El estado de forma de Chris Froome hace temer lo peor

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Han pasado 16 meses y cada vez es más probable que Froome no recupere su mejor versión

Esta misma mañana admitíamos que la Vuelta de Chris Froome iba a resultar una prueba muy dura, sin embargo nunca imaginamos que esta salida a balón parado de Irún hacia Arrate fuera a desnudar lo mucho que le queda a Chris Froome para ser el que era, si es que en su fuero interno cree que eso sigue siendo posible.

Aquí no venimos a cargar, por eso, las tintas con un corredor que es un campeón de leyenda.

En la horquilla delantera de tu bicicleta se distinguen cuatro rayas amarillas, dos rojas y otra rosa, son en definitiva las muescas de lo que es y ha conseguido Chris Froome en el ciclismo, siete grandes como siete soles, entre las que destacan los cuatro Tours de Francia que ahora mismo, y me da que va a ser así en el futuro, le distinguen como un ciclista único, entre los que ganaron cinco y los que vienen por detrás con tres.

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Durante los años más pesados del dominio del Team Sky con Froome al frente en el Tour, defendimos que las victorias del inglés a veces carecían del brillo que nos gustaría por la aplastante superioridad de su equipo, controlando y hasta bloqueando la carrera a su antojo, con gregarios que andaban como líderes y ritmos que hacían desistir de cualquier intento.

Lamentamos que rara vez tenía que defenderse solo.

Eso a Froome le valió criticas, muchas veces además, sin embargo ser el capo de tal engranaje implicaba un trabajo y sacrificio que sólo él sería capaz de explicar.

Una meticulosidad que creímos suficiente para acercarse la mejor versión de Froome después del gran tortazo que se dio en el entreno de aquella crono del Dauphiné.

Pero no, las dudas que entonces también surgían, la avería era gorda, se convirtieron en temores en agosto y una evidencia en el arranque de la Vuelta a España.

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Chris Froome no va, sencillamente no camina, se descuelga cuando quedan muchos en el grupo y en los descensos húmedos hacia Eibar iba cuadrado, con un miedo casi irracional a volverse a caer.

Podemos echar mano de la gravedad de las heridas, del tremendo trabajo que implica la recuperación, de todo eso, pero es que han pasado 16 meses ya y Froome no camina.

Pensar en disputar una etapa parece un quimera, cuando si más el Tour u otra grande.

Froome no funciona y no dudamos que ha hecho todo lo que está en su mano, pero el tiempo pasa y la mejoría no llega.

En la primera etapa de la Vuelta, su equipo ni siquiera le ha esperado, y no debía, todo hay que decirlo, por que si tienes un ciclista como Richard Carapaz que me parece llega muy en forma a la carrera hay que ir por faena.

Por que esto es el ciclismo y la vida, que no esperan ni entienden de galones.

Es admirable que un tipo que ha ganado tanto y tan bueno siga trabajando para ser el que era, o aproximarse, pero la realidad es tozuda y con Froome se ha cruzado en el momento que quiso entrar a comer en la mesa de los más grandes.

Sólo espero una cosa, que la Vuelta le resulte, que crezca en forma y coja la moral para no desistir, que alcanzar su mejor versión quizá sea improbable, pero sí el perfil de un ciclista de leyenda que quiere, al menos, dejar lo mejor de sí hasta el mismo día que decida colgar la bicicleta.

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Ciclismo en el norte de Gran Canaria, un viaje al fin del mundo

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Acantilados al océano dan una nueva dimensión al amante del ciclismo en Gran Canaria

En la isla de Gran Canaria, el sur muchas veces se lleva los focos de las preferencias de los amantes del ciclismo, desde Maspalomas y sus dunas partes rutas que son calideoscópicas, con mil colores, paisajes y texturas, se entra en lugares como Fataga o se accede al Pico de las Nieves, en el corazón de la isla, dejando otros lugares para más adelante.

Sin embargo la entrenadora de triatlón Eva Pérez, con su pausado y cálido acento canario, nos marca otra ruta por el mapa.

