muy probablemente sacrificando aquel día sus propias opciones de victoria de etapa por ello.

El mismo día que se anunciaba su fichaje por Movistar, Darach McQuaid, presidente de Mitchelton-Scott, decía estas palabras sobre Van Vleuten: «No es solo el hecho de que gane carreras, sino cómo lo hace. Es genial para las otras corredoras del equipo porque es una persona inspiradora y hace que todo el grupo mejore. Incluso en Niza el sábado [durante La Course], viendo lo emocionados que estaban los chicos viéndola competir… es inspiradora y transformadora«.

Difícil pensar en un mayor halago que ese, especialmente cuando se sabe que vas a dejar el equipo.

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En carrera, la presencia de Van Vleuten condicionará fuertemente el papel del resto de ciclistas del Movistar, que será muy diferente al que han tenido hasta ahora.

Perderán algunas de sus oportunidades individuales para brillar, pero surgirán muchas otras, y colectivamente serán mucho más fuertes.

Es lo que dice la experiencia de su paso por anteriores equipos.

Para alguien como Sheyla Gutiérrez, que ya a finales de 2018 afirmaba en una entrevista a Marca que la neerlandesa era su faro, su ejemplo a seguir.

Dijo: «Admiro a Annemiek van Vleuten, sé como trabaja y la admiro mucho«, por tanto será un inmenso honor, y un impagable aprendizaje, correr junto a ella.

¿Y sobre el ciclismo femenino español en general?

Quizá esto sea más difícil de valorar, más indirecto.

Pero de lo que no cabe duda es de que Van Vleuten es también alguien con mucha vocación didáctica y con especial interés por el cuidado y el desarrollo del ciclismo base.

Fuera de temporada y en periodos largos sin competición, cuando está en casa, acostumbra a dar charlas y a organizar salidas en bicicleta, tanto con niños como con adultos.

También durante su periodo de entrenamiento en altitud en Colombia, en la pasada pretemporada, tuvo tiempo para alguna conferencia didáctica para niños deportistas.

Si buscamos un ejemplo más tangible, su subasta benéfica con el fin de que todos los niños de un club ciclista local pudieran tener su bicicleta fue todo un éxito.

Y si se nos permite concluir con un párrafo más subjetivo, cualquiera -sea hombre o mujer- que vea competir a Van Vleuten, con esa oda al ciclismo épico que es su manera de afrontar las carreras, con esos ataques sin mirar atrás, unidos a su actitud y profesionalidad, debería sentir ganas de poder hacer lo mismo.

Si el ruido mediático del fichaje ha servido para que alguien más haya descubierto el ciclismo femenino en España, ya se habrá dado un primer gran paso antes incluso de empezar a vestir los colores del equipo telefónico.

Por Sául Miguel

Imagen: FB Giro Rosa

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No entiendo el linchamiento a Egan Bernal

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Egan Bernal ha perdido este Tour, no los que no se han corrido aún

Leo asombrado el serial de comentarios despectivos hacia Egan Bernal tras la llegada del Tour al Grand Colimbier.

Y no sólo de aquí, de algunos españoles, también desde Colombia, cosa que no acertamos a entender.

Nos consta por varios sitios que no son días fáciles en Colombia, muy agitada en lo social, también sacudida por la pandemia, un cóctel perfecto para que los deportistas de ese país estén en el disparadero más que nunca.

Hace un par de días los cuatro mejores colombianos que habían venido al Tour estaban a un suspiro del líder, eran Bernal, Nairo, López y Urán.

El Grand Colombier ha sacudido la general, ni Nairo ni Egan Bernal están para ganar este Tour, una sacudida que se vino encima lejos, muy lejos de meta, a más de diez kilómetros de la cima, cuando quedaban cinco Jumbo al frente del grupo de los mejores y atendiendo al ritmo de Wout Van Aert.

La tragedia se mascaba, los segundos que les cayeron a ambos no lo hicieron a la misma velocidad, Nairo limitó los daños, sigue en el top ten, a Egan Bernal el Tour se le ha ido más allá de los ocho minutos, fuera del top ten.

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Lo cierto es que el dorsal uno no estaba dando las mejores sensaciones, de hecho cundía la impresión que sus rivales le estaban perdonando la vida, como sucedió en Ocieres y en el Mont Aigoual, etapas en las que el Jumbo se limitó a marcar su tempo y poco más.

