Gante-Wevelgem: Habría que hablar más de Mads Pedersen

Mads Pedersen Wevelgem

La Gante-Wevelgem demuestra que Mads Pedersen merece salir en las quinielas

Será este año, que nos da las cosas que nos llenan a contrapelo y deprisa, deprisa, serán las ganas que tenemos de ver ciclismo, cierto ciclismo, podríamos decir, pero el disfrute de la Gante-Wevelgem que se acabó llevando Mads Pedersen fue mayúsculo, incluso en este superdomingo de ciclismo con tres frentes en Francia, Bélgica e Italia al mismo tiempo.

Y es que en estas clásicas donde todos miramos cada gesto y mirada de Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert, las estrellas absolutas en ausencia de Peter Sagan, cabe la posibilidad de cometer la injusticia de no mirar a otros.

Fue el caso de John Degenkolb en su mejor versión clasicómana de hace tiempo, un tío que ha ganado dos monumentos, cabe no olvidar, o de la omnipresencia de los Deceuninck o la suerte que merece y no llega para Matteo Trentin… y de la incontestable calidad de Stefan Kúng.

No se habló de ellos, ni tampoco se reparó en exceso de las opciones de un tío que acaba de soltar el arcoíris en una de esas carreras que le van como anillo al dedo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Durante un año largo, Mads Pedersen ha sido un campeón del mundo no dirían que anónimo, pero sí infravalorado

Su triunfo en Yorkshire, sorpresivo sí, no encajó en los esquemas mentales de muchos pero sin embargo encajó en el perfil de épica más alto que pudiéramos encontrar.

Como ayer en la Gante-Wevelgem, Mads Pedersen fue campeón del mundo por anticiparse a todos los favoritos y hacer la carrera desde adelante, una costumbre que vemos muy común en este nuevo ciclismo danés, de corredores que no esperan movimientos ajenos para tomar ellos la iniciativa, dar una vez, pero dar primero y hacer daño.

No es casual que ayer en la pugna estuviera también un tal Kasper Asgreen, que lleva bien grandes los colores patrios, y que otro Pedersen, Casper, ganara la París-Tours a la que Kragh Andersen acudió con el dorsal uno.

El ciclismo danés es un vergel y no sabría si relacionarlo con su excelente momento en la pista, dominando la americana con Morkov y Norman Hansen y porfiando entre las mejores cuartetas del mundo.

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En la Gante-Wevelgem, Mads Pedersen sacó a relucir las virtudes que le hacen uno de los corredores más importantes del pelotón de clasicómano, se anticipó en el corte, remó cuando los favoritos cazaron por detrás y saltó a por el triunfo cuando dos tipos del peligro de Senechal y Trentin se habían ido.

Todos miraban a Van Aert y Van der Poel, pero el premio estaba en otras piernas.

Mads Pedersen ya estuvo cerca de ganar una etapa en el Tour, que tuvo el privilegio de correr en un arcoíris que este puto año tan poco le ha dejado lucir.

Antes venía de éxito en Polonia y rozó la general del BinckBank Tour si no fuera por que Van der Poel no quiso dejar ni las migajas.

El danés es de trabajo fino, se mueve buen, es veloz en pequeños y grandes grupos y es un lobo en el llano, un ciclista que ganó el mundial muy joven, él mismo lo admitió y que a veces no tiene el foco que merece.

«Alguno puede pensar que ser campeón del mundo te hace 100 veces mejor, pero no es así» dijo antes del confinamiento con una humildad que abruma, quitándose de encima el peso de una prenda que Sagan y Valverde venían de cargar, un peso que a Alaphilippe le jugó una mala pasada en Lieja, cuando enloqueció antes de llegar a meta.

Anotad su nombre para el domingo en Flandes…

Imagen: Trek Segafredo

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Simon Yates no puede con el Giro

Simon Yates Giro

Tres de tres en el amor imposible de Simon Yates por el Giro

Lo que ha pasado con Simon Yates en el Giro de Italia es grave, pero, más aún preocupante.

RCS, el organizador del Giro, ya dijo que la escrupulosidad del Tour con la Covid19 no se daría en Italia, obviamente se tomaría en consideración la gravedad de la pandemia, pero no con la seriedad de Francia, donde ya vimos que la cosa funcionó a la perfección.

Por eso el positivo por Covid19 de Simon Yates y su salida de la carrera no nos dejan tranquilos, más cuando en Italia las cosas iban mejor que en otros países, y decimos iban, por que vemos que nadie está exento de que esto se descontrole y las autoridades echen el cierre a una carrera que es, no olvidemos, un embajador de Italia en el mundo.