Ésta sale desde Las Palmas de Gran Canaria mismo: por donde acaba la Playa de las Canteras y se erige el auditorio en recuerdo de Aldredo Kraus arranca una carretera concurrida hacia poniente para reseguir la costa norte y todo lo que tiene que ofrecer.

A saber, el tramo de salida no es el más bonito para un aficionado al ciclismo, pero el que lo aborde debe saber que será parte de la quebrada silueta de la costa norte de Gran Canaria, un enclave en ocasiones un poco olvidado.

Esperan al otro lado, sitios que emulan el fin del mundo, lejanos al mundanal ruido, como la Aldea de San Nicolás, y su caserío blanco, al inicio de un valle que se recoge en el mismo océano, tras dejar antes Aguete y entrar y salir en mil bailes hacia el Atlántico.

La salida de Las Palmas de Gran Canaria

Pero permitidnos ir al inicio, a la capital, cuya salida, como decimos, es complicada y densa en tráfico y por tanto no la más placentera, sin embargo la recompensa espera más adelante.

En Cenobio de Valerón tenemos una primera ascensión por una rutita mucho más tranquila y primeros paisajes a modo de entremés de lo que habrá de venir.

La ruta es recta hasta Agaete, por donde la carretera entra en trance hacia La Aldea de San Nicolás, entrando y saliendo hacia el Océano, disfrutando de un terreno único, un premio para los ojos y una tortura peligrosa si sopla el viento, allá por el Piso Firme.

Luego, a la entrada de la Aldea, veremos como la costa se pierde más allá, como la cola de un dragón que surge de la entraña del Risco Faneque, el que pasa por ser el segundo acantilado más alto del mundo, con sus más de mil metros de caída sin remedio sobre el mar.

La ruta que nos propone Eva se va a los 130 kilómetros y más de 2000 metros de desnivel, una aventura que necesita buen estado de forma, curiosidad por explorar un ángulo de Gran Canaria donde el ciclismo abre en canal lugares donde la civilización es la de los sentidos y la naturaleza más sorprendente

«Es que nos envolvemos de un clima privilegiado -presume Eva-, con buenas carreteras y mejores rutas».

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Vuelta: Roglic no concede el rojo

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Roglic no suelta el rojo de la Vuelta ni en el aranque

Ya ha arrancando la Vuelta de octubre y Roglic sigue de rojo.

Cualquiera que estuviera en la piel de Roglic hace unas semanas, aquella tarde de septiembre, en la Planche des Belles Filles, hubiera cogido su bicicleta y la tiraría ladera abajo, sin querer saber de ella en mucho tiempo.

Pero no lo hizo, no se descolgó de ella, siguió a lo suyo, prosiguió en el Mundial, ganó esa Lieja de final surrealista y confirmó su presencia en la Vuelta, en lo que consideramos en su día un ejemplo de profesionalidad que necesariamente había que reconocer.

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El arranque de la Vuelta ha sido en martes, a finales de octubre, con hojas muertas y asfalto húmedo, cuando no mojado, entre Irún y Arrate.

Una etapa de montaña para abrir una carrera que cuando se programó no se sabía que iba a ser en estas fechas, por que de lo contrario, el norte debería haber sido el epicentro del trazado, pero es lo que hay, es lo comprometido y este atracón de montaña y emboscadas hay que cumplirlo, incluso con la meteorología de la «España verde» en otoño.

En fin que en Arrate hubo imágenes familiares, Jumbos en el grupo de cabeza, entre los perseguidores, también por detrás.

Sep Kuss hizo la selección, ahí aguantaron los que creemos serán protagonistas de la carrera, nos dan buena impresión Richard Carapaz y Enric Mas, junto a los que puedan unirse por detrás.

También aguantaba Primoz Roglic quien se relamía en cada kilómetro que se culminaba sin novedad.

Sin Pogacar para porfiarle la llegada, era el gran favorito y cumplió: once meses después de vestirse de rojo en Madrid, no suelta la prenda.

Veremos qué sucede de aquí a Madrid, con el firme deseo de que esto que empieza ahora, logre llegar a buen puerto, otra cosa es que a Roglic le cunda hasta el final.