En el Marie Blanque, Egan Bernal se agarró, sin embargo al Tour, nos hizo creer que los motivos que le llevaron a abandonar el Dauphiné y a pedir la hora en las primeras cimas del Tour habían desaparecido.

Eso es lo que tienen los ciclistas de este nivel, que a poco que estén bien, maravillan.

Pero Egan Bernal no estaba, ni está, bien.

La primera llegada en alto seria, pertrechada de otras dos subidas tipo Tour en el corazón del Jura, ha desnudado los peores temores.

Se quedó lejos, mucho, demostrando que el punto de forma óptimo que en su día Team Sky le procuraba a sus ciclistas no se ha dado esta vez, ojo que puede ser el segundo Tour que pierden desde 2021, ya ha llovido.

¿Qué ha fallado para el colombiano?

Tendrán que verlo, algunos hablan de esos entrenamientos apocalípticos como uno de los motivos, aquí podríamos hablar de lo humano y lo divino que poco o nada nos acercaríamos a la verdad por que en el fondo sólo ellos la conocen.

Por cierto, el confinamiento ha sido para todos.

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Otra cosa son las reacciones, que me parecen desproporcionadas.

Entiendo el sobrecoste que implica llevar la bandera colombiana a las mejores carreras del mundo, la exigencia es máxima: «En Colombia se le pide más a los deportistas que a los políticos» me cuentan.

Lo puedo creer, pero no puedo compartirlo.

Tirar por tierra a Egan Bernal, todo lo que ha hecho, llegar a decir que el Tour del año pasado le tocó en una rifa, como si la tormenta que paró la etapa clave no fuera para todos, decir que es flor de un día, que se acabó, decir todo eso es de una injusticia monumental.

Si algo ha tenido Egan Bernal, que ya no será «el chico maravilla», es una progresión meteórica que hay que respetar y poner en valor precisamente ahora, corriendo de forma tan admirable siempre, atacando sin guardar, entrando en abanicos, remando fuera de su zona de confort -disputando todo lo que se le cruzara- y cultivando un palmarés que muchos querrían a los treinta.

Menospreciar lo que ha logrado Egan Bernal, es menoscabar el ciclismo en sí, no valorar el talento puro y virgen que fue reclutado por el mejor equipo del mundo para lograr las metas que ya ha empezado a conquistar.

El Tour 2020 posiblemente ya no esté a su alcance -ojo no haga «un Froome»- pero le quedan muchos para enmendar la plana y además él siempre podrá decir que ya tiene uno, ganado con lo que se dio en ese momento y siendo el mejor cuando le tocó serlo.

Para Bernal, esto no ha hecho más que empezar.

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Tour: En Grenadiers y Sky nunca hubo un plan B

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Ni Froome ni Geraint habrían salvado la quema del Grenadiers en el Tour

El ser ventajista es algo muy común en el siglo XXI y con las redes sociales, una norma, nosotros a veces somos los primeros en serlo, hoy toca hablar de Grenadiers en el Tour.

Al acabar la debacle de Egan Bernal y con todo el equipo en el Grand Colmbier, emergió el «Froome» como TT en España, recordando la polémica decisión del equipo británico antes del Tour, cuando Grenadiers dejó a Froome y Geraint fuera de la lista de la carrera.

Está claro que en este pelotón, nada impone más que el nombre de Chris Froome, el inglés ha sido látigo de la mejor carrera del mundo durante cuatro años, más un quinto en el que Geraint le tomó el relevo.

Decir Froome es decir Tour, azote y control, dominio del Sky, luego Ineos, finalmente Grenadiers, pero una cosa es la imposición pasada y otra es la presente.

El inglés no es la sombra del corredor que aplastó rivales años atrás, ni siquiera el que abordaba el Dauphiné del año pasado cuando se estrelló entrenando para esa crono.

Que Froome recupere su punto de pedal no es sencillo, aunque no imposible.

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Tanto él como Geraint ya demostraron en Dauphiné que su nombre no les iba a garantizar una plaza en el ocho del Tour.

Dudamos mucho, muchísimo que hubiera cambiado el cuento de lo visto en el Grand Colombier con ellos en el pelotón, en todo caso habrían intentado seguir el grupo cuando el filtro se llevó por delante a Bernal y poco más, pues los Jumbo son la horma de los Ineos, para desgracia de esos.

Ojo, que seis años después, Grenadiers, antes Sky, ayer Ineos, no va a ganar un Tour de Francia.