Los PCR´s de la jornada de descanso en el Giro llegan con un peligroso precedente, aunque con la misma zozobra que los primeros que se hicieron en el Tour con el excelente sabor de boca que nos dejaron los Pirineos en la grande francesa.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

En todo caso para Simon Yates llueve sobre mojado en el Giro de Italia, una relación que era rosa y de amor hasta bien llegados al final de la edición de hace dos años.

Y es que pocas veces vimos el dominio de un ciclista como la de Simon Yates en el Giro 2018.

Si éste pasó a la historia por el golpe de Froome camino de Sestriere y las dudas de Dumoulin ante la gigantesca apuesta del británico, no debería dejarse en el olvido el magnífico desempeño de Simon Yates en ese Giro, con tres etapas ganadas, muchas jornadas en rosa, incluso alguna culminada al ataque y ganado etapa, buenas cronos y una solidez que se vino abajo a 48 horas de Milán.

En esa edición el gemelo que seguirá en Mitchelton nos ganó por su valentía y arrojo, por exponer incluso cuando no parecía necesario, se vino abajo no sabemos si por ser muy generoso o por que se tenía que derrumbar sí o sí.

En todo caso la experiencia de Italia le abrió la puerta a ganar la Vuelta de ese mismo año.

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Al año siguiente Simon Yates fue a culminar su «unfinished business» al Giro, llegó a Bolonia cargado de razones y con cierta soberbia, hablando de un estado de forma insultante que debería quitarle el sueño a sus rivales.

Se vino abajo pronto, muy pronto, carente de la pegada del año anterior, se pasó la carrera buscando sensaciones y una etapa que no llegó, y eso que buscó con insistencia, sobre todo esa tarde del lago de Como, una jornada loca en la que Roglic comenzó a derrumbarse.

Otro año sin Giro y a pensar en la rarísima edición de 2020, en octubre, muy alejado de su mayo inicial, aunque cerca de esa Tirreno que Yates ganaría con la solvencia que acostumbra cuando está bien.

Simon Yates volvió a elegir el Giro,  dejando el Tour para su hermano, quien creo que tocó techo esta vez sí, en una apuesta que suena obsesiva, si no fuera por que le da tan poco resultado.

Ya desde el Etna quedó descolgado, aunque a distancia peligrosa de los mejores, no sabemos si por síntomas de la Covid19 que le ha dejado fuera de competencia, Simon Yates vuelve a estrellarse con su muro del Giro, la carrera por la que suspira con un amor y pasión loables en este ciclismo en el que el Tour parece el alfa y omega para muchos, sin percatarse que hay grandeza más allá de Francia y el mes de julio.

Imagen: FB de Giro d´ Italia

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¿Hay doble rasero entre el Giro y el Tour?

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Siempre veremos con mejores ojos el Giro que el Tour de Francia

Días raros en el Giro de Italia, días que también vemos en el Tour de Francia, pero con la suma de la zozobra de un positivo por Covid19 en Simon Yates.

Días raros en el Giro, en los que el mes de octubre pasa factura, hace fresco, la incertidumbre de las grandes cimas y cuando la niebla se echa, deja la «casi» noche sobre el pelotón.

Desde hace tiempo me pregunto por una expresión que se ha hecho muy popular en el ciclismo, muy empleada estos tiempos en las grandes vueltas.

Hablo de la expresión «fumarse una etapa»

Por que pocas expresiones puede sonar más despectivas, fumarse una etapa del Tour, fumarse una etapa del Giro.

El aficionado es exigente, piensa que está ante gente que se recarga como un móvil todas las noches y que al día siguiente están prestos para estar perfectos, como si nada.

Y no es tan sencillo, a la presión y cansancio normales de una gran carrera, se une esta mierda de incertidumbre en la que no sabes si habrá un mañana para competir, si es mejor guardar o quemar los barcos en el objetivo, un sin Dios.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Hizo el otro día nuestro amigo Jon esta reflexión en twitter…

Las respuestas dan una pista, pero nosotros tenemos nuestra versión para ser más críticos con el Tour antes que con el Giro.

Primero por que objetivamente en Italia se ha visto mejor ciclismo de aquí a Lima en lo que llevamos de nuevo siglo.

El Giro nos ha dado excelentes tardes de ciclismo, la edición de hace diez años con sorpresa diaria y el asalto final de Basso al rosa de David Arroyo, la jornada mítica de explosiones en la edición de 2002, cuando Evans fue un día de líder, el acoso de Riccò y Di Luca a la maglia de Contador, el duelo de éste con los Astana siete años después, los dos Giros de Nibali, el primero bajo la nieve, el segundo posiblemente la mejor grande que hayamos visto, la remontada de Carapaz el año pasado con Roglic obsesionado en Nibali, la cabalgada de Froome hacia Sestriere…

Son tantos y tan buenos momentos los que nos ha dado el Giro que objetivamente podemos decir que ha sido mejor carrera que el Tour

Pero es que éste se precia de ser lo más en ciclismo, y lo es, por que lo que suceda en Francia trasciende el deporte ciclista, aunque para ello quepa sumar un poco más que el rival, sin necesidad de lucir más o mejor.