No es la primera vez que golpea primero y la cosa se le atraganta, como decían los gitanos «preferimos buenos finales a mejores inicios».

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-escrito el 19 de octubre-

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía

En el día de antes de una Vuelta que empieza en martes, arribando a Arrate, un 20 de octubre, cuando repasas el listado de inscritos, muy bueno por cierto, y ves que con el dorsal uno Primoz Roglic va a defender su título del año pasado, sólo puedes decir chapeau.

El esloveno es sin duda protagonista de una de las historias más chocantes de esta minicampaña y yo creo que de la historia reciente del ciclismo.

Su derrota con Tadej Pogacar, varias semanas después, seguramente le siga costando horas de sueño, sabiendo en sus propias carnes cuál grande es la diferencia entre ser primero y segundo en algo como el Tour.

Roglic recompuso las piezas de aquel destrozo físico y emocional y se ha rehecho para ser el corredor que ganó Lieja y regresa  a la Vuelta.

Esto es Primoz Roglic, a quien el mazazo del Tour le pilló trabajando, con la conciencia tranquila, soy de los que piensa que si no hizo más, es por que no tenía, pero en forma ya en el Mundial, llegó en el grupo de los mejores tras Alaphilippe y ganando la Lieja.

Y es ahí, en el centro de la capital valona, donde el esloveno nos demostró que en el ciclismo es tan importante celebrar los buenos momentos, como encajar los malos.

Roglic venía de un agosto interesante, ganando carreras, cincelando la forma para Francia y pasando el surto del Dauphiné.

Cualquier otro, con una campaña con la suya habría echado el cierre, de hecho han sido unos cuantos que con menos lo han hecho, un saludo a Landa, pero no, la Vuelta vuelve a contar con Roglic.

Roglic en la Vuelta ¿Sus opciones?

Es una apuesta abierta, sobre el papel, no vemos a nadie mejor que él, si la forma le acompaña, otra cosa es lo que vaya sucediendo durante la carrera y de lo férrea que sea la intención de trabajar para Tom Dumoulin en un trazado que no le va nada al neerlandés.

En esta Vuelta de rompe y rasga, donde la acumulación de llegadas en alto es la norma, en la que la crono se reduce a un entremés al muro de Ézaro, Roglic puede ser mejor opción que su compañero.

Una segunda victoria en España no le resarciría de lo que pasó en la Planche des Belles Filles, pero su sola alineación debería alimentar un aplauso unánime entre la afición, más allá de si es más o menos solícito con la prensa o los aficionados, estos por cierto hablan bien del esloveno.

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía y con todo lo que lleva en esta cargadísima campaña, es muy de agradecer que venga a defender el primer dorsal.

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Eduardo Chozas es cantidad y calidad

Ya tenemos a Eduardo Chozas comentando la Vuelta en Eurosport

En el carrusel de ciclismo que se impone en Eurosport estos días, hemos tenido la alegría de volver a escuchar a Eduardo Chozas, junto a su alter ego natural, Antonio Alix.

Una combinación interesante, con la vehemencia de Alix, con una injustificada legión de haters, y la suavidad de Chozas.

Si nos dais a elegir, no dudaríamos…

Una noticia que es un grano de arena en el desierto que nos ha impuesto este puñetero 2020.

Volvemos a tener la pareja con la que entramos en Eurosport hace unos años, el mismo comentarista que en un evento de presentación de la temporada ciclista en Eurorpost, hace unos años, se nos descubrió con cariño y educación extremas, como aquel ciclista que admiramos hace treinta años.

Eduardo Chozas, nos repetimos, es cercano y respetuoso con sus comentarios, conocedor de lo que acontece en el ciclismo actual, me confirman que se prepara a conciencia, tanto en forma como en fondo, y de ahí el resultado, un lujo que vuelve a nuestra pantalla.

A disfrutar con el amigo Eduardo en una Vuelta que acabará en noviembre, casi de noche, con las hojas meciendo el paso de los ciclistas.

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-publicado 26 de julio- 

Eduardo Chozas supo trasladar su grandeza de la carretera a la narración ciclista

«Julio ha sido siempre un mes que se me ha dado bien» dijo Eduardo Chozas en la Cadena ser el sábado, tras un mes lago en el Hospital saliendo del transplante de médula por un linfoma.