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Y ahora surgen preguntas, dudas que flotan en el ambiente: ¿A qué se va a dedicar ahora Grenadiers en el Tour?

La experiencia nos dice que el plan B no existe en los ingleses, si no disputan la general del Tour, les queda una vacío tan grande que amenaza con tragarlos, y no es exageración, recordad el Tour 2014, cuando Froome abandonó a puertas del adoquín, hubo una reacción de Geraint y Porte por detrás, iban como motos, pero acabaron disueltos en la general.

Nos cuesta mucho creer que Grenadiers se acabe con las opciones de Egan Bernal en el Tour, tienen un bloque soberbio para meterse en fugas, filtrarse en cortes o romper la carrera a su favor.

El Tour es tan grande que puede contentar a todos, pues la general la gana uno, si a Movistar le rogamos cambio de chip para evitar que un top ten colmara sus propósitos, ¿qué no podríamos pedirle a los ingleses?

Luego ya vendrán las explicaciones de porqué sus líderes no han dado la medida este año tan complicado para todos, no sólo para ellos.

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Geraint Thomas ya no quiere ser gregario

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Decir que ya no quiere trabajar más para nadie honra a Geraint Thomas

Permitidme añada estas líneas a raíz de la llegada al Grand Colombier, etapa que muchos tildaron de reina en este Tour y en la que ni Geraint Thomas ni Chris Froome han tomado parte.

 

Lo cierto es que lo que se veía venir pasó y a Geraint se le ha ahorrado el trago de ir a un Tour de comparsa para un líder que no ha estado donde se le imaginaba.

Egan Bernal ha hecho aguas, ha conocido la cara amarga del Tour a la tercera vez que toma parte, tras ser gregario estrella y ganador en las otras dos ediciones.

Y no, con Geraint Thomas y Froome la cosa no habría sido diferente.

Una de las cosas que extrañamos en el ciclismo, en la vida en general, es la sinceridad y la libertad de llamar a las cosas por su nombre, encontrar palabras directas, sin subterfugios, algo así como lo que acaba de decir Geraint Thomas.

Al galés le hemos visto bien en la Tirreno, carrera que marca su ruta hacia el Giro de Italia, fue de los últimos en ceder ante Michael Woods, inaccesible, en una cuesta de dos dígitos de desnivel y pavimento de cemento, diría más, le hemos visto mucho mejor que a otros aspirantes al Giro e incluso en su actuación más destacada desde que fuera segundo el año pasado en el Tour.

Si Froome sigue lejos de los mejores, el Geraint Thomas que corre la Tirreno sí que muestra progresión respecto al de hace un mes en el Dauphiné.

Así, las cosas, el objetivo del Giro es, no creo que voluntariamente, lo que ahora mueve a un ciclista que, cuando ganas el Tour, me parece que todo le sabe a poco.

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Pero que no desespere, la italiana es una grande que gana enteros en el imaginario del aficionado, que crece a golpe de esencia de ciclismo, un país de capricho y promos como la que hemos visto de Nibali entre grandes leyendas de siempre.

Y además a Geraint, el Giro le dejó con un mal sabor de boca hace tres años, cuando colideraba con Landa el Team Sky y una moto, literal, se cruzó en su camino.

Sea como fuere lo que Geraint Thomas tiene claro es que nunca más quiere ser gregario, y así lo ha hecho saber un ciclista que ha dedicado años y años ha trabajar incondicionalmente por Froome, Wiggins, Cavendish y otros hasta querer, él mismo, su parte de pastel.

Está claro que su estado de forma en Dauphiné distaba mucho del requerido para entrar en el ocho de Grenadiers del Tour, pero que ya no sólo era la forma, era también la mentalidad, no quería ir como ciclista de equipo, no quería trabajar para Egan Bernal.

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Y está bien que lo diga así, abiertamente, mostrando sus cartas y ambiciones, sin necesidad de tópicos cuando en un equipo confluyen más de dos líderes, que si «mejor dos que uno», que si «la carretera decidirá».

Geraint no quiere volver a trabajar para nadie nunca más en el Tour y lo dice

Por eso, ahora toma consistencia una decisión que muchos criticaron.

Grenadiers no podía llevar a Geraint y Froome a este Tour, el primero no estaba para trabajar para Bernal, el segundo está lejos de su mejor versión.

Ahora mismo Egan Bernal es líder único de un equipazo que le respalda y una forma que parece llegar poco a poco…

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