La década reciente del Tour ha sido una carrera bloqueada por un equipo aupando al suyo de turno a la victoria.

Sólo tenemos momentos memorables del Tour en años recientes con la jornada del adoquín de Nibali, las cabalgadas de Nairo en su primer podio y el asalto de Egan Bernal en el Iseran.

El Tour de los tiempos recientes se disfruta más por la disputa de etapas que por la general

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Criticar el espectáculo que se ve en el Tour es algo que se ha instalado a tal punto que hasta los ciclistas han entrado al trapo, se han sentido interpelados, como sucedió en la primera semana de esta edición.

Sabemos que en Francia se juega el grueso de la campaña de casi todos los grandes, y no tan grandes, equipos, y ese peso lastra la carrera, hay miedo y luego jugosos puntos que permiten que un top ten se premie más y mejor que la valentía.

Esto último sucede en el Giro, pero a diferencia del Tour, en Italia siempre se asumen más riesgos, por término medio, incluso diríamos que los equipos profesionales italianos son cien veces más combativos que los franceses del mismo peldaño.

El Giro rara vez pasa sin pena ni gloria, siempre nos deja una hilera de perlas en el camino, un recorrido mucho más equilibrado y enfocado a los fondistas que el del Tour, con opciones para todo perfil de corredor e incentivos a labrar tu suerte.

Vuelvo a repetir no sabemos quién inventó el término de fumarse una etapa, lo que sí os puedo decir es una cosa, que incluso etapas que se fuman vemos intrahistorias que merecen ser conocidas, como la de Alex Dowsett, un inglés de la vieja guardia, que ya había ganado una crono en un Giro, el de hace siete años, a su querido Brad Wiggins.

Por eso, y por que es la más bonita de las tres grandes, en este mal anillado cuaderno cuesta ver el grano en el ojo del Giro como sí se lo vemos a las otras dos grandes.

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Gante-Wevelgem, la más singular de las clásicas flamencas

UAE TOUR JoanSeguidor

La fama de «clásica para sprinters» no se corresponde con la realidad de Gante -Wevelgem

Eso viene a ser la Gante-Wevelgem…

“Sin Esperanza se encuentra lo inesperado” (Heráclito de Éfeso)

“Una y a casa… para terminar siendo un noche inolvidable”. (Miguel González)

Se dice de la carrera flamenca que es teóricamente “de sprinters” pero que arroja un ratio de ediciones entretenidas por década que ya lo quisiera algún Monumento.

En Flandes el ciclismo es una religión.

A esta región le seduce el ciclismo de contacto, de ataque, del si parpadean se lo pierden

Es por ello que tienen configurado un calendario en el que el cierre de la campaña de ciclocross precede a la apertura rutera de clásicas flamencas, en concreto con la actualmente denominada Omloop Het Nieuwsblad.

A partir de aquí viene una retahíla de pruebas de un día -en un radio de acción muy acotado- que culmina con la celebración de la prueba reina: De Ronde (Tour de Flandes).

La Vuelta a Flandes es su prueba estrella pero hay una clásica que exige a sus ganadores unas aptitudes no tan esenciales en sus primas hermanas, esa es Gante-Wevelgem.

Esta carrera es tan peculiar que verdaderas leyendas del adoquín como Museeuw y Cancellara nunca la pudieron conquistar

En ella el ganador tiene el imperativo de la destreza en el adoquín -lógicamente- pero primeramente ha de pasar el más que probable filtro de los abanicos.

Una vez superado el último muro (Kemmelberg) debe afrontar una hora de esfuerzo en asfalto en la que o bien tendrá que marcar a sus rivales -en grupo reducido- o en su defecto batirse con ellos al sprint.

Si bien el viento condicionó notablemente el desarrollo del Tour de Flandes en sus primeras ediciones con el paso del tiempo su esencia pasó a ser los muros, colocación, caídas y tácticas de equipo; por tanto Gante-Wevelgem actualmente tiene un extra que no tiene De Ronde: los abanicos.

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Cuatro son los muros cinco estrellas de la Bélgica flamenca, los tres primeros han tenido y tienen peso en De Ronde: Oude Kwaremont, Koppenberg y Kapelmuur.

El cuarto es el Kemmelberg, sito en el Flandes occidental y “marginado” por su lejanía en el recorrido del Monumento.

En palabras de Andrei Tchmil su bajada -por entonces adoquinada- era el punto más peligroso del ciclismo profesional de ruta.

El propio corredor nacionalizado belga lo vivió en sus carnes con un accidente grave en 2002, aunque la caída se produjo en los Tres días de La Panne.