Julio es al ciclismo el Tour, la carrera en la que Eduardo Chozas construyó un peldaño importante de su palmarés ciclista: ganador de tres etapas, dos en el macizo Central, de Aurillac a Saint Étienne, más aquella famosa del Granon, la llegada más alta jamás del Tur, aquel día que Lemond secó las opciones de Hinault en el Tour.

Aquella etapa fue icónica, nosotros supimos de ella por Jaume Mir, de la espera en meta, de las referencias que no llegaba, de lo poquísimo que salió Eduardo en la televisión, porque las diferencias eran tan grandes entre el escapado y los favoritos que era imposible mantener unas conexiones digas.

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Esa etapa la vimos durante el confinamiento y explica mucho lo que fue como ciclista Eduardo Chozas, un corredor de cantidad y calidad, dos conceptos que parecen antagónicos, pero que el cuadra con maestra perfección.

Corrió un montón de grandes vueltas, incluso en alguna campaña se sumó a esa moda que instauró su compañero Marino Lejarreta de hacer las tres grandes el mismo año, y encadenó un par de años corriendo tres semanas en España, Italia y Francia por ese orden.

Eso es cantidad.

Cantidad que no le quitó calidad, con un palmarés preñado de perlas que relucen, perlas que vistas hoy, lo complicado que es lograr algo así, son tesoros.

Igual que la etapa del Granon, cuatro años después, otra victoria de olfato y calidad, delante de Lemond, Bugno y Breukink en Saint Etienne, al sprint, escapado con ellos, y alguno más, tras dar esquinazo a Perico en la subida final.

Una etapa de maestro, como la Sestriere al año siguiente en el Giro, con los cocos pisándole los talones.

Un tipo así, en cualquier otro deporte sería reverenciado.

Nosotros supimos que Eduardo Chozas no andaba fino el año pasado, al final de año, en la felicitación que nos hizo por Navidad.

Dice que el linfoma le ha acompañado desde hace diez años, aunque en los últimos tres se han complicado las cosas.

Cuent que en Eurosport el año pasado narró carreras «bajo mínimos» y entre mareos, admite que para comentar no tenía problemas, pero que cuando estaba sentado mucho rato debía levantarse con cuidado.

Lo sabemos ahora, tanto tiempo después, por que Eduardo Chozas no ha escatimado un comentario, impresión y emoción cada vez que se ha puesto, habitualmente al lado de Antonio Alix, delante un micro de Eurosport a narrar una carrera.

Como cuando fue ciclista, lo suyo era cuestión cantidad y calidad: Comentaba por horas y horas, sin importar lo que quedara para meta ni la carrera que fuera, le ponía cariño, proximidad y sobre todo algo que ya le admirábamos de su época de corredor, le ponía humildad, una humildad que abría equidistancia entre los espectadores y la carrera, que les situaba en contexto y a veces enfriaba los habituales piques de Antonio Alix.

Ahora Eduardo Chozas supera esta enfermedad con la calma de saber que por el camino sólo ha dejado amigos y gente que le quiere, no es sencillo en un mundo donde el «haterismo» se lleva escrito en la frente, de ahí su mérito.

Escucharle nuevamente, no sé si lo tiene previsto, será sin duda un triunfo de aquellos que apreciamos la humildad como el primer peldaño hacia saber un poquito de lo que rodea.

Imagen: @Olympia_Vintage

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Chris Froome en la Vuelta, a sufrir desde el kilómetro cero

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La Vuelta se debe tomar como parte de la recuperación de Chris Froome

La Vuelta a España que empieza en martes, en el año más raro de nuestras vidas, no es una carrera para calentar motores, es una carrera para venir caliente de casa y Chris Froome lo sabe.

El inglés es de desde luego el nombre más lujoso de un cartel importante, muy cargado de figuras, muchas de ellas doblando con el Tour de Francia, que parte con la misma sensación que ha recorrido estos días el Giro de Italia: ¿Se llegará a Madrid?.