Paradójicamente este percance supuso alargar su carrera pro ya que al no poder disputar Flandes ni Roubaix quiso despedirse unos meses más tarde en la Vuelta a Bélgica; con victoria, cómo no.

Desde 2003 Gante-Wevelgem parte de Deinze -este año arranca en Ypres– y no de Gante, pero esta circunstancia no afectó en que se siguiese rodando en los kilómetros iniciales pegados a la costa.

Como sabréis, en ciclismo pedalear junto al mar implica que la probabilidad de abanicos sea elevada. Sin tabla en mano – los belgas no son como los estadounidenses de medirlo todo- nos atrevemos a asegurar que GW es la clásica con mayor número de abanicos formados en la historia moderna del ciclismo.

Es por ello que esa fase previa a tocar el primer muro tenga más importancia que el resto de subidas si exceptuamos el juez de esta carrera: Kemmelberg.

Otras subidas como Catsberg, Monteberg o Baneberg tienen su dureza pero han jugado más el papel de anticipación -o rotura de corte consolidado- que de verdadero filtro.

El último paso por el Kemmelberg es el que configura el vagón ganador, si quedas apeado de él las opciones de victoria son mínimas, salvo que se forme un pelotón muy numeroso respecto a los fugados y termine neutralizando a éstos.

Uno de los encantos de la carrera reside en que en su palmarés figuran grandes velocistas como Abdoujaparov – el año de su victoria no se subió el Kemmelberg-, Cipollini, Bontempi, Freire, Steels y por supuesto los sprinters totales como Freddy Maertens en la edición nevada del 75.

Pero a su vez tiene ganadores de otro perfil – el guerrillero con punch- como Van Avermaet o Paolini.

También tienen sitio los gregarios de lujo como Burghardt, Peeters o Eisel.

Ni que decir tiene que Van Looy y Merckx la “coleccionaron” por partida triple y que Hinault -el adoquín no fue santo de su devoción- ganó aquí su primera gran clásica en el 77, que a su vez es la edición con mayor kilometraje (277 kms).

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En el ciclismo moderno -hasta la temporada 2010- esta clásica estuvo ubicada en el miércoles que enlaza Flandes con Roubaix.

Por ello siempre tuvo ese punto de precaución por miedo a comprometer la participación en La Pascale.

Pero como la cabra tira al monte la mayoría de clasicómanos cinco estrellas eran de la partida con esa colocación en el calendario clasicómano.

El bloque de cada equipo reclutado para Flandes y Roubaix tomaba la salida en GW y a lo sumo realizaban un par de cambios para incluir sprinters con poca capacidad de pedrusqueo.

A raíz de su nueva ubicación -previa al domingo anterior a Flandes- y que con la extinción de la Copa del Mundo pasó de ser HC a World Tour ha cogido más peso todavía.

Actualmente -ignorando claro este 2020 loco- viene precedida de un Harelbeke que se disputa 48 horas antes, dejando así un fin de semana (viernes-domingo) con doble menú y variado ya que son dos clásicas con distinto desarrollo.

Como sucede en la apertura belga: OHN y Kuurne-Bruselas-Kuurne.

El único pero reside en que su hueco del calendario -entre Flandes y Roubaix- lo ha ocupado Scheldeprijs (anteriormente post Roubaix) y dado el alto riesgo de caídas en Escalda (con casos de 4 montoneras gordas en 7 ediciones) los capos pedrusqueros se borran o salen a soltar piernas y retirarse.

Mirar la tabla wikipédica para formarse una idea general de los desarrollos de GW en base a los pódiums de cada edición no conduce a nada.

Al margen que los guiones pueden variar radicalmente: desde ediciones bluff como la de 2014 -Zanatta tras el último Kemmelberg susurrando “tranquilo Peter”- y con sólo un año de margen encontrarte con la versión apocalíptica de 2015 en la que el viento nos deparó escenas del inicio de Mary Poppins, cambiando empotramientos en casas por corredores que terminaron en acequias.

Las condiciones meteorológicas son tan caprichosas en esta carrera que se ha llegado a ver en su edición del 89 a Sean Kelly totalmente de largo de la chupa de agua que se comieron los ciclistas.

El corredor irlandés ni en nochevieja se duchaba con agua caliente.

En 2013 las temperaturas fueron gélidas y presenciamos el primer gran triunfo clasicómano de Sagan

El ciclista eslovaco es el mejor corredor de la historia aquí, al margen de sus tres victorias tiene tres podiums más y en la edición de 2011 fue el más fuerte en el último Kemmelberg -auspiciado por una avería de Gilbert en la base-.

Se quedó a sólo un kilómetro de que cuajase su fuga de cuatro junto a Chavanel, Stannard y su compañero Body.

También hemos vivido en esta clásica momentos rocambolescos como el del año 85.

Vanderaerden venía de ganar en Flandes y a los tres días quiso regalarle la victoria a su compañero Phil Anderson, Panasonic tenía asegurado el 1-2 pero el belga no pudo frenar lo suficiente y entró igualmente el primero. Un Anderson que se sintió marginado y se dio el piro a TVM en busca de plenos galones. Por cierto, el gran Ángel Arroyo -sin pelos en la lengua para variar- lo calificó algo así como un hype vueltómano… y acertó de pleno.

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La edición del 88 cambió de fechas y se colocó al final de la campaña primaveral, después de Lieja.

Hecho poco significativo a priori pero ese año la Decana vivió un bochorno con rotondas sin señalizar, coches mal aparcados, múltiples caídas y montoneras que propiciaron que en Gante viésemos con vendajes a la mayoría de integrantes del pelotón.

Una carrera muy entretenida en la que Kelly derrotó al sprint a Gianni Bugno.

Una de las contadísimas clásicas con resolución en grupo reducido que el italiano palmó.

Los 90 se abrieron con el mentado triunfo de Abdou en el 91 -bandazo marca de la casa incluido- y al año siguiente subió la puja agarrando del sillín a Cipollini con lo que fue descalificado.

Cipo logró así su primer entorchado, no tardaría en revalidarlo ya que en el 93 -el único año que formó sociedad con Museeuw- se impuso con facilidad al sprint, como el 95% de las veces que arrancó con la pole.

La edición del 94 fue delicatessen

Museeuw y Ballerini llegaron picadísimos de Flandes y se liaron a guantazo limpio en los dos pasos por el Kemmelberg.

Finalmente Franco se jugó la carrera al sprint con Wilfried Peeters y el italiano volvió a perder una clásica en la Photo Finish. En el recorrido afrontaron la subida a Schomminkelberg, una especie de Kwaremont asfaltado.

En 1998 el “elegido” por Mapei era Nico Mattan, se quedó junto a su compi Vandenbroucke para jugarse la carrera contra Michaelsen.

Pero el danés cerró los cortes de Nico y ante la primera réplica de Franky nada pudo hacer y VDB se anotó el triunfo.

Al final en estas carreras el factor lotería está siempre presente, el bueno de Frank vivió la otra cara de la moneda en De Ronde 99.

Un Mattan que tendría su recompensa en 2005 en lo que fue un bochorno absoluto por los rebufos de vehículos que pudo aprovechar el belga en el kilómetro final, privando así a nuestro Flecha de una más que merecida victoria.

2001 nos dejó la victoria del mejor Hincapie clasicómano de siempre

George a los cuatro días perdería Roubaix por infortunio y la tremenda superioridad numérica de Domo.

Un año más tarde tenemos otra prestación hit de otro corredor, en este caso Cipollini.

Mario superó un filtro grande del Kemmelberg y logró conectar en solitario con un corte de cuatro formado kms más tarde para batirlos al sprint. Un Cipo que no dejaría de ser noticia porque en 2003 en su afán por enganchar -tras ceder 10 segundos en el Kemmelberg- se fue al suelo.

Desesperado y con el hueco in crescendo se puso a rebufar, el jurado le dio un toque y acabó lanzándole un bidón al motorista.

Edición que fue un verdadero hype de Boonen con un sprint lamentable -caída post meta incluida-.

No pudiendo materializar la superioridad de Quick y la gran labor de desgaste de Knaven.

Ese año Andreas Klier se llevó el gato al agua, encuadrado en un Telekom en el que había más clasicómanos top -sobre todo el infravalorado Wesemann- al margen del acaparador Zabel.

Un pletórico Freire en 2007 pagó el peaje de la inferioridad numérica ante Telekom y “sólo” pudo ser tercero.

Pero en la temporada siguiente logró la victoria, convirtiéndose así en el primer corredor español en levantar los brazos en esta carrera.

Pero el que de verdad pagó peaje en 2007 fue Jimmy Casper con una caída -aterrizando literalmente con la cara- que provocó que la bajada por la vertiente adoquinada fuese sustituida por la asfalda.

2011 nos dejó la victoria “maquilladora” de un Boonen en annus horribilis -se llegó al sprint de chiripa y Tom no dio palo al agua escudado en el corte de Chavanel-.

Situación opuesta a la de 2012 ya que Tommeke se llevó de una tacada Flandes, Roubaix, E3 y Gante, dejándose por el camino únicamente su gafe Het Nieuwsblad, única clásica de adoquines que no tiene en su palmarés y por la que su equipo firmó un ridículo espantoso en lo táctico en 2015.

2016 fue una edición super estresante: abanicos de salida, cada vez más selección y un Kemmelberg final a cuchillo

Sagan y Cancellara además de buscar el vagón ganador (ellos dos, Vanmarcke y un Kuznetsov que se había anticipado) se picaron por ser el primer arriba.