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Chris Froome empieza la Vuelta, la grande que figura dos veces en su palmarés tras atravesar no pocas vicisitudes.

La primera cronológicamente hablando le cayó hace tres años, firmada en la carretera y sellada tras el proceso de su no negativo en el que su equipo tuvo que tirar de lo mejor de la abogacía para sacar limpio a su corredor.

La segunda había acontecido mucho tiempo antes, aquella irreal victoria de Juanjo Cobo que se tumbó a los ocho años.

Y es que Froome en la Vuelta es el vivo ejemplo de lo que es el ciclismo, un poco si nos permitís la vulgaridad, una «casa de putas»

Un desastre prolongado en el tiempo que ha tenido a este educado inglés en el ojo del huracán casi desde el primer minuto que explotó.

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Sea como fuere la realidad actual de Froome es muy diferente a la de otras ocasiones

La Vuelta es la primera grande en la que Froome toma la salida desde que se dejara parte de su salud en aquel calentamiento para la crono larga del Dauphiné.

«Se ha matado» pensó Dan Martin cuando oyó el ruido de la su caída.

No se mató, pero el destrozo fue tal que Froome vuelve a una grande 16 meses después de aquel accidente.

Y lo hace con la certeza de que va sufrir desde el minuto uno, con una clásica hacia Arrate en la que él entró en el juego años atrás, cuando llegó Valverde, Purito y Contador arriba.

Entonces, hace ya ocho años, vimos que el Froome de aquella Vuelta no era el rodillo que había sido en el Tour, pertrechando a Wiggins, hoy creo que la versión del inglés estará incluso más alejada de aquella.

Y es que la Vuelta 2020 será una etapa más en el gran objetivo de Froome: volar lo más cerca posible del gran campeón que siempre hemos considerado que es.

Un objetivo más ambicioso no es realista.

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No se puede criminalizar al motorista que chocó con Alaphilippe

Alaphlippe motorista

Leer al motorista con el choca Alaphlippe te parte el alma

Sobre la historia que hemos presenciado casi en directo, por que lo que nos ofrecieron fue Alaphilippe doliente en el suelo tras chochar con el motorista en Flandes, queríamos apuntar algunas cosas.

Hubo un año, hace cinco, que las motos incidieron de forma manifiesta en las carreras.

Fue en verano del 2015, entre el Tour y San Sebastián, cuando se juntaron varios incidentes.

Entonces escribimos esto:

Es curioso que, en tiempos en los que la bicicleta busca hacerse un hueco en carreteras y ciudades, estemos presenciando casi en directo y tiempo real accidentes o situaciones surrealistas con otros vehículos a motor dentro de las propias carreras ciclistas.

En plazo de diez días, tres incidentes han acontecido, los tres con motocicletas de la organización en lo que es el colmo de la contradicción porque se les supone un papel de auxilio y no de estorbo para quienes compiten.

La primera situación fue en el propio Tour y ocurrió con Jakob Fulsang cuando estaba atento a los movimientos de Romain Bardet en la cima del Glandon. Una moto desbocada serpenteó hasta llevarse al danés en fuga por delante, privándole de al menos disputarle el triunfo a Bardet.

Ya este fin de semana en San Sebastián Greg Van Avermaet fue arrollado por otra moto cuando iba escapado, en cabeza y con opciones reales de ganar. Segundo tiro. El tercero fue en el espectacular Prudential de Londres, cuando a unos cinco de meta una moto se acerca al fugado Sep Vanmarcke y su piloto le toca la chepa sin saber el motivo ni la razón. Surrealista.

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Desde entonces, las motos ha sido un tema recurrente en las carreras, cuando no ha sido por abundancia de ellas, fue a causa de influir en el resultado.

Sin embargo el choque del motorista con Julian Alaphilippe el domingo en Flandes no sabríamos calificarlo de error.

Hemos leído las impresiones del motorista con el que chocó Alaphilippe y duele ponerse en su lugar

Ahora mismo este experimentado profesional, con nombre y apellidos, con una larga trayectoria es un hombre al borde de la depresión por el sentimiento de culpa que le recorre el cuerpo.