Triunfo moral para Peter en la cima y a su vez se impuso en el sprint final.

De este modo pudo estrenar su casillero de victorias con su primer arcoíris.

Por desgracia en esta edición se produjo la muerte de Demoitié al ser arrollado por una moto de la organización.

En 2017 se decide meter tramos de tierra, afortunadamente no varía la esencia de la carrera -seleccionan pero los sprinters siguen teniendo opciones- y aquí el ganador fue Van Avermaet (año sideral el suyo) aprovechándose de un Sagan que absurdamente le aplicó teoría de juegos a Terpstra: no me importa quedarme sin victoria si me aseguro que tú no ganes.

Unos Sagan que fueron noticia por partida doble ya que Juraj realizó un carrerón, no sólo por su puestazo final sino porque realmente fue de los 30-40 más fuertes.

De esta manera se desprendió de su etiqueta de corredor hermanísimo mascota.

Sagan -Peter- en 2018 dejó llorando a Viviani en lo que calificó como victoria más fácil de su triplete y el año pasado tuvimos edición raruna con un abanico previo al Kemmelberg que -contra todo pronóstico- no prosperó. Van Aert nos regaló un KOM sideral en el Kemmel y Kristoff volvió a su fase comeniños en los sprints clasicómanos obteniendo así un nuevo triunfo en clásica belga.

Este año sólo el noruego y Degenkolb pueden repetir victoria debido a las ausencias del resto ganadores en activo. Por las restricciones el recorrido se ha modificado ligeramente, destaca el paso extra por el Kemmelberg, pero la esencia de la carrera no debe alterarse.

Por Miguel González

El impecable maillot tricolor de Arnaud Démare

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Sólo puedes querer el maillot tricolor de Arnaud Démare

Sobre los maillots de campeón nacional en el Groupama en este artículo son muy nítidos:

«If you become a national champion then look like a national champion» – «Si eres campeón nacional, debes parecerlo»

Nada más lejos de la realidad.

Ayer, jueves, cuando Arnaud Démare ganó su segunda etapa en el Giro, en Brindisi añadió una tercera, pero esta vez con la ciclamino, preguntamos por el maillot tricolor del francés limpio, ni marca ni nada.

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Se comentó que la Federación Francesa obliga, cosa que no nos acababa de encajar, por que dudamos mucho de la fuerza que un ente nacional pueda tener sobre un bloque World Tour.

Pero no, la francesa nada tiene que ver, es un tema de Marc Madiot, el folclórico máganer del Groupama-FDJ, que quiere precisamente eso que decíamos, que un campeón nacional proclamado lo parezca también.

 

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Así es, una decisión que no es muy compartida, cada vez más minoritaria, y que el maillot de Arnaud Démare deja plasmado en las llegadas que gana del Giro de Italia, una tricolor que es más francesa que la propia prenda azul oscuro de la selección.

La decisión de Marc Madiot además no sólo se ciñe a Démare, se extiende a otros, y hasta ahora no nos hemos dado cuenta.

Por ejemplo el buzo «full red» de Stefan Küng donde la estrella suiza ocupa su enorme pecho, con protagonismo limitado para Groupama.

Exactamente igual que el canadiense Antoine Duchesne o el otro tricolor que llevó Anthony Roux, uno de los pocos corredores capaz de romper un sprint en los últimos años.

A ver, esto es como todo, a Marc Madiot le podemos tener el cariño justo por muchas cosas, por ser tan amanerado, por gritón, por decir cosas que muchas veces no compartimos… pero aquí creemos que le asiste toda la razón.

Los maillots de campeón nacional son un premio que hay que explotar, como el arcoíris, en definitiva es una distinción que tu ciclista lleva doce meses y que lo pone en el ojo del espectador, que lo distingue mejor.

Ver un equipo en bloque tirar con dos maillots diferentes, o una crono por equipos con buzos distintivos, como a  veces hemos visto al Team Sky con dos o tres campeones de contrarreloj, es una bendición, un premio que de aprovecharlo se puede volver a tu favor.

Recordamos a Eusebio Unzue quejarse de lo complicado que era encajar la bandera española en el azul del Movistar y en el Groupama le quitan toda publicidad al maillot de Arnaud Démare, logrando que la gente pregunte, intrigada, por él, por qué lo lleva, logrando el efecto que quizá se persiga desde un inicio, pero que casa perfectamente con un sentido de estética y reconocimiento que merece la pena poner el valor.

Y tiene mérito, es convencer al mecenas que desaparezca del maillot y ojo que por ejemplo la FDJ, la lotería francesa, no lleva pocos años en este tren.