Habla que se descolgó para ponerse tras los tres ciclistas, junto a la neutra, pues la ventaja se había ido por encima de los veinte segundos, que tomó ese lado de la ruta por que la televisión iba en el opuesto.

Que esas situaciones se dan cien veces en cada carrera.

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Pero que cuando quiso darse cuenta, tenía a Alaphilippe encima, hablando por el auricular y ahí prendió el desastre.

¿Evitable? Sí, pero nadie está exento de un error así, por increíble que parezca, pasa en las mejores casas y Flandes si algo tiene es una tradición en el oficio de organizador fuera de toda duda.

Leyendo al motorista, viendo las reacciones de los propios directores del Deceuninck, sólo Lefevere cargó algo, pero no como acostumbra cuando se ve en poder de la razón.

El propio Alaphilippe admite darle vueltas a lo sucedido continuamente, qué habría pasado de seguir en carrera, pero nada del motorista.

Desearía que en un tiempo, el que sea necesario, él y Alaphilippe quedaran para hablar de algo que sin duda ha pasado a los libros de historia

Evenepoel se equivoca en esa apreciación, nosotros mientras quedaremos imaginando qué hubiera pasado con los tres en liza.

Imagen: Twitter

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No está siendo un Giro barato, es de circunstancias

Giro Italia Almeida

Todos los ciclistas que disputan el Giro ofrecen más dudas que certezas

Qué Giro tan dispar estamos viviendo.

Cada disputa por una etapa está resultando emocionante, cargada de pasión, con nombres interesantes, desde consagrados como Sagan o Démare a gente que crece tipo Guerreiro, Narvaez y Ganna.

El recorrido contribuye, con perfiles de clásica, una cada día, corrida como tal, junto a una meteorología que le añade elementos de épica como la lluvia y los fríos del otoño.

Un cuadro diferente al de mayo, con la primavera trepando por las montañas, el sol alargando las jornadas aunque meteorología cambiante en las cumbres.

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A la espera de la nueva ronda de test para a Covid19, un elemento que obviamente pesa en el ánimo de la carrera, y lo que pueda ser la última semana, pronósticos hablan de que si el Stelvio parece que se podría subir, no ocurre lo mismo con la etapa que entra en Francia, el foco queda ahora en una general en la que, sinceramente, nada es lo que parece.

Hablamos de una terna de aspirantes, el top 12, es decir los que quedan en cinco minutos o menos, compuesta en su gran mayoría por nombres nuevos en estas lides.

A excepción de Vincenzo Nibali, hablamos de corredores muy jóvenes e inexpertos o veteranos con probadas explosiones en otras grandes que disputaron.

Es decir todo en el aire.

Si vemos al líder Joao Almeida, el luso realizó una heroica defensa en Piancavallo, quedándose a siete de meta, al ritmo de Hindley, pero guardando una maglia rosa para la que tenía menos de un minuto de colchón.

Lo cierto es el que portugués se ha ganado nuestro cariño y simpatía, pero no son pocos los lobos que le pueden hacer el lío de aquí al final y no lo decimos por si principal rival, el más cercano, Kelderman que fio toda la subida a Piancavallo a su compañero neozelandés por que no tenía ni para soltar a Tao Geoghegan.

Si con la maglia a tiro, el líder descolgado tan lejos de meta, Kelderman no hizo más, no podemos menos que creer que poco o nada le quedaba en esas piernas.

Curiosamente Sunweb vuelve a optar al Giro el año de la salida de Tom Dumoulin, por que Jai Hindley está a menos de tres minutos del líder, tercero y con una forma que a la vista de todos estuvo.

Él solito lo hizo todo.

Sólo le aguantó el prometedor Tao, el Ineos de la quiniela, que está ahí también, con todo a su favor para ver si esa generación intermedia del equipo inglés toma el mando.

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Bajando en la general Pello Bilbao parece haber tocado techo, con el Tour en las piernas, mientras que Rafal Majka es como el perro del hortelano.

El polaco podría apretar con su compañero Konrad, ambos están a tres-cuatro minutos de Almeida, y junto a los Sunweb son los únicos que podrían hacer pinza.

El resto van solos: Nibali sin gregarios de la calidad de Ciccone o Brambilla y Pozzovivo en un quiero y no puedo, sabiendo que por edad y futuro de su equipo, un NTT que está en la cuenta atrás para nuevo patrocinador, no le quedan muchas más opciones.

Quedan McNulty, incógnita, y Fuglsang, a cinco minutazos, en una historia que ya nos sabemos del danés.

Esto es el Giro 2020 ahora mismo señores, una carrera que es una moneda al aire, donde las certezas que pudiera arrojar la general se pueden venir abajo en cualquier momento, con un pelotón lleno de gente que nunca se vio en una igual.

Sin embargo, es lo que hay, no creo que sea un Giro barato,  es un Giro de circunstancias y ojalá llegue a Milán.

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A Julian Alaphilippe sólo puedes quererle

Alaphilippe ha estado en buena parte de los grandes momentos de la mini temporada 2020

Cuando Julian Alaphilippe puso el pie en la Strade Bianche, con el dorsal uno, hace más de dos meses y medio, no podíamos imaginarnos la omnipresencia del francés en la mini campaña 2020.

Y es que no ha habido carrera en la que haya tomado parte de forma anónima.

Ahora ya todo se acabado, el astro francés descansa y se recupera de sus fracturas de la mano tras el fostiazo que se dio en Flandes, escapado con Van der Poel y Van Aert, pero si mira para atrás estas diez últimas semanas el tan odiado como admirado ciclista campeón del mundo ha llenado parte de los mejores momentos de nuestra vida ciclista reciente.

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A Julian Alaphilippe se le dijo de todo hace dos semanas, cuando en Lieja sucumbió a los nervios de estrenar el arcoíris, condicionar el final con una maniobra ilegal y de celebrar el triunfo tan rápido, demasiado como vimos.

Entonces era el villano, el corredor de la cara, de los gestos, que parece querer una moto y cámara para él, que tiene averías y vuelve al grupo, que hace extrañas maniobras, como si le fueran dando tics y tembleques en la ruta.

A los pocos días ganaría a Fleccha Brabanzona a Van der Poel en un mano a mano antológico donde el neerlandés cometió todos los errores que no protagonizaría en el epílogo de Flandes.

Aquí, en la gran carrera de adoquines de la campaña, Julian Alaphilippe dejó atrás la aureola de novato, sacó el látigo y propuso una carrera antológica, sin saber si iba a la gloria o a estrellarse, sin miramientos, no cortapisas, sabiéndose escapado con los dos cocos del momento, pero también bien pertrechado por sus compañeros detrás.

El lujo que propuso el francés se quedó en medio de la ruta, en un tramo de asfalto tras estrellarse con la moto

Me ha llamado la atención que nadie ha hecho sangre del motorista más allá que tendría que haber estado al otro lado, por la parte abierta de la curva, cosa que parecería de lógica, pero que no siempre ocurre.

Me alegro, por que ese jurado debió vivir un momento de «tierra trágame» al punto que le pidió diez veces perdón a los del Deceuninck.

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Fue un bajón, sin duda, el duelo a tres quedó en un pulso cuyo desenlace tenemos bien presente.

Un Alaphilippe con Van Aert y Van der Poel habría sido una orgía de ciclismo a pelo, a golpe limpio, a «maricón» el último, de ahí podrían haber llegado de uno en uno, al sprint o haber sido cazados por los de atrás, por que se hubieran neutralizado.

Ahora son todo conjeturas, ciclismo ficción, pero el premio que nos dio ayer este francés tan odiado como querido no tiene precio.

Se le podrán achacar mil cosas, que es un teatrero, que desquicia rivales, que traza eléctrico en medio del grupo, pero también que corre a pecho descubierto y que entiende que en el riesgo va parte de su sueldo y el espectáculo que se le exige.

Cierra la campaña Alaphilippe con una fractura en la mano que apoya en la caída, una de las fotos del año y una temporada, la siguiente, que amanecerá en arcoíris.

Admitidlo, a este flaco gabacho, sólo puedes quererle.

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