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Egan Bernal: Las lecciones del 2020

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La temporada 2020 de Egan Bernal muestra que no todo el monte es orégano para los más jóvenes

Con la zozobra del coronavirus sobrevolando lo que queda de esta temporada, la Roubaix acaba de caerse, la Vuelta a España parece el reducto final ante la segunda ola de esta maldita pandemia mientras los equipos van anunciando sus posibles alineaciones, entre los que no estará Egan Bernal.

El colombiano da por zanjada la temporada de su defensa del Tour, una defensa que le duró dos semanas antes de poner pie a tierra.

Dicen que se dedicará a solventar sus problemas de espalda, el gran handicap que desde un primer momento puso Egan Bernal sobre la mesa, desde el mismo Dauphiné hasta el meollo del Tour,

El año que cuaja Egan Bernal se resume en un par de triunfos, en una Route d´Occitaine muy descafeinada en cuanto a competencia, y una segunda plaza en el Tour de l´ Ain, donde Primoz Roglic le propinó un entremés de lo que sería el Tour de Francia unas semanas después.

El año para Bernal ha sido malo, para su equipo peor

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Sea como fuere, queríamos compartir unas sensaciones desde el minuto uno que Bernal puso pie a tierra en el Tour y que por lo denso de la actualidad, no nos ha resultado posible.

Por que el 2020 de Egan Bernal es una excelente lección para quienes ya adjudicaban dominio eterno y total a todos aquellos jovenzuelos que si bien han llegado para quedarse, esto no tiene por que ser un camino de rosas.

Primeramente valoramos la naturalidad y humildad con la que Egan Bernal aceptó su abandono en el Tour 2020.

Sabemos que el colombiano ha sido acusado de cierta soberbia tras ganar la mejor carrera el año pasado, de sus reacciones con la gente o cómo le ha cambiado el carácter, poco sabemos, sin embargo sí que vale lo que hemos visto de sus redes y sus declaraciones, quitando hierro a la situación, nada de tragedias, que abandones el Tour no es el fin del mundo, en todo caso una putada por el gran trabajo que implica competirlo, pero sin más.

Una naturalidad que da la medida de que estos chavales serán muy jóvenes, pero la cabeza la tienen bien amueblada y en todo caso no hay sitio para las estridencias.

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Y es que, como dicen los sabios, lo difícil no es llegar y sí mantenerse, una suerte de equilibrio en lo alto, allá arriba que necesita de muchas cosas, y no sólo talento, algo que en el colombiano viene de serie, por muchos que digan que su victoria en el Tour 2019 fue un regalo, ya sabéis por eso de la suspensión en la cima del Iseran.

Si ganar un Tour es complicado, imaginaros repetir.

Una última lección, y esto entronca con lo que hemos dicho más veces sobre la pléyade de jóvenes que ha tomado el mando del ciclismo.

Esto es una carrera de fondo, no un sprint, llegar y ganar con 20 años no implica que lo vayas a hacer de forma sistemática en el futuro, hay muchas cosas que influyen, carreras y recorridos que cambian, rivales que entran y salen y la motivación, que no siempre es la misma.

Muchos ganaron el Tour muy jóvenes y al final del camino no dominaron como se pudo pensar de un inicio.

Esto es muy largo y eso, por mucho que te lo expliquen, no lo experimentas hasta que pasen los años.

Para Egan Bernal el 2020 es historia, quizá no la mejor en lo deportivo, pero supongo que muy valiosa en lo personal, ahora a aplicar lo aprendido, que no es poco… el año que viene más.

Y no lo olvidéis, sigue siendo un corredorazo.

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Gobik Cold Series: Disfrutar de la ropa de bici casi como si fuera ropa de calle

Gobik Cold Series

Las Cold Series 20-21 llegan en el décimo aniversario de Gobik

Gobik presenta este viernes 9 de octubre las primeras prendas de su colección de invierno “Cold Series 2020-2021”, con una planificación mixta que busca “mantener el interés de los aficionados” en la que habrá una colección inicial más ediciones especiales y limitadas que se irán incorporando al estilo de las realizadas para Aurum Bikes con Contador y Basso y Héroes con Cruz Roja Española, ediciones que apenas duraron unas horas.

Y es que Cold Series de 2020-2021 se sitúa en una fecha muy singular para Gobik: “ahora somos algo más viejos y sabios, o eso al menos queremos creer (risas). Esperamos haber aprendido por el camino y que esta sea la mejor colección de invierno de nuestra historia” comenta Alberto García, CEO y cofundador de Gobik.

Una década de historia en la que la marca se ha hecho habitual entre muchos ciclistas tanto en España como al otro lado de los Pirineos, una década en la que sin duda la exigencia del usuario no ha sido poca: “No pasamos por alto ninguna opinión de las que nos llegan, no sólo de los equipos profesionales o embajadores, sino de la multitud de aficionados, clubes o seguidores que nos escribe por redes – anticipa Alberto Ayala, responsable de marketing de la marca-.

La colección para celebrar 10 años de historia

La colección sale a la luz manteniendo “una dualidad cromática que incluye una línea sobria, equilibrada, atemporal que encuentra el contrapunto perfecto en otra más luminosa, bañada por los colores más propios del Mediterráneo” prosigue Alberto García.

Colores que se combinan esos “diez años de marca en los que sus grafismos conmemorativos encuentran su sitio en las prendas, convirtiéndose en piezas irrepetibles para aquellos que se identifiquen con nuestras raíces y el sentimiento inconformista de Gobik”.

Pero no sólo eso: “A su vez, incluimos también una línea horizontal en maillots y chaquetas. Lo concebimos como un horizonte que se dibujaba acercando dos realidades, como una línea que une hemisferios, dada nuestra ambición global. También era la representación de un presente que se nos escapa ¡ya 10 años! según avanzamos hacia nuestras metas y responsabilidades como marca” afirma Alberto Ayala.

En materiales, Alberto García apunta que “hemos alterado ingredientes siempre para mejorar la disipación de del aire, aerodinámica, ajuste, elasticidad y, por supuesto, comodidad y estética. Con nuestros análisis de angulaciones corporales, intensidades, movimientos y desplazamientos, hemos conseguido evolucionar y entregar prendas con patrones y comportamiento aún más ajustados a las necesidades de cada perfil de usuario”.

Todo para cumplir uno de los lemas de Gobik, que, tras diez años en el mercado, sigue creyendo que “se puede disfrutar de la ropa de bici casi como si fuera ropa de calle”.

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Giro: Arnaud Démare pinta a registros inéditos

Arnaud Demare Giro

Este Démare apunta a un buen puñado de etapas ganadas en el Giro

Sobre Arnaud Démare, dos etapas ganadas en el Giro, decíamos justo antes del Tour…

Arnaud Démare, no es la primera vez que lo decimos, es uno de los ciclistas más valiosos del pelotón.

Sin una punta de velocidad que rivalice con los más grandes, Greipel y Kittel hace tres años, Ewan y Bennet, ahora, pero muy veloz y sin la contundencia de los grandes clasicómanos, pero siempre en las quinielas, con una San Remo bajo el brazo, Arnaud Démare ha granjeado un pequeño pero lujoso palmarés que incorpora un trío de Campeonatos de Francia.

El campeón de Francia sin publicidad en su tricolor, muy curioso, como decimos, ya ha doblado en el Giro y apunta a registros inéditos en una grande, siendo un sprinter y en los tiempos corrientes, con llegadas masivas cada vez más recortadas, en número, y una igualdad entre velocistas que hace del sprint casi un lujo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Arnaud Démare es el pichichi de la campaña, por delante incluso de los eslovenos y Remco Evenepoel, sin embargo, se le achacaba que todos sus triunfos han sido fuera del gran circuito el World Tour, en carreras como Valonia o el mismo campeonato francés.

Ahora entra en el máximo nivel por la puerta del Giro amasando un palmarés que ojo rivaliza con el que consiguió su rival por antonomasia hace unos años, Nacer Bouhanni, cuando ganó tres etapas en el Italia.

Sea como fuere, si una cosa tiene el francés de Beauvais, bellísima catedral gótica por allí, es que sabe elegir bien donde poner sus moneditas, sin caer en el tópico que podría merodear cualquier estrella francesa, pensando que lo suyo empieza y acaba en el Tour.

Precisamente en Francia sabía que con Thibaut Pinot en el equipo, más una cantidad limitada de llegadas al sprint y la presencia de cocos como Ewan o Bennet, las cosas iban a estar más crudas.

Selle Italia
Castelli GIRO
Cruz 400×400

 

Por eso ha elegido el Giro, como otras carreras hacia el mismo para seguir engrosando un palmarés que no es grande en cantidad, pero sí abulta en calidad.

Arnaud Démare junta con esmero las perlas que le definen como uno delos corredores más valiosos del pelotón, capaz de ganar en llegadas masivas, pero pasar puertecillos, ahí donde Gaviria no encuentra el punto, y aspirar, como lo ha hecho alguna vez, a disputar una Roubaix.

Y es que en la apuesta por el Giro que tan bien les está saliendo a Démare, Roubaix es una de las damnificadas en el calendario del francés que si todo sigue así, mucho me temo que tire con más etapas e incluso el ciclamino que parecía llevar el nombre de Peter Sagan en la solapa.

Ojo, que a estas alturas de Giro hayan dos corredores, Ganna & Démare, con dos etapas cada uno, habla con nitidez de una cosa: que en este Giro las victorias pueden quedar en manos de unos pocos.